Sírvase Vd. mismo

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jueves, julio 02, 2009


Un beso a China



Hace tres años, concretamente el 14 de junio de 2006, llegó a las oficinas del Centro Chino de Adopciones una solicitud a nombre de unos buenos amigos nuestros.

Para entonces quedaban atrás meses de trámites, de entrevistas, de cursos, de charlas... toda una batería de pruebas que tenían como fin determinar si eran o no idóneos para adoptar. Y por supuesto que lo eran, quienes los conocemos no teníamos la más mínima duda.

En estos tres años, ha cambiado mucho el tema de la adopción en China. Recuerdo que cuando empezaron, la espera para poder conocer a su hij@ y viajar a por él o ella rondaba los nueve meses. Luego la cosa se fue alargando.
"Para el año que viene" decían ellos cuando les preguntábamos, pero pasaban los meses y el momento de verse asignados parecía cada vez más lejano.
Poco a poco, los demás amigos fuimos teniendo nuestros propios hijos. Poco a poco, la pregunta de cuando viajarían ellos a China comenzó a resultar una pregunta incómoda, y las contadas veces que la hacíamos, la respuesta era: "Cuando Dios quiera".
El camino de la adopción es realmente duro. Hoy por hoy, después de tres años de espera, ni siquiera saben a ciencia cierta si podrán viajar a China este año o será -esta vez sí- el año que viene. Yo espero que sea lo antes posible, porque estoy convencida de que serán unos padres estupendos.
Pero la espera, que a veces puede llegar a ser angutiosa, no lo dudo, tiene un sentido muy poderoso. Su hij@ será el que el destino les tenga asignado: él o ella, y no otro. Por eso merece la pena esperar lo que haga falta.
Los padres adoptantes en China suelen utilizar una metáfora preciosa para ilustrarlo, que es la leyenda del Hilo Rojo:

Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.

Hoy quiero enviar un abrazo de ánimo a todos los padres -porque ya lo son, de eso no cabe la menor duda- que tiran de ese hilo a pesar de todos los obstáculos. Y un beso a China para todos los niños que esperan al otro lado del hilo.

miércoles, julio 01, 2009

CÓMO SE PASA EL TIEMPO...





Estrenamos mes, y como quien no quiere la cosa nos hemos merendado la mitad del 2009. Parece que fue ayer cuando brindábamos por el nuevo año, con una buena dosis de esperanza y también, por qué no decirlo, con nuestro poquillo de congoja en el cuerpo, por lo malo que nos lo pintaban...

De hecho, si hacemos un ejercicio de memoria... ¿Nos os parece increible que hayan pasado diez años ya desde 1999? Hace diez años estábamos todos preocupados (bueno, todos no, que los excépticos como yo no nos preocupamos casi nunca) por el presunto apagón informático de los "dos ceros"... Apagón que luego quedó en nada, vale. Pero con la excusa bien que nos vendieron la moto para que cambiásemos ya no sólo los ordenadores, sino hasta la batidora, no fuera que con "el efecto dos mil" se nos fuera a cortar la mayonesa de por vida, o vaya usted a saber el qué... Que sí, que se han pasado ya diez añazos ¿quién lo diría verdad?

Diez años en los que han ocurrido cosas horribles, sí. Ahora mismo me vienen a la cabeza imágenes como la de
aquellos dos aviones impactando contra las Torres Gemelas en el World Trade Center (septiembre de 2001), los bombardeos de las guerras de Afganistan e Irak, el amasijo de hierros en que se convirtió aquel tren de Atocha el día once de marzo de 2004...

Diez años que han dado para mucho, y ahora que estamos terminando esta década, aplastados por una crisis asfixiante, que no nos deja demasiada tregua para el optimismo, uno puede dejarse llevar por la impresión de que en general hayan sido diez años malos.

Pero no, que si nos empeñamos en deprimirnos, a final lo conseguimos... y no es plan. Porque en estos últimos diez años, sin duda también han ocurrido muchas cosas maravillosas... Cierto es, que muchas de ellas no las vamos a ver en lo periódicos, ni en los telediarios, pero eso no significa que para nosotros no sean importantes.





