jueves, diciembre 31, 2009

Feliz 2010


Os deseo de corazón todo lo mejor para este nuevo año que comienza. Esta vez, si cabe, con más fuerza, con más fe que en otras ocasiones.
Dejamos atrás un año difícil. Para mí lo ha sido, sobre todo en el aspecto profesional, y no me cabe ninguna duda de que para muchas familias ésta va a ser la Nochevieja de la esperanza.
Que se cumplan todos vuestros deseos, que no falte el trabajo en ninguna casa y que por fin encontremos la manera de convertir esta crisis en una oportunidad de mejora.
Yo hoy no quiero hacer balance. Sólo quiero dejar atrás los malos ratos y pensar que seguramente me han hecho aprender y crecer un poco más.

Un abrazo y feliz año a tod@s

jueves, diciembre 24, 2009

Hablan los pastores (Gloria Fuertes)

Os dejo este poema de Gloria Fuertes porque sí, porque me ha encantado, porque no es el típico poema navideño, porque es visceral, porque suena bien, porque no lo había leído nunca...
Y porque hasta la propia Gloria acabó medio censurándolo para que no se escandalizasen las mentes escandalizables. Y no hay color. Esta versión es muchísimo más chula (yo me la imagino a ella, recitándo con su voz potente. ¿Os pasa a vosotros también?)



Hablan los pastores



(Villancico)


¡Ya está bien!


¡Ya está bien,


que se nos va a helar!


¡Tanto adorar al chaval


y nadie tiene cojones


de darle sus pantalones,


sus sayas


o su morral!


¡Tanta mirra


y tanto incienso,


y él desnudito entre el pienso!


Pienso...


Pienso que nadie le quiere:


su tiritera me hiere


en esta noche tan puta.


¡Muchachos, traed viruta,


que vamos a hacer una hoguera,


antes de que se nos muera


de frío la salvación!
 
 
Un abrazo a todos y Feliz Nochebuena

domingo, diciembre 20, 2009

¡Feliz Navidad a tod@s!

¡Feliz Navidad a tod@s!

No me preguntéis por qué, pero me gustan estas fiestas. Bueno, lo cierto es que me gustan casi todas las fiestas del calendario, así que éstas no son una excepción.

- Me gusta ver las calles iluminadas, y el bullicio de gente, paseando por el centro de la ciudad, buscando regalos.

- Me encanta tener una excusa para acordarme de los demás, porque los despistados como yo, necesitamos ponernos una alarma de vez en cuando, para dar las gracias por nuestra familia, y por todo lo que tenemos alrededor.

- Me gusta escuchar villancicos por las calles, cantar sin que la gente me mire como si estuviese loca, adornar la casa con luces y cintas de colores, colocar el Belén, verlo crecer año a año...

- Me parece muy oportuno salir a comer con mis compañeros del trabajo, y por una vez, olvidarnos de la rutina y mostrar nuestras caras ocultas.

- Me gusta que la gente sonría por la calle, que nos felicitemos la Navidad y el Año Nuevo, porque en el fondo es una excusa más para desearnos algo bueno. Me encanta que fluya la energía positiva por unas semanas al cabo del año. Y que todos nos pongamos de acuerdo en tener buen humor.

- Me apasiona la Cabalgata de los Reyes Magos, ver la cara de ilusión de los más pequeños al abrir los regalos, saber que no han podido pegar ojo en toda la noche, y que aún así su cara refleja la felicidad más completa.

- Y sobre todo, me gustan esos propósitos para el nuevo año, los que nunca cumplimos, pero que son tan importantes porque nos hacen reflexionar sobre nuestras prioridades. Esos propósitos, que nos hacen evolucionar, crecer.


Pues eso, que Feliz Navidad para ti también, incluso si no te gusta la Navidad.

A los que tengáis más de treinta, esto os va a traer buenos recuerdos.


viernes, diciembre 11, 2009

AMINATU HAIDAR, protagonista de un sinsentido del que todos somos corresponsables.

AMINATU HAIDAR, protagonista de un sinsentido del que todos somos corresponsables.

No he querido hablar antes de este tema, porque consideraba que no tenía suficiente información como para formarme una opinión, pero los días pasan, y lo creáis o no, mi angustia también aumenta al contemplar nuestra incapacidad para solucionar este conflicto.
De hecho, ésta ha sido siempre nuestra vergüenza, nuestro pecado por omisión (o por dejadez más bien, diría yo). Durante 34 largos años se puede decir que lo único que hemos hecho en este país con respecto a la causa saharaui es dejar pasar el tiempo, y esperar a ver si el tema se soluciona solo.
No conozco a nadie que me haya podido justificar todavía, por qué el mundo mira hacia otro lado ante las constantes violaciones a los Derechos Humanos por parte de un país (Marruecos), que invadió el Sahara Occidental hace 34 años, y desde entonces tiene al pueblo saharaui acorralado, humillado incluso, sin permitirle ejercer su derecho a la autodeterminación, sin permitir siquiera que se celebre un referéndum con garantías para poder decidir sobre su futuro.
Pero mucho más incomprensible me resulta la actitud de países como España o Francia, jugando a no se sabe bien qué, bailándole el agua al invasor y abandonando a su suerte al pueblo saharaui, que espera y desespera mientras el tiempo se escapa.
Quiero que conste que, en condiciones normales, no apoyaría una huelga de hambre como medida de presión. No me parece ni justo ni sensato jugar con la sensibilidad de las personas para llamar la atención sobre una causa política. Si finalmente el desenlace -Dios, Alá o quien sea no lo quiera- no fuese bueno, las consecuencias pueden llegar a ser tremendas, y dudo mucho que el rey de Marruecos, con toda la rotundidad o terquedad de la que está haciendo gala, esté realmente mentalizado de hasta donde pueden llegar las cosas.
Pero aquí estamos hablando de otra cosa. No es que Aminatu haya elegido este momento, o esta tesitura para reivindicar unos derechos, o para empujar una acción. No, aquí estamos hablando de un abuso de poder, de una persecución política, de represión. Es Marruecos quien, en una alarde de arrogancia, niega a una mujer la entrada a su país, el regreso a su casa, con su gente, y la convierte en una apátrida al secuestrarle el pasaporte y deportarla a Lanzarote.
Estamos hablando incluso de chantaje, si tenemos en cuenta la amenaza del monarca alauita de dejar de colaborar en materia de terrorismo o en el control de la emigración ilegal si se siente excesivamente presionado por España. Sencillamente deplorable la actitud marroquí. Ellos mismos se definen, poco más hay que añadir ante esa declaración de intenciones.
En fin, siento que el post de hoy me haya salido tan reinvindicativo, y tan visceral, pero como he dicho al principio, este es un tema que me angustia, y cada día llego a casa esperando encontrar una buena noticia al respecto, una solución para Aminatu y para todos los saharauis que se esconden detrás de ese rostro. Hoy tampoco, y los días siguen pasando.
Por favor, vamos a dejar de perder el tiempo. Vamos a OCUPARNOS para no tener que PREOCUPARNOS.

