viernes, diciembre 19, 2008

¡Salud!

¡Salud!

Se le iluminaron los ojos. Después de prohibirle el café, el tabaco y sus alimentos preferidos, cuando el médico le recomendó una copa de vino en las comidas, se le iluminaron los ojos.

Ese mismo día al llegar a casa, desempolvó un rincón en el trastero y comenzó a hacerse su propia bodega. Además cada día, cuando pone la mesa, sobre un pedazo de cartulina de color azul, escribe con un rotulador rojo el menú del día. El de hoy es el siguiente:



















domingo, diciembre 14, 2008

Impulsos

Impulsos

En un primer momento se sintió abrumada por aquel denso silencio que se había instalado entre ambos, pero al mismo tiempo era como si ninguno de los dos se atreviese a quebrarlo. Fue un instante místico. Sus ojos se absorbieron mutuamente, hasta que de repente, dejó de existir el resto del universo; no había nada más que esos otros ojos, como si todo, el tiempo y espacio, se hubiesen concentrado en las pupilas y el iris que tenían enfrente.
Sintió su aliento sobre sus labios: húmedo y cálido. Y entonces fue consciente de lo cerca que se encontraban el uno del otro. Todavía no habían llegado a rozarse, pero ya podía intuir sus caricias, lentas, delicadas, deslizándose minuciosamente a lo largo de su excitada piel. Optó por ladear la cabeza, para permitir que el beso que pensaba estrellar contra sus labios, encontrara en el cuello la pendiente por la que deslizarse al resto del cuerpo. Fue un beso frágil, tan débil y tímido que le hizo desear un segundo, y un tercero. Cerró los ojos y se dejó llevar por aquella corriente de agua en la que se había convertido su cuerpo. Se detuvo a escuchar el débil susurro de sus ropas al rozarse, y adivinó de esta forma el lugar de cada caricia, un instante antes de que se produjera: el hombro, el seno, la cintura…
Buscó los botones de la camisa del muchacho y, desabrochando un par de ellos, hundió su rostro en aquel torso cálido. El se estremeció con el contacto, y ella se detuvo a concentrarse en el olor suave de esa piel.
El autobús se detuvo de súbito. Ninguno de los dos era consciente del tiempo que podía haber transcurrido, ni del lugar en el que se encontraban, sin embargo se sintieron a un tiempo sacudidos por la realidad. Ella volvió a mirarle a los ojos y reconoció en esas pupilas, al compañero de viaje con el que había compartido aquel trayecto tarde tras tarde. Se sintió confusa, y adivinó por su gesto que a él le había pasado algo parecido.
Entonces, impulsada por alguna extraña fuerza que no supo identificar, se abalanzó hacia sus labios y le besó con el ímpetu de quien no sabe qué será lo siguiente que va a suceder. Un segundo más tarde corría por la calle sin atreverse siquiera a girar la cabeza. En su lengua latía el sabor a vino afrutado de ese impetuoso beso.
Han pasado varios años, y después de aquel día no ha tenido el valor de volver a coger ese autobús. Sin embargo, todavía conserva en su memoria el aroma de aquel torso y el sabor de esos labios que descubrió una tarde al volver del trabajo.

sábado, diciembre 06, 2008

Perra vieja

PERRA VIEJA





Nunca quise a nadie como te he querido a ti. Te di mi tiempo, mi compañía, el calor de mi cuerpo en las tardes de invierno. Me doblegué a tus caprichos, obedecí tus órdenes, respeté tu espacio y esperé mi turno de caricias con paciencia. Nunca te pedí demasiado. Me bastaba con verte sonreír, con algún mimo ocasional. Me contentaba con saber que estabas a mi lado, con alguna tarde de juegos, con caminar a tu lado.
Pero entonces llegó ella y supe que te perdía. Era tan perfecta… La primera vez que la vi entre tus brazos pensé que iba a volverme loca. Nunca había sentido nada igual, esa punzada en el estómago, esa niebla temblorosa en los ojos. Y lo peor de todo es que tú ni siquiera te dabas cuenta de lo que me ocurría. Igual que nunca alcanzaste a imaginar cuánto te quería, ahora eras incapaz de entender cuánto podía llegar a odiarte.
Porque ella no tenía la culpa, ella era tan solo un cachorro: tu cachorro. Y era tan frágil, tan inocente, que hasta una perra vieja y castrada como yo podía sentir la obligación de protegerla.
Pero lo tuyo era distinto. Sí, ya sé que nunca me juraste amor eterno, pero permitiste que soñara con que todo seguiría igual para siempre, y eso vale tanto como una promesa.
Con el paso de los días, tu indiferencia hacia mí se hizo más y más palpable. Poco a poco ella absorbía cada hueco de tu tiempo, y yo me iba quedando cada vez más sola y más abandonada en mi rincón. Llegué a odiar todo lo que te pertenecía. Tu olor inundaba toda la casa, y me asfixiaba, me volvía loca. Un día, ebria de celos y agotada de dolor, me encaramé a una estantería y destrocé tus libros favoritos. Con cada mordisco, con cada zarpazo, descargaba buena parte de esa furia que había ido almacenando durante meses. Pero para mi sorpresa, a medida que desgarraba aquellas hojas, haciéndote daño a ti a través de tus objetos más preciados, la furia se multiplicaba y me hacía desear una venganza cada vez mayor.
Nunca había sido una perra agresiva. Jamás había mordido a nadie, ni siquiera fui un cachorro travieso, y apenas se me oía ladrar. Sin embargo de repente, comencé a espantarte a las visitas, y a desobedecerte. Hasta que vi el miedo en tus ojos, y entonces me di cuenta de cuál era tu talón de Aquiles.
Ella, tan pequeña y tan frágil, una presa demasiado fácil para mis deseos de venganza. Pero ¿realmente me crees capaz de eso? ¿Crees que mi locura llegaría hasta ese extremo? Si hasta una perra vieja y castrada como yo, podría sentir la obligación de protegerla.
Vaya, estoy empezando a pensar que tal vez haya llevado demasiado lejos mis sentimientos. Si pierdo tu confianza ¿qué me queda? Tal vez deba asumir que así serán las cosas a partir de ahora. Seguiré esperando mi turno de caricias, y te ayudaré a cuidar de tu precioso cachorro, hasta que sea lo suficientemente grande como para estirarme del pelo. Cualquier cosa con tal de apartar de tus ojos ese halo de miedo.
Pero ahora explícame una cosa: ¿Por qué vamos hoy al veterinario?

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Me visitan desde