De hecho, es tanta la incidencia que los medios de comunicación hacen sobre lo negativo, que a veces podemos tener la sensación de que nunca ocurren buenas noticias. Pero las hay, y no está de más hacer un pequeño esfuerzo por encontrarlas.

Por ejemplo, en esta década -concretamente en abril de 2003- se presentó al mundo el
genoma humano al completo, culminando así un proyecto muy ambicioso que sin duda tiene, y seguirá teniendo, una relevancia espectacular en nuestra calidad de vida.

En cuanto a lo personal, esta década me ha traido el mayor motivo alegría que he tenido en toda mi vida, que ha sido nada y más y nada menos que el nacimiento de mi hija Irene. Y a ella le han acompañado unos cuantos primos y amigos, algunos cercanos y otros virtuales, que también han tenido a bien nacer en este preciso momento, a pesar de la que está cayendo.

Pero seguro que entre todos podemos recordar muchas otras buenas noticias de estos últimos diez años. Pequeños detalles tal vez, esas "pequeñas grandes cosas" que nos han hecho sonreir, o reir a carcajadas directamente. ¿Por qué no intentamos buscarlas entre todos para que nos alegren un poquillo esta segunda mitad del año?

Seguro que no es tan difícil.


martes, junio 16, 2009


Euforia








No soy tanto lo que soy, como lo que intento ser. Esta es la frase que elegí para mi perfil, y no es una frase casual. Encierra toda una filosofía de vida, yo diría incluso que algo más. Es el secreto para no morir de hastío.


Un día, con más tiempo hablaré de lo importantes que son los objetivos en nuestras vidas, saber hacia adónde quieres dirigirte para encarar el rumbo y comenzar a caminar. Un día, con más tiempo, hablaré de Maslow y su pirámide, de cómo vamos modificando nuestras metas conforme logramos alcanzar los escalones, y de lo importante que son los pequeños triunfos para poder seguir luchando.



Hoy, tan sólo me quiero centrar en la sensación que se apodera de ti cuando consigues uno de esos objetivos. Sobre todo si has luchado durante años por conseguirlo, si ha sido el fruto del trabajo y del esfuerzo. Hoy quiero hablar de la euforia, la satisfacción personal, una sensación que uno debe saborear durante unos días, hasta que vuelve a ajustar sus objetivos de nuevo.



Por eso, si durante unos días notais que estoy como ausente de todo, o si me veis vagar con una sonrisa un poco estúpida en los labios, no me lo tengais demasiado en cuenta... Es la euforia.



Eso, y los noventa kilómetros que ya no tengo que hacer a diario para ir y volver del trabajo. Que quieras que no, a lo tonto, me he encontrado con casi dos horas más al día para poder disfrutar de la vida.

domingo, junio 07, 2009

Recojo el testigo...

En los últimos días, tanto Redcam como Toñi, dos de mis bloguer´s favoritos han dejado en el aire un meme literario para que lo recoja quien quiera.

Bien, pues ahí van mis libros:

1. Un libro que nunca terminaré: Dejemos hablar al viento, de Juan Carlos Onetti. Lo siento, pero cien páginas es el máximo que le concedo a una novela para intentar engancharme.

2. Un libro que me decepcionó: El péndulo de Foucault, de Umberto Eco. Me decepcionó por partida doble: En primer lugar, porque viniendo de manos del maestro Eco, esperaba algo más que un libro lleno de páginas. Y en segundo lugar, porque me lo prestó un amigo, y sinceramente aún no sé si me estaba poniendo a prueba...

3. Un best seller que no tengo el más mínimo interés de leer: Cualquiera de Dan Brown. Ya caí en la trampa con El Código Da Vinci, pero una y no más.

4. Un libro que me gustaría volver a leer: El diario de Anne Frank. Lo leí hace bastantes años, cuando era adolescente, y siempre he tenido la sensación de que si lo volviera a leer, descubriría un libro absolutamente diferente al que leí la primera vez.

5. Un libro pendiente que seguro que leeré algún día: La Flor de Jaramago, de Aurelio Pretel Marín. Comencé a leerlo el año pasado, pero es un libro al hay que invertirle tiempo (por número de páginas y por contenido), así que el préstamo de la biblioteca se me caducó y lo tuve que devolver. Desde entonces lo tengo entre los pendientes.