viernes, diciembre 04, 2009

Sportacus



Os presento a mi nuevo héroe de las sobremesas. Este guapísimo islandés, fuerte y atlético, que destila salud por todos los poros de su piel, y que además es atento y servicial y siempre dispuesto a ayudar. Una joya, para que engañarnos.
Su nombre es Magnus Scheving, aunque en su versión televisiva (incluidos los bigotes a lo Dalí) se le conoce como Sportacus, y es el protagonista de la serie infantil Lazy Town.
Sportacus es un personaje muy peculiar. Anda siempre dando volteretas y giros en el aire (no en vano, Magnus fue campeón de Europa de gimnasia durante dos años consecutivos) y su fuente de energía son las "sport-chuches" ¿Os imagináis qué son las "sport-chuches"? Pues básicamente frutas y verduras.
Una manzana, o una zanahoria, y un poco de ejercicio, es todo lo que necesita Sportacus para desarrollar toda esa musculatura. Bueno, digo yo que algún filete tendrá que comerse de vez en cuando, porque si no ya me contaréis, pero lo importante es el mensaje que transmite. Nada de comida basura, nada de chucherías al uso cargadas de azúcares, comida sana y ejercicio son los valores que intenta transmitir a los niños. ¡Ah! y muy importante, Sportacus se va a la cama cada día exactamente a las ocho y ocho. Y es que un sueño reparador es fundamental para sentirse bien al día siguiente.
El concepto no es nuevo. Los que crecimos con el mito de Popeye y sus espinacas estamos acostumbrados a ver esos efectos tan espectaculares de la comida sana sobre algunos superhéroes. Pero en este caso yo creo que el mensaje es más completo. Y puestos a elegir, entre el marinero y Mr Scheving, yo creo que Olivia lo tendría bastante claro...
Aquí os lo dejo en acción, para que podais disfrutar de sus cabriolas durante unos minutillos. Y si os gusta aquí tenéis el sitio oficial de la serie.

http://www.youtube.com/watch?v=P0CHAZJr3OE

martes, diciembre 01, 2009

La Buena Vida

No tengo tiempo para mucho más...


Esta canción es especial. Cuanto más la escucho más me gusta.

martes, noviembre 17, 2009

Estamos en Priego

Estamos en Priego, un pueblo bastante coqueto situado en las puertas de la Serranía de Cuenca, y pegado a la comarca de la Alcarria. Siempre he sido una enamorada de los paisajes de serranos, y concretamente esta comarca de Cuenca me parece un lugar para volver una y otra vez, aunque sólo sea para llenarse los ojos de colores, respirar un poco de paz a través de su aire frío, y lo más importante, abandonar la rutina en un entorno ideal para la desconexión.
Cuenca es única, dice el eslogan. Y yo añadiría, si un paisaje puede enamorarte, probablemente éste lo hará.
Siempre he pensado que la mejor estación para visitar esta zona es el otoño. En esta época el paisaje se tiñe de colores castaños, ocres, que contrastan con el eterno verde de los pinos y el gris azulado de las rocas kársticas. En otoño, las hoces de los ríos se cubren con una niebla misteriosa, romántica incluso. Y si el cielo consigue un tono plateado, parece que el paisaje brilla más, que las hojas de los chopos crujen más, que el rojo de las mimbreras en más intenso… En fin, para qué seguir describiendo algo que es tan fácil mostrar con imágenes.

Esta es la laguna del Tobar, cerca de Beteta



Y esta otra del nacimiento del río Cuervo.



Muchas gracias a Roberto Tartaj March por sus increibles fotos. Podéis disfrutar de sus trabajos en este enlace

http://www.fotonatura.org/galerias/1618/

domingo, noviembre 08, 2009

SOBRE CONCILIACIÓN Y CULPA


SOBRE CONCILIACIÓN Y CULPA

Hace unas semanas hablaba con una amiga, que tiene un hijo de cuatro años, y me contaba con lástima lo mal que se sentía por tener que dejarlo en casa para ir al trabajo.
-No lo estoy criando yo –me decía. Son otras personas las que lo están educando.
Me contaba que cada tarde, después de comer, cuando ella tenía que volver a la tienda en la que trabaja, él le pedía llorando que se quedase a su lado, que no fuese a trabajar. Me decía que muchas veces se había marchado de casa con los ojos llenos de lágrimas, y con un enorme sentimiento de culpa por no poder quedarse con él.
Me gustaría decir que para mí todo es diferente, pero lo cierto es que no. Yo también me siento culpable cuando me marcho a la oficina, y la dejo llorando y llamándome. Y eso que yo, relativamente, tuve la suerte de poder acumular el permiso de lactancia con el permiso de maternidad, las vacaciones y después un par de meses de excedencia, que me permitieron incorporarme al trabajo cuando Irene tenía ya ocho meses. No quiero ni siquiera imaginar lo que tiene que ser incorporarte al trabajo cuando tu hijo apenas ha cumplido los cuatro meses.
¿Suerte? ¿Por qué suerte, si se trata de un derecho de los trabajadores? Bueno, evidentemente, todos no tenemos la misma flexibilidad en nuestros trabajos para hacer uso de nuestros derechos. Ni todos somos igual de imprescindibles para la empresa (y aquí estoy pensando en los autónomos o en los que trabajan para empresas muy pequeñas) ni todos nos podemos permitir estar varios meses sin cobrar.
Para algunas mujeres, hoy por hoy, ser madre implica tener que hacer renuncias. Es evidente que en materia de conciliación todavía tenemos mucho camino por recorrer. Y no me refiero exclusivamente a un permiso por maternidad más largo –que también, eso sí, con el apoyo necesario para que la ausencia de la empresa no sea traumática para nadie- La conciliación debería ser un concepto amplio, que compatibilice la atención de la familia con el trabajo sea cual sea la edad de los hijos.
Es un tema muy complejo, y muy delicado. Pero al mismo tiempo considero que es de vital importancia que se genere el debate social oportuno, porque nos estamos jugando algo muy valioso: Las generaciones futuras.
Evidentemente, no faltará quien opine que las mujeres de ahora lo queremos todo. Que no queremos renunciar a nuestra faceta profesional, y al mismo tiempo no queremos dejar de disfrutar de nuestra maternidad. No me sorprende que todavía quede gente con esa estrechez de miras. Alguno sigue pensando que los hombres son los que deben salir a cazar al mamut, mientras que las mujeres se deben quedar en casa acicalando la cueva.
Pues no, no me gustaría tener que renunciar a nada, sobre todo cuando estoy convencida de que las cosas siempre se pueden mejorar. Desde luego, no habríamos evolucionado hasta donde estamos ahora con esas mentalidades tan retrógradas. Pero eso no significa que no se pueda seguir mejorando, en derechos y en calidad de vida.
Y sobre todo, me niego a sentirme culpable, porque me guste mi trabajo, por querer mantener el puesto que tantos esfuerzos me ha costado. Pero tampoco entiendo que eso suponga tener que sacrificar todo mi tiempo, un tiempo que ni siquiera es mío, sino que también es de ella, de mi hija, y de mi pareja, de mi familia, y de mis amigos...

Por eso, cada vez que, después de cumplir con mi jornada reglamentaria, intento marcharme de nuevo a escondidas a la oficina, para seguir cumpliendo con la empresa -ella, por supuesto, atenta a cualquier movimiento mío, temiendo que me marche en cualquier momento, que le vuelva a hacer la espantada, me coge de la mano y me dice en su idioma: mamá, no te vayas- y a mí se me hace un nudo en el estómago y no puedo evitar preguntarme: ¿Estaré haciendo lo correcto?
No lo sé. A veces dudo de que exista una respuesta correcta. Desde luego, ¡Qué difícil!

sábado, octubre 31, 2009

DOS PROPUESTAS ORIGINALES

DOS PROPUESTAS ORIGINALES

Hoy sólo quiero dejaros estos enlaces tan chulos, un par de joyas en forma de blog, que he descubierto navegando por la red.
Los dos muestran trabajos hechos a mano, absolutamente artesanales y realmente maravillosos. El primero se llama "Arriba en el desván" (Si pincháis sobre las letras azules os enlazarán a la página) y en él vamos a ver auténticas monerías para decorar el cuarto de un bebé, para hacer un regalo original... ¡Qué sé yo! Hay cuadros, siluetas, cojines, lámparas... y todos preciosos, ya veréis si echáis un vistazo qué cosas tan bonitas. Personalmente tengo predilección por las siluetas, y ésta es una de mis favoritas


El segundo blog nos lleva a un interesante mundo, el de las Susinas, que no son otra cosa que estas muñequitas preciosas hechas de fieltro, que saltan al blog de Susina´s Dream y se convierten en hermosos seres con vida propia y una personalidad muy peculiar.

Lolita broche/brooch
Cargado originalmente por susinasdream


¿Verdad que son un encanto?

viernes, octubre 23, 2009

Cuídate

Cuídate
Esta ha sido una semana extraña. He tenido la sensación de vivir en una montaña rusa, con tantísimos altibajos como he experimentado.
El ritmo de trabajo de estos últimos días ha sido frenético, y es increíble como reacciona el organismo en estos casos. He alternado el insomnio, la irritabilidad e incluso el mal humor a veces, con la euforia y la satisfacción en otros momentos.
Se supone que ahora, viernes por la tarde, debería estar cansada (derrotada incluso) Pero aún me queda un poco de mecha, para mi sorpresa.
En fin, vamos a celebrar que ha llegado el fin de semana con una canción especial. (Para mí hoy lo es, por distintos motivos)

Un beso, y cuidaos.




lunes, octubre 12, 2009

Feliz día de la Hispanidad



Feliz día de la Hispanidad


Hoy, día doce de octubre, se celebra el día de la Hispanidad, y más allá de desfiles y otras demostraciones más o menos grandiosas, hoy debería ser un día para reflexionar sobre esta lengua tan estupenda que compartimos más de cuatrocientos millones de personas.
Esta lengua tan rica, tan variada en matices, sonidos y acentos, en la que han escrito autores de la talla de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Marquez, Miguel Delibes, y muchísimos otros, que han hecho de nuestra literatura un placer y un privilegio.
Porque no nos engañemos, poder leer en versión original a tantos y tantos genios, sin intermediarios, desde su pluma hasta nuestros ojos, es un regalo que nunca valoraremos lo suficiente.
Por eso hoy me gustaría felicitar a todos mis hermanos de idioma, y dar las gracias por poder disfrutar de esta lengua que me permite entenderme con medio mundo.


Por supuesto, que no se me olvida, también aprovecho para felicitar a todas "las Pilares" y a los zaragozanos desearles unas felices fiestas.

viernes, octubre 02, 2009

Veinte meses juntos

Veinte meses juntos (Ilustración de ©2009 Mamá de Lola)


El próximo domingo hará veinte meses que nació Irene. Veinte preciosos meses, irrepetibles, que ahora me parece que han pasado en un suspiro.

Resulta increible, que un día tan duro como aquel cuatro de febrero de 2008, tan largo, tan extenuante, pueda ser recordado con tantísimo cariño. Y eso que las cosas no salieron como yo las había previsto, ni muchísimo menos. Ni la cesárea entraba en mis cálculos (sobre todo después de haber hecho la dilatación completa) ni mucho menos que me la hicieran con anestesia general, porque la epidural no me había hecho efecto, y además estaba tan cansada que no tenía fuerzas para nada cuando llegó el momento.
La lactancia tampoco fue un camino de rosas precisamente. El comienzo fue un desastre, porque tenía uno de los pezones invertidos, y no conseguía que la niña se agarrara. A eso le añadimos los consejos de unos y otros, poca formación en la materia por mi parte, una información deficiente por parte de algunos profesionales del hospital. Bueno, me quedaré con lo bueno, con mi matrona que se pasó por la habitación al día siguiente del parto, y me enseñó la postura para dar de mamar después de una cesárea.
El caso es que cuando nos dieron el alta, Irene tomaba biberones después de todas las tomas.
Pero como soy muy terca, y yo no me sentía satisfecha así, comencé a hacer lo que debía haber hecho durante los meses de embarazo: leer sobre lactancia. Y entonces aprendí muchas cosas.
Gracias a los consejos de un foro sobre lactancia, que por desgracia ha desaparecido, y del foro de preguntas y respuestas de la Asociación Española de Pediatría, conseguí relactar. Es decir, que poco a poco fui retirando los biberones, y a los dos meses y medio Irene sólo tomaba mi leche. Fue un proceso lento, muy adaptado a ella, y creo que esa fue la clave para conseguirlo. Aún recuerdo la cara de extrañeza de mi pediatra y su enfermera cuando, en una de las revisiones les dije que la niña no tomaba nada de leche en biberón. En el ordenador tenían apuntado que estaba con lactancia mixta, y supongo que esperaban justo lo contrario. Y yo tan contenta, como os podéis imaginar.
Quiero dejar claro que, aunque defiendo la lactancia en los términos que recomienda la Organización Mundial de la Salud, respeto todas las opciones, siempre que se hagan desde el convencimiento personal. Pero me duele que muchas madres, que como me pasaba a mí, realmente quieren dar el pecho, no lleguen a conseguirlo por no tener las herramientas necesarias. ¿Cuáles son?

- En primer lugar, acceso a una información completa y correcta.

- En segundo lugar, apoyo y asesoramiento en el entorno.

- En tercer lugar, CONFIANZA. Si quieres, probablemente podrás, pero tú eres la primera que tienes que creer en ti misma.

Y todo esto viene a cuento de que, estamos celebrando la Semana Internacional de la Lactancia, y me ha servido como excusa para contar mi historia, que todavía continúa, después de veinte meses y creo que se mantendrá durante este invierno al menos, que con el frío siempre apetece acurrucarse.
Mañana por la mañana, iremos a escuchar a Rosa Jové. Ya os contaré qué tal.

PD: La ilustración es de mamádelola, y si os gusta podeis ver otros preciosos dibujos suyos en su página web:

http://mamadelola.com/

lunes, septiembre 28, 2009

Érase una vez el color amarillo

Érase una vez el color amarillo





─Mamá ¿cuál es este color?
─ Este color es el amarillo. Mira, los pollitos son amarillos, los girasoles también y los limones…
─¿Y los periódicos?
─Sí hija, también los periódicos suelen ser amarillos con demasiada frecuencia
.

Lo siento si alguien se me ofende, pero es que estoy hasta las narices de la prensa de este país. Creo que ya nadie se salva, aquí nadie contrasta nada, no importa el daño que puedas hacer. Ya no existe el derecho a la imagen, ni al honor, ni la prudencia ni la decencia. Esto es una competición a ver quién saca el titular más agresivo, o quien hace más demagogia.
Un auténtico asco…
Y no sigo, que sé que al final diré algo de lo que me pueda arrepentir.
Como consumidores de información, alguien debería velar por nosotros, porque se publiquen informaciones veraces, porque no se nos manipule, ni se nos vendan medias verdades, o mentiras completas de manera impune.
Como consumidores de información, deberíamos exigir que no se nos tome más por tontos. Yo sé que llenar páginas a diario, o minutos de radio y televisión es difícil. Pero para escuchar sandeces, ya tenemos a los parásitos del corazón.
Seamos serios. Por favor.