6. Un libro que me gusta leer siempre: Lorca, Miguel Hernández, en general cualquier libro de poemas de la generación del 27

7. Un libro que me gustaría que me regalaran: Evidentemente, La Flor de Jaramago, para poder disfrutarlo a gusto.

8. Un libro que recomendaría: Depende a quien... aunque con 12 Miradas, por supuesto, sé que no me equivoco.

9. Un libro que me sorprendió: Muchos (soy fácil de sorprender). La Sonrisa Etrusca (José Luis SamPedro), De parte de la princesa muerta (Kenize Mourad)

miércoles, junio 03, 2009



12 MIRADAS ESTÁ EN MOJÁCAR


Este lunes, a la hora de la siesta, otro ejemplar de nuestro libro, “12 Miradas”, inició un nuevo viaje en libertad. Se quedó en Mojácar (Almería) esperando en el hall del hotel Marina Playa. Al afortunado que lo encuentre, le pido dos favores personales:
El primero, que lo lea, que lo disfrute el tiempo que crea preciso, y luego lo deje seguir su camino.

El segundo favor, que nos lo cuente. Bien a través de la página de bookcrossing, bien en la página del club de Escritura la Biblioteca, o aquí mismo, si llegase a este blog por casualidad. Me haría muy feliz saber que ha llegado a buenas manos, me haría ilusión saber de él.
Y es que, en el momento en que arrancábamos el coche, y supe que aquel libro se quedaba en el hotel, a su suerte, sentí como si una parte de mí también se hubiese quedado sobre aquella mesa. Fue una sensación extraña. Una sensación bien curiosa, saber que en estos momentos, alguien tocado por el azar, puede haber cruzado su camino con el mío de esta manera tan peculiar.
Espero que este haya sido el comienzo de una aventura interesante. Feliz viaje.

domingo, mayo 24, 2009

UNA DE HAIKUS



Con el permiso de Toñi, voy a atreverme con el arte japonés de los haikus (ya te advertí que acabaría enganchándome)
Pido disculpas a los maestros del haiku por la osadía, y os animo a que hagais las críticas oportunas. Estoy aprendiendo.



Tarde de mayo,


el cielo se hace plata


y huele a lluvia.

domingo, mayo 17, 2009




EL DESLIZ
(Ejercicio de Fan-Fiction)

Tenía en la mirada la fuerza de una diva. La más deseada por los hombres, la más envidiada por las mujeres. Así era Scarlett. Poderosa, inquebrantable, caprichosa y voluble, pero sobre todo inaccesible, y tal vez por eso mucho más deseable.
La conocí hace muchos años. Ella era casi una niña, y yo un muchacho fuerte y todavía muy ciego, con demasiada ignorancia sobre las espaldas y una cabeza un poco grillada, sin lugar a dudas. De otra manera no se entendería que llegase a comportarme como lo hice, con tantísima inconsciencia. Que me saltase todas las normas habidas y por haber, y me animase a cruzar la línea de una manera tan peligrosa.
Bendita adolescencia que nos empuja al abismo. Bendita locura, porque gracias a ella, hoy puedo presumir de mi pequeño instante de gloria. Sí, durante unos intensísimos segundos, el mundo se detuvo y se hizo perfecto. Durante unos escasísimos segundos, se disiparon las diferencias de clase, y no hubo colores de piel, ni amos, ni esclavos. Durante un brevísimo lapso de tiempo, esos labios finos y sonrosados fueron míos. Absolutamente míos, el día en que ambos perdimos la cordura.
Qué historia para no poder ser jamás contada. Qué secreto tan plomizo me acompaña cada noche, mientras busco el sueño, desde aquel día. ¿Pensará ella como yo en ese beso? ¿Recordará aquella tarde lluviosa, como tantas veces yo la he recordado? La ropa pegada al cuerpo, empapados los dos, en mitad de la oscuridad.
Ella se había empeñado en pasear con su yegua, a pesar de las nubes tan oscuras que cubrían el cielo. Cuando se desató la tormenta, ella se encontraba demasiado lejos de su casa y corrió a refugiarse en los establos de mis señores.
En ningún momento pensó que allí pudiera encontrar a nadie, por eso se sobresaltó cuando descubrió mis ojos entre la penumbra. Ella era muy joven todavía, pero sus pechos ya se intuían, muy suaves, debajo del vestido verde. Yo la reconocí al instante: Scarlett, la deseada por todos. Porque ella siempre fue el anhelo de los hombres, mucho antes de que ella misma llegase a darse cuenta de ello.
Y yo era uno de esos muchachos que la deseaban, a pesar de todo. Inconsciente de mis limitaciones, soñador, como siempre me recriminó mi pobre padre, yo era uno de tantos que soñaba con acariciar aquellos pechos, con desenredarle ese mechón de pelo rojizo que le caía sobre la frente.