Y perdonad si no soy más explícita. Creo que quien me conozca bien puede adivinar a qué me estoy refiriendo. Pero no quiero dar más detalles para no echar más leña al fuego. Que ya bastante arde con los dimes y diretes de los unos y los otros.

lunes, septiembre 07, 2009

7 de Septiembre

7 de Septiembre




Hoy es siete de septiembre y, como todos los años desde hace más de veinte, a Inés le tiemblan las piernas mientras se pinta los labios delante del espejo.
Ha elegido un vestido de color verde, que resalte el tono aguamarina de sus pequeños ojos. Los zapatos con un tacón amable, para que sus pies resistan toda la noche, y el dolor no acabe por desbaratarle la sonrisa; esa sonrisa que, frente al espejo, ahora perfila de un rojo brillante. El mismo rojo de los últimos siete de septiembre. El mismo rojo que aquella vez.
Aquella vez, ella tenía diecinueve años, él rondaba ya los veinticinco. Ella tenía la cabeza llena de sueños, él tenía las manos llenas de deseo. Esa misma mano firme que la sujetó por la cintura en el preciso momento en que atravesaban el umbral de la Puerta de Hierros.
─Con el pie derecho ─le susurraba él al oído─ Hay que entrar con el pie derecho.
Ella le contestó con un guiño y pensó que aquella noche todo era sencillamente perfecto.
Después pasaron los días, y al terminar la Feria, el otoño dejó al descubierto todas las imperfecciones que tenía su proyecto de pareja. No tardaron en darse cuenta de que no estaban hechos el uno para el otro, de que eran demasiado diferentes. No tardaron en llegar a la conclusión de que juntos jamás podrían ser felices, y decidieron seguir con sus vidas por separado.
Pero la Feria es terca, y se empeña en desempolvar los recuerdos.
Por eso, al año siguiente, el día siete de septiembre, cuando el teléfono sonó a la hora de la siesta, ella sabía perfectamente quién llamaba un segundo antes de levantar el auricular y escuchar su voz. Y como seguía teniendo la cabeza llena de sueños, no dudó en volver a pintarse los labios, escoger un vestido sugerente, y dejarse envolver por la magia de la Feria, por las luces, por el bullicio del Paseo. Allí, entre miles de personas, frente a la Puerta de Hierros, él la esperaba impaciente para cruzar el umbral cogidos de la mano.
─Con el pie derecho ─Le recordó ella─y esta vez fue él quien contestó con una sonrisa.
Luego, como quien no quiere la cosa, fueron pasando los años, y cada uno fue tejiendo su vida de manera independiente. Él encontró sus deseos en otra ciudad, ella siguió apegada a su tierra y a sus sueños. Él se casó dos veces, y tuvo dos hijos. Ella se encontró a sí misma cuando dejó de buscar pareja, y descubrió a una mujer llena de posibilidades.
Sin embargo, cada año, diez días en septiembre, venían a romper las rutinas, y como en un espejismo, se dejaban llevar por el sinsentido, y se atrevían a soñar con lo imposible.
Y de esta forma cada año, mientras a los dos les quede un ápice de añoranza, se encontrarán sin previo acuerdo frente a la Puerta de Hierros el día siete de septiembre, justo después de la Apertura, entre miles de personas. Ella con sus labios pintados de rojo, él con sus manos inquietas en los bolsillos. Con el mismo nudo en el estómago que aquella primera noche. Con el mismo temblor de piernas. Con el mismo deseo. Con la misma magia.

domingo, septiembre 06, 2009

Trabajo Pendiente


Trabajo Pendiente
Cargado originalmente por Beto!
No, no me han abducido los extraterrestres...

Sencillamente, he estado atrapada bajo una torre inabarcable de trabajo pendiente.

Menos mal que mañana empieza la Feria, que si no...

domingo, agosto 16, 2009

FELIZ CUMPLEAÑOS, PAULA

FELIZ CUMPLEAÑOS, PAULA



Esto es parte de una conversación que protagonizó la que escribe esta misma semana en la oficina. Un cliente me preguntaba por algo que le habían explicado hacía un tiempo, no sabía a ciencia cierta quien (últimamente ha habido varios cambios de personal):

- El otro día estuve hablando con una compañera tuya en aquella mesa de allá
- A lo mejor era yo...
- No, qué va. Era una chica joven.

Ups... y yo me pregunto ¿en qué momento dejé de ser joven que ni me di cuenta?

Todo esto viene a cuento de que hoy es mi CUMPLEAÑOS, y de que estoy muy feliz de cumplir 35 años, aunque ya no me digan que soy joven.
Al fin y al cabo, cuando yo nací mi madre tenía 36 y aún tuvo tiempo de tener otros dos hijos más.
Si pienso en los años que me quedan para jubilarme, es posible que me queden otros tantos.
Y si me miro en el espejo, me gusta lo que veo. Pero bueno, eso es porque me miro con benevolencia, eso está claro.

Pues eso, que me vais a permitir el ejercicio de narcisismo, y hoy me voy a dedicar una canción, porque yo lo valgo.

sábado, agosto 08, 2009

Riaza


Riaza


Esta última semana la hemos pasado en Riaza, un pueblo segoviano precioso enclavado en la Sierra de Ayllón, a 74 km de Segovia y 120 km de Madrid. Allí, durante estos días, hemos disfrutado de una temperatura ideal, con algo de fresquito incluso al anochecer -la rebeca siempre a mano porque hacía falta- Irene ha corrido a su gusto por el parque de "El Rasero" y sobre todo, hemos desconectado de la rutina y del trabajo.
Para mi gusto, lo más bonito del pueblo de Riaza es su plaza porticada del siglo XVII, considerada Bien de Interés Cultural desde 1970.
Muy cerca del pueblo, a escasos 5 km se encuentra el paraje de Hontanares, con su ermita, y en distinta dirección, a unos 9 km el hayedo de La Pedrosa, un paraje inolvidable, con unas preciosas panorámicas, que culmina en el Puerto de La Quesera, y hace frontera entre las dos Castillas.
La estación de esquí de La Pinilla se encuentra también muy cerca, aunque es evidente que en esta época del año no estaba en su mejor momento para ser visitada. Aun así, simplemente el paisaje de montaña ya merece la pena.
Desde allí, no perdimos la ocasión de hacer una escapada a la Villa de Pedraza, un pueblo con un especial encanto, que tanto por su enclave, como por lo bien que conserva su carácter medieval, me recordó mucho a otro pueblo inolvidable de nuestra Mancha: Alarcón.
Pedraza me cautivó por sus calles empedradas, por los preciosos paisajes castellanos que la rodean, su castillo medieval, pero lo que sin duda más me impresionó fue la cárcel. En la visita guiada pudimos descubrir cómo eran tratados los prisioneros, los grilletes que usaban para sujetarles de pies y manos, y colgarlos de la pared. En qué inhumanas condiciones eran recluídos y castigados, hasta provocarles la muerte de la manera más angustiosa que cabe imaginar. Para mí fue una visita impactante, que merecerá su correspondiente relato, en cuanto sea capaz de ordenar toda la información con un poco de calma.
De Segovia, y el Palacio de La Granja, mejor hablamos en otro post.

jueves, julio 02, 2009

Un beso a China


Un beso a China



Hace tres años, concretamente el 14 de junio de 2006, llegó a las oficinas del Centro Chino de Adopciones una solicitud a nombre de unos buenos amigos nuestros.

Para entonces quedaban atrás meses de trámites, de entrevistas, de cursos, de charlas... toda una batería de pruebas que tenían como fin determinar si eran o no idóneos para adoptar. Y por supuesto que lo eran, quienes los conocemos no teníamos la más mínima duda.

En estos tres años, ha cambiado mucho el tema de la adopción en China. Recuerdo que cuando empezaron, la espera para poder conocer a su hij@ y viajar a por él o ella rondaba los nueve meses. Luego la cosa se fue alargando.
"Para el año que viene" decían ellos cuando les preguntábamos, pero pasaban los meses y el momento de verse asignados parecía cada vez más lejano.
Poco a poco, los demás amigos fuimos teniendo nuestros propios hijos. Poco a poco, la pregunta de cuando viajarían ellos a China comenzó a resultar una pregunta incómoda, y las contadas veces que la hacíamos, la respuesta era: "Cuando Dios quiera".
El camino de la adopción es realmente duro. Hoy por hoy, después de tres años de espera, ni siquiera saben a ciencia cierta si podrán viajar a China este año o será -esta vez sí- el año que viene. Yo espero que sea lo antes posible, porque estoy convencida de que serán unos padres estupendos.
Pero la espera, que a veces puede llegar a ser angutiosa, no lo dudo, tiene un sentido muy poderoso. Su hij@ será el que el destino les tenga asignado: él o ella, y no otro. Por eso merece la pena esperar lo que haga falta.
Los padres adoptantes en China suelen utilizar una metáfora preciosa para ilustrarlo, que es la leyenda del Hilo Rojo:

Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.

Hoy quiero enviar un abrazo de ánimo a todos los padres -porque ya lo son, de eso no cabe la menor duda- que tiran de ese hilo a pesar de todos los obstáculos. Y un beso a China para todos los niños que esperan al otro lado del hilo.

miércoles, julio 01, 2009

CÓMO SE PASA EL TIEMPO...

CÓMO SE PASA EL TIEMPO...





Estrenamos mes, y como quien no quiere la cosa nos hemos merendado la mitad del 2009. Parece que fue ayer cuando brindábamos por el nuevo año, con una buena dosis de esperanza y también, por qué no decirlo, con nuestro poquillo de congoja en el cuerpo, por lo malo que nos lo pintaban...

De hecho, si hacemos un ejercicio de memoria... ¿Nos os parece increible que hayan pasado diez años ya desde 1999? Hace diez años estábamos todos preocupados (bueno, todos no, que los excépticos como yo no nos preocupamos casi nunca) por el presunto apagón informático de los "dos ceros"... Apagón que luego quedó en nada, vale. Pero con la excusa bien que nos vendieron la moto para que cambiásemos ya no sólo los ordenadores, sino hasta la batidora, no fuera que con "el efecto dos mil" se nos fuera a cortar la mayonesa de por vida, o vaya usted a saber el qué... Que sí, que se han pasado ya diez añazos ¿quién lo diría verdad?

Diez años en los que han ocurrido cosas horribles, sí. Ahora mismo me vienen a la cabeza imágenes como la de
aquellos dos aviones impactando contra las Torres Gemelas en el World Trade Center (septiembre de 2001), los bombardeos de las guerras de Afganistan e Irak, el amasijo de hierros en que se convirtió aquel tren de Atocha el día once de marzo de 2004...

Diez años que han dado para mucho, y ahora que estamos terminando esta década, aplastados por una crisis asfixiante, que no nos deja demasiada tregua para el optimismo, uno puede dejarse llevar por la impresión de que en general hayan sido diez años malos.

Pero no, que si nos empeñamos en deprimirnos, a final lo conseguimos... y no es plan. Porque en estos últimos diez años, sin duda también han ocurrido muchas cosas maravillosas... Cierto es, que muchas de ellas no las vamos a ver en lo periódicos, ni en los telediarios, pero eso no significa que para nosotros no sean importantes.





De hecho, es tanta la incidencia que los medios de comunicación hacen sobre lo negativo, que a veces podemos tener la sensación de que nunca ocurren buenas noticias. Pero las hay, y no está de más hacer un pequeño esfuerzo por encontrarlas.

Por ejemplo, en esta década -concretamente en abril de 2003- se presentó al mundo el
genoma humano al completo, culminando así un proyecto muy ambicioso que sin duda tiene, y seguirá teniendo, una relevancia espectacular en nuestra calidad de vida.

En cuanto a lo personal, esta década me ha traido el mayor motivo alegría que he tenido en toda mi vida, que ha sido nada y más y nada menos que el nacimiento de mi hija Irene. Y a ella le han acompañado unos cuantos primos y amigos, algunos cercanos y otros virtuales, que también han tenido a bien nacer en este preciso momento, a pesar de la que está cayendo.

Pero seguro que entre todos podemos recordar muchas otras buenas noticias de estos últimos diez años. Pequeños detalles tal vez, esas "pequeñas grandes cosas" que nos han hecho sonreir, o reir a carcajadas directamente. ¿Por qué no intentamos buscarlas entre todos para que nos alegren un poquillo esta segunda mitad del año?

Seguro que no es tan difícil.


martes, junio 16, 2009

Euforia


Euforia








No soy tanto lo que soy, como lo que intento ser. Esta es la frase que elegí para mi perfil, y no es una frase casual. Encierra toda una filosofía de vida, yo diría incluso que algo más. Es el secreto para no morir de hastío.


Un día, con más tiempo hablaré de lo importantes que son los objetivos en nuestras vidas, saber hacia adónde quieres dirigirte para encarar el rumbo y comenzar a caminar. Un día, con más tiempo, hablaré de Maslow y su pirámide, de cómo vamos modificando nuestras metas conforme logramos alcanzar los escalones, y de lo importante que son los pequeños triunfos para poder seguir luchando.


Hoy, tan sólo me quiero centrar en la sensación que se apodera de ti cuando consigues uno de esos objetivos. Sobre todo si has luchado durante años por conseguirlo, si ha sido el fruto del trabajo y del esfuerzo. Hoy quiero hablar de la euforia, la satisfacción personal, una sensación que uno debe saborear durante unos días, hasta que vuelve a ajustar sus objetivos de nuevo.


Por eso, si durante unos días notais que estoy como ausente de todo, o si me veis vagar con una sonrisa un poco estúpida en los labios, no me lo tengais demasiado en cuenta... Es la euforia.


Eso, y los noventa kilómetros que ya no tengo que hacer a diario para ir y volver del trabajo. Que quieras que no, a lo tonto, me he encontrado con casi dos horas más al día para poder disfrutar de la vida.

domingo, junio 07, 2009

Recojo el testigo...

Recojo el testigo...

En los últimos días, tanto Redcam como Toñi, dos de mis bloguer´s favoritos han dejado en el aire un meme literario para que lo recoja quien quiera.
Bien, pues ahí van mis libros:

1. Un libro que nunca terminaré: Dejemos hablar al viento, de Juan Carlos Onetti. Lo siento, pero cien páginas es el máximo que le concedo a una novela para intentar engancharme.
2. Un libro que me decepcionó: El péndulo de Foucault, de Umberto Eco. Me decepcionó por partida doble: En primer lugar, porque viniendo de manos del maestro Eco, esperaba algo más que un libro lleno de páginas. Y en segundo lugar, porque me lo prestó un amigo, y sinceramente aún no sé si me estaba poniendo a prueba...
3. Un best seller que no tengo el más mínimo interés de leer: Cualquiera de Dan Brown. Ya caí en la trampa con El Código Da Vinci, pero una y no más.
4. Un libro que me gustaría volver a leer: El diario de Anne Frank. Lo leí hace bastantes años, cuando era adolescente, y siempre he tenido la sensación de que si lo volviera a leer, descubriría un libro absolutamente diferente al que leí la primera vez.