Recuerdo un silencio tenso, mis manos atrevidas que se colocaron sobre su cintura, mientras ella me sostenía la mirada desafiante. Y después el beso, sus labios delgados entre los míos, su manos tan suave y tan blanca, trenzando la mía, tan negra y tan áspera.
Fue una locura. Lo sabía en ese mismo instante como lo sé ahora. Aquel atrevimiento podría haberme costado muy caro si ella hubiese hablado. Si ella, la niña caprichosa, hubiese contado a su padre mis atrevimiento, no sé qué habría sido de mí. Por eso, los días posteriores, el miedo me agarrotaba los músculos. Perdía el apetito, las ganas de hablar, e incluso el sueño, ya que en mi cabeza lo único que tenía cabida eran aquellas manos, el vestido verde pegado al cuerpo, los labios finos de Scarlett.
Llegué a caer enfermo, con una fiebre muy alta que mi santa madre intentaba bajar con paños de agua fría. En mi delirio sólo alcanzaba a pronunciar su nombre, pero mi boca estaba tan pastosa, que nadie comprendía mis palabras.
Desde aquel día, intenté por todos los medios que estaban a mi alcance alejarme de los O´hara. Todo lo que un negro lo puede intentar, porque evidentemente, si mis señores me ordenaban acercarme a Tara por algún motivo, no me podía negar a obedecerles. Pero sí que podía pedirle a Dios con vehemencia que librase de tropezarme con Scarlett, ya que tan sólo la idea de volver a encontrarme frente a frente con esos ojos de caramelo, hacía que me subiese otra vez la fiebre.
Y así conseguí esquivarla durante muchos años. Sabía de sus andanzas por las conversaciones ajenas. Scarlett se había convertido en una mujer calculadora, ambiciosa, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se proponía.
Pero como el destino es caprichos, y no gusta de dejar las historias deshilvanadas, al fin llegó el día en que nos volvimos a encontrar.
Fue en la ciudad. Yo sacaba brillo al coche de mi señor cuando la vi pasar del brazo de su segundo marido. El corazón me dio un vuelco, peor creo que para ella el encuentro fue incluso más embarazoso. Scarlett, la inquebrantable, la mujer que nunca se venía abajo por nada, torció el gesto y fingió no haberme visto, mientras apretaba con fuerza el brazo de su orgulloso marido.
La seguí con la mirada, mientras se alejaban, hechizado por ese halo que siempre la ha envuelto. Entonces ella giró la cabeza. Fue un segundo, apenas imperceptible, casi como un gesto para colocarse el cabello, pero lo suficiente como para que yo entendiera todo.

Mi secreto era también su secreto. Scarlett no podía permitir que nadie supiera, que en algún momento de su vida, había tenido un instante de debilidad. Scarlett, la mujer caprichosa, que manejaba a los hombres a su antojo, tuvo un desliz en una tarde lluviosa. Fue tan sólo un beso, apenas un segundo de fragilidad, un momento breve. Y sin embargo ─ahora lo sabía─ lo suficientemente intenso como para haberle robado el sueño alguna que otra noche.
Yo tuve a Scarlett durante un seguro, y eso es mucho más de lo que nunca conseguirán muchos de esos blancos adinerados.

Pero ¿hay alguien que lea todo esto?