5. Un libro pendiente que seguro que leeré algún día: La Flor de Jaramago, de Aurelio Pretel Marín. Comencé a leerlo el año pasado, pero es un libro al hay que invertirle tiempo (por número de páginas y por contenido), así que el préstamo de la biblioteca se me caducó y lo tuve que devolver. Desde entonces lo tengo entre los pendientes.
6. Un libro que me gusta leer siempre: Lorca, Miguel Hernández, en general cualquier libro de poemas de la generación del 27
7. Un libro que me gustaría que me regalaran: Evidentemente, La Flor de Jaramago, para poder disfrutarlo a gusto.
8. Un libro que recomendaría: Depende a quien... aunque con 12 Miradas, por supuesto, sé que no me equivoco.
9. Un libro que me sorprendió: Muchos (soy fácil de sorprender). La Sonrisa Etrusca (José Luis SamPedro), De parte de la princesa muerta (Kenize Mourad)

miércoles, junio 03, 2009

12 MIRADAS ESTÁ EN MOJÁCAR



12 MIRADAS ESTÁ EN MOJÁCAR


Este lunes, a la hora de la siesta, otro ejemplar de nuestro libro, “12 Miradas”, inició un nuevo viaje en libertad. Se quedó en Mojácar (Almería) esperando en el hall del hotel Marina Playa. Al afortunado que lo encuentre, le pido dos favores personales:
El primero, que lo lea, que lo disfrute el tiempo que crea preciso, y luego lo deje seguir su camino.

El segundo favor, que nos lo cuente. Bien a través de la página de bookcrossing, bien en la página del club de Escritura la Biblioteca, o aquí mismo, si llegase a este blog por casualidad. Me haría muy feliz saber que ha llegado a buenas manos, me haría ilusión saber de él.
Y es que, en el momento en que arrancábamos el coche, y supe que aquel libro se quedaba en el hotel, a su suerte, sentí como si una parte de mí también se hubiese quedado sobre aquella mesa. Fue una sensación extraña. Una sensación bien curiosa, saber que en estos momentos, alguien tocado por el azar, puede haber cruzado su camino con el mío de esta manera tan peculiar.
Espero que este haya sido el comienzo de una aventura interesante. Feliz viaje.

domingo, mayo 24, 2009

UNA DE HAIKUS

UNA DE HAIKUS



Con el permiso de Toñi, voy a atreverme con el arte japonés de los haikus (ya te advertí que acabaría enganchándome)
Pido disculpas a los maestros del haiku por la osadía, y os animo a que hagais las críticas oportunas. Estoy aprendiendo.




Tarde de mayo,


el cielo se hace plata

y huele a lluvia.

domingo, mayo 17, 2009

EL DESLIZ




EL DESLIZ
(Ejercicio de Fan-Fiction)

Tenía en la mirada la fuerza de una diva. La más deseada por los hombres, la más envidiada por las mujeres. Así era Scarlett. Poderosa, inquebrantable, caprichosa y voluble, pero sobre todo inaccesible, y tal vez por eso mucho más deseable.
La conocí hace muchos años. Ella era casi una niña, y yo un muchacho fuerte y todavía muy ciego, con demasiada ignorancia sobre las espaldas y una cabeza un poco grillada, sin lugar a dudas. De otra manera no se entendería que llegase a comportarme como lo hice, con tantísima inconsciencia. Que me saltase todas las normas habidas y por haber, y me animase a cruzar la línea de una manera tan peligrosa.
Bendita adolescencia que nos empuja al abismo. Bendita locura, porque gracias a ella, hoy puedo presumir de mi pequeño instante de gloria. Sí, durante unos intensísimos segundos, el mundo se detuvo y se hizo perfecto. Durante unos escasísimos segundos, se disiparon las diferencias de clase, y no hubo colores de piel, ni amos, ni esclavos. Durante un brevísimo lapso de tiempo, esos labios finos y sonrosados fueron míos. Absolutamente míos, el día en que ambos perdimos la cordura.
Qué historia para no poder ser jamás contada. Qué secreto tan plomizo me acompaña cada noche, mientras busco el sueño, desde aquel día. ¿Pensará ella como yo en ese beso? ¿Recordará aquella tarde lluviosa, como tantas veces yo la he recordado? La ropa pegada al cuerpo, empapados los dos, en mitad de la oscuridad.
Ella se había empeñado en pasear con su yegua, a pesar de las nubes tan oscuras que cubrían el cielo. Cuando se desató la tormenta, ella se encontraba demasiado lejos de su casa y corrió a refugiarse en los establos de mis señores.
En ningún momento pensó que allí pudiera encontrar a nadie, por eso se sobresaltó cuando descubrió mis ojos entre la penumbra. Ella era muy joven todavía, pero sus pechos ya se intuían, muy suaves, debajo del vestido verde. Yo la reconocí al instante: Scarlett, la deseada por todos. Porque ella siempre fue el anhelo de los hombres, mucho antes de que ella misma llegase a darse cuenta de ello.
Y yo era uno de esos muchachos que la deseaban, a pesar de todo. Inconsciente de mis limitaciones, soñador, como siempre me recriminó mi pobre padre, yo era uno de tantos que soñaba con acariciar aquellos pechos, con desenredarle ese mechón de pelo rojizo que le caía sobre la frente.

Recuerdo un silencio tenso, mis manos atrevidas que se colocaron sobre su cintura, mientras ella me sostenía la mirada desafiante. Y después el beso, sus labios delgados entre los míos, su manos tan suave y tan blanca, trenzando la mía, tan negra y tan áspera.
Fue una locura. Lo sabía en ese mismo instante como lo sé ahora. Aquel atrevimiento podría haberme costado muy caro si ella hubiese hablado. Si ella, la niña caprichosa, hubiese contado a su padre mis atrevimiento, no sé qué habría sido de mí. Por eso, los días posteriores, el miedo me agarrotaba los músculos. Perdía el apetito, las ganas de hablar, e incluso el sueño, ya que en mi cabeza lo único que tenía cabida eran aquellas manos, el vestido verde pegado al cuerpo, los labios finos de Scarlett.
Llegué a caer enfermo, con una fiebre muy alta que mi santa madre intentaba bajar con paños de agua fría. En mi delirio sólo alcanzaba a pronunciar su nombre, pero mi boca estaba tan pastosa, que nadie comprendía mis palabras.
Desde aquel día, intenté por todos los medios que estaban a mi alcance alejarme de los O´hara. Todo lo que un negro lo puede intentar, porque evidentemente, si mis señores me ordenaban acercarme a Tara por algún motivo, no me podía negar a obedecerles. Pero sí que podía pedirle a Dios con vehemencia que librase de tropezarme con Scarlett, ya que tan sólo la idea de volver a encontrarme frente a frente con esos ojos de caramelo, hacía que me subiese otra vez la fiebre.
Y así conseguí esquivarla durante muchos años. Sabía de sus andanzas por las conversaciones ajenas. Scarlett se había convertido en una mujer calculadora, ambiciosa, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se proponía.
Pero como el destino es caprichos, y no gusta de dejar las historias deshilvanadas, al fin llegó el día en que nos volvimos a encontrar.
Fue en la ciudad. Yo sacaba brillo al coche de mi señor cuando la vi pasar del brazo de su segundo marido. El corazón me dio un vuelco, pero creo que para ella el encuentro fue incluso más embarazoso. Scarlett, la inquebrantable, la mujer que nunca se venía abajo por nada, torció el gesto y fingió no haberme visto, mientras apretaba con fuerza el brazo de su orgulloso marido.
La seguí con la mirada, mientras se alejaban, hechizado por ese halo que siempre la ha envuelto. Entonces ella giró la cabeza. Fue un segundo, apenas imperceptible, casi como un gesto para colocarse el cabello, pero lo suficiente como para que yo entendiera todo.

Mi secreto era también su secreto. Scarlett no podía permitir que nadie supiera, que en algún momento de su vida, había tenido un instante de debilidad. Scarlett, la mujer caprichosa, que manejaba a los hombres a su antojo, tuvo un desliz en una tarde lluviosa. Fue tan sólo un beso, apenas un segundo de fragilidad, un momento breve. Y sin embargo ─ahora lo sabía─ lo suficientemente intenso como para haberle robado el sueño alguna que otra noche.
Yo tuve a Scarlett durante un instante, y eso es mucho más de lo que nunca conseguirán muchos de esos blancos adinerados.

miércoles, mayo 13, 2009

EL CHICO DE AYER

EL CHICO DE AYER

Si me permitís el juego de palabras...
No quería dejar pasar la ocasión de brindarle un pequeño homenaje póstumo a Antonio Vega. Para los que crecimos con canciones como "La chica de ayer", "Se dejaba llevar" o "El sitio de mi recreo", su muerte marchita algo en nuestro interior.
Antonio era algo más que un músico: era un genio. Sus letras eran poesía en estado puro, y sus canciones llegaban adentro, sobre todo si las cantaba él con su voz aniñada y dulce.



Ayer, cuando escuché la noticia de que Antonio Vega nos dejaba, no pude evitar acordarme de otro genio: Enrique Urquijo.
Y he llegado a la conclusión de que, si en tu vida eres capaz de sembrar una semilla lo suficientemente fértil como para que te recuerden, uno nunca llega a morir completamente.
Esta canción es especial para mí, y quiero dedicársela a una persona importante en mi vida.

miércoles, mayo 06, 2009

A DORMIR


A DORMIR


Buscando vídeos en youtube para mi hija, he dado con éste de hace unos años en el que "las tres mellizas" mandaban a los niños a la cama".





A lo largo de los años, han sido muchas las canciones que han aparecido en televisión para animar a los más peques a irse a dormir; desde la familia "Telerín", hasta Los Lunnis, pasando por Casimiro, e incluso Topo Giggio, pero ésta me ha llamado la atención porque relaciona la hora de acostarse con el hábito de la lectura.

Últimamente, los encargados de dar las buenas noches a los más peques son los "gamberros" del programa de Pablo Motos (El hormiguero), a quienes aprovecho para felicitar por el premiazo Rose d´Or que les han otorgado (sí, ya sé que la probabilidad de que alguien del programa lea ésto, es aún más pequeña que la que tengo de que me toque el cupón de la once del viernes, pero como no cuesta nada ser educada, ahí queda eso).







Por cierto, ¿recordáis quién os mandaba a vosotros a la cama cuando érais peques?

jueves, abril 30, 2009

INOLVIDABLE

INOLVIDABLE



Hace unos días Toñi, nos traía al blog del Club de Escritura la Biblioteca, el anuncio de George Clooney de una marca de cafeteras y no he podido resistirme a compartir esta fotografía con mis sufridos visitantes.
Han pasado ya unos añitos desde aquella tarde, pero tanto él como yo estamos bastante reconocibles...
Sí, sí, la de la foto soy yo, y os aseguro que no hay fotoshop de por medio.






Bueno, un poquillo de trampa sí que hay... pero es más divertido si la descubrís vosotros.

lunes, abril 27, 2009

EL EXTRAÑO LIBRO


EL EXTRAÑO LIBRO

A menudo, suelo encontrar cosas importantes mientras busco otras totalmente distintas. Esto fue exactamente lo que ocurrió con ese libro tan extraordinario: que tropecé con él mientras peinaba los archivadores de mi despacho en busca de un expediente extraviado.
He de confesar que el hallazgo me descolocó en un primer momento. ─¿Cómo habrá llegado esto aquí?─ me dije . No suelo tener novelas en mi puesto de trabajo, de hecho los únicos libros que ocupan las estanterías de mi oficina son los relacionados con el Derecho.
Tan descuadrada me quedé con aquel encontronazo, que dejé de buscar el expediente y me puse a hojear el libro cuidadosamente. Sin esperarlo, aquel objeto me trajo a la memoria un buen puñado de recuerdos. Una tarde de primavera en un parque de Madrid. De fondo, un cantautor desconocido arañaba el aire con su voz quebrada y una guitarra acústica. Desde un puesto de gofres llegaba un agradable aroma a chocolate recién hecho. Habían pasado quince años desde entonces, quince años que volaron sin apenas darme cuenta.
Él se llamaba Marcos y era algo más que un amigo. Podía recordar su sonrisa de oreja a oreja mientras me enseñaba su trofeo. Tenía en sus manos su primera novela, autoeditada con sus precarios ahorros de estudiante. Aquél había sido su regalo de despedida antes de tomar el tren que lo llevaría a Lisboa. Lo que ninguno de los dos imaginábamos es que a partir de entonces nuestras vidas se iban a bifucar del modo en que lo hicieron. Horas más tarde, mientras él cabeceaba en el asiento del tren, yo perdía, o tal vez dejaba olvidado, su libro en algún lugar de Madrid.
Y ahora, quince años después, aparecía en el último lugar que hubiese podido imaginar, en mi propio despacho. Sin darle demasiadas vueltas a aquella circunstancia, comencé a leer de manera distraída, intentando tal vez escarbar un poco más en la memoria, y rescatar algunos momentos agradables que ya daba por perdidos. Sin embargo, lo que encontré en aquellas páginas me dejó absolutamente asombrada: la historia que se narraba en aquella novela, tenía un paralelismo escalofriante con mi propia vida, especialmente los últimos años, desde aquella lejana tarde con Marcos.
En un principio no le di demasiada importancia al hecho de que la protagonista de la novela se llamase igual que yo, y trabajase como abogada laboralista en un despacho en las afueras de Madrid. Probablemente ─pensé─ Marcos se inspirase en mí para escribir la novela. Pero conforme avanzaba la trama, e iba descubriendo más y más coincidencias, comencé a pasar de la sorpresa al estupor, y del estupor a la inquietud.
─¿Pero qué libro tan macabro es éste?─ exclamé en voz alta al llegar al capítulo en el que descubría que mi marido tenía un lío con una compañera del gimnasio.
Sin embargo, de algún modo la curiosidad se había apoderado de mí, y no podía dejar de leer aquellas líneas, a pesar de que la sensación que me provocaba aquella historia no era precisamente agradable.
Tan absorta estaba en la lectura que ni siquiera me di cuenta de que había anochecido, e incluso había comenzado a caer una ligera lluvia, que tintineaba sobre los ventanales de la oficina. En el libro, estaba reviviendo la muerte de mi padre, y la emoción había encontrado vía libre para desatarse en forma de un llanto abundante que nublaba mis ojos.
Dejé de leer al llegar al punto en el que la protagonista encontraba un libro extraño en los archivadores de su despacho. Comencé a sudar y mi corazón se puso a latir con desenfreno. Me froté los ojos y deslicé con suavidad los dedos por mi frente, para intentar aliviar la sensación de mareo que comencé a sentir, y el intenso dolor de cabeza. ¿Qué ocurriría ahora? ¿Estaría escrito mi futuro también en aquellas páginas perversas?
La respuesta la tenía casi clara, a la vista de lo que había leído hasta el momento, pero había otra pregunta mucho más importante: ¿Tendría valor para seguir leyendo? Desde luego, no aquella noche, no en aquel momento y desde luego tampoco en aquel lugar.
Con determinación doblé el extremo superior de la página en donde había interrumpido la lectura, y comencé a recoger mis cosas para marcharme. El silencio, tan solo quebrado por el incesante crepitar de la lluvia, me sobrecogió, y no pude evitar sentir un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo desde la nuca hasta los tobillos, y me dejó tambaleando a la puerta de la oficina.
Fue entonces cuando me decidí a llamar a Marcos. Después de todo ese tiempo, no titubeé al marcar los dígitos de aquel teléfono al que había llamado tantas otras veces en el pasado. No fue hasta escuchar la voz de aquella mujer, cuando caí en la cuenta de que el número que yo conocía era el de la casa de sus padres.
Tuve que explicarle varias veces a aquella señora quién era yo, para que se decidiera a darme el número del móvil de Marcos. Aún así, en cuanto lo tuve pensé que tal vez lo mejor era que llamara primero a un taxi, y esperase a llegar a casa para telefonearle más tranquilamente. Al fin y al cabo, ni siquiera tenía claro qué iba a contarle.
─Va a pensar que estás loca, eso seguro ─murmuraba de camino a casa, ya al abrigo del taxi. El conductor me miraba de reojo a través del retrovisor, sin saber exactamente si era conveniente entablar conversación o no.
Cuando llegué a casa, la lluvia prácticamente había cesado. Me metí debajo de la ducha y dejé durante veinte minutos que el agua acariciase mi pelo y resbalase por mi espalda. Cuando me envolví en el albornoz era una mujer nueva.
Me dirigía a la cocina para prepararme algo rápido antes de ir a la cama, cuando volví a tropezarme con él de nuevo. Estaba allí, junto al teléfono, desafiante, con aquella página doblada en su extremo superior, tal y como lo había dejado sólo media hora antes sobre el escritorio de mi oficina. Al verlo supe que no tenía escapatoria. Mi destino era leer aquel libro, conocer mi futuro, y probablemente volverme loca a partir de ese momento.
Y aquí estoy desde entonces, sentada en el sofá de mi salón, con el libro entre las manos, sin poder parar de leer hasta la última página. ¿Y después? ¿Qué ocurrirá después? Tal vez nada. Quizás descubra que sólo soy un personaje de novela, y mi destino es ser leída una y otra vez por distintos lectores, haciendo de mi vida una incesante repetición, tal vez con distintos matices en cada ocasión.
Mañana posiblemente todo sea un dejá vu, pero ¿a quién no le gusta releer una buena historia?



domingo, abril 05, 2009

DELIRIOS NOCTÁMBULOS

MI RELATO AUTOBIOGRÁFICO

DELIRIOS NOCTÁMBULOS (PAULA)


Yo también tengo un pasado del que no me gusta hablar, con la esperanza de que, a fuerza de no recordarlo termine por desaparecer. Y no es porque no me sienta orgullosa de aquellos años. Sinceramente creo que cumplieron su función. En ese momento era lo que tocaba, y ahora lo que toca es otra cosa. Pero recordar desestabiliza a veces, y luego aparecen las dudas, las preguntas sin respuesta, las odiosas comparaciones. Y no, el pasado está mejor en los cajones, apolillándose y acumulando polvo.
¿A quien puede importarle quién era yo hace veinte años, en qué ocupaba mi escaso tiempo libre, o de qué manera sobrevivía al hastío? Lo importante es el presente, no nos engañemos. Y hoy por hoy, mi vida está llena de cosas positivas.
No me gustaría escarbar demasiado en aquellos días. Fueron tiempos grises, repletos de monotonía y sucesos poco interesantes. Mi vida era tan típica que me tenía que inventar otras para poder respirar un poco de aire fresco, y así, como quien no quiere la cosa, comencé a escribir.
Entonces ocurrió lo que ocurrió, y todo dio un vuelco. La noche del suicidio, como yo la llamo. Porque aquello fue un crimen en toda regla. Con bastante poca premeditación, todo sea dicho, pero con mucha alevosía. Un homicidio necesario, no hubo más solución. Aquella vida esquizofrénica me estaba desgastando más de la cuenta.
Mientras me desenvolvía en mi mundo ordenado, añoraba a la otra, a la soñadora. Y trataba de imaginar cómo sería mi vida sin horarios, sin el corsé que me imponía mi trabajo y mis responsabilidades, si pudiese reinventarlo todo de nuevo, pero al final siempre me paralizaba el miedo. La incertidumbre me producía vértigo, y el vértigo me llevaba de nuevo a mi vida perfectamente ordenada.
Sin embargo, aquella noche todo se convulsionó. Era una noche de insomnio, como habían sido tantas otras. Con la ofuscación de la vigilia, mi cabeza encadenaba pensamientos a toda velocidad, cada uno más inquietante, y a cada momento más desoladores. No es que hubiese ocurrido nada grave en mi vida, era simplemente mi estricto sentido de la responsabilidad el que se había desbocado otra vez, sin remedio por mi parte, con la única función de desesperarme y no dejarme pegar ojo. De hecho llevaba una semana durmiendo bastante regular, con la tensión por las nubes y una constante sensación de mareo que me impedía incluso levantarme de la cama para dar un paseo por la casa. Mi querido sentido de la responsabilidad se estaba pasando de la raya.
─ Una cosa es querer hacerlo todo bien, y otra muy distinta es llevarte mi salud por el camino ─le dijo Paula la soñadora a la otra, la irritantemente perfeccionista.
─ Ya salió la otra ─contestó la puñetera calculadora, empujando a su contraria debajo de las sábanas─ ¿qué sabrás tú de la vida? si yo no trajese el sueldo a esta casa, veríamos a ver si serías tan creativa para ganarte las habichuelas.
─Perdona cariño, pero yo me ganaría el suelo muchísimo mejor que tú si me hubieses dado alguna vez la oportunidad de hacerlo. Y además seríamos felices, cosa que dudo que tú algún día consigas.
─La felicidad es algo con lo que se sueña cuando se tiene todo lo demás cumplido. Típico de ti comenzar la casa por el tejado. ¿Piensas vivir de sueños el resto de nuestra vida?
─De momento me conformaría con que nos dejases dormir esta noche. Y ya que estamos, me gustaría que me dejases expresarme de vez en cuando, que últimamente no paras de asfixiarme, y vas a acabar con mi paciencia cualquier día.
─¿Me estás amenazando?
─¿Te sientes amenazada?
─Tú no serías nada si mí, ¿es que no te das cuenta?
─¿Quieres que lo comprobemos?
─No tienes lo que hay que tener.
─No me tientes, que me tienes ya muy harta desde hace mucho tiempo.
─Palabrería, eso es lo único que te sobra. Ni siquiera sabrías por donde empezar.
Y entonces fue cuando lo hice. Sí, la aplasté contra la almohada sin decir ni media palabra.
Desde aquella noche, mi vida fluye en un constante vuelo a la deriva. Nunca sé cómo voy a pagar las facturas del mes siguiente, jamás hago planes a largo plazo, y gracias a eso he vivido en veinte ciudades diferentes. Ya no tengo que imaginar historias para evadirme, porque mi vida se ha convertido en la mejor de mis novelas, y lo más emocionante es que no tengo ni idea de lo que ocurrirá en el próximo capítulo.
Y es que, desde que la incertidumbre entró en mi vida, y se apoderó de ella como una droga, es cuando realmente puedo asegurar que me siento viva. Lo de antes era una mera sucesión de días, sin la menor intención de llegar a ninguna parte.
Y por cierto, me gano la vida mucho mejor que antes. ¡Quién lo habría dicho!

sábado, marzo 21, 2009

Como un sueño

De nuevo me he inspirado en la propuesta que aparece en la revista Almiar, dentro del espacio Pretérito Futuro, y esto es lo que ha salido a partir de la fotografía de la derecha. Os pego el enlace a la página, donde se pueden leer otras historias muy interesantes.

http://www.margencero.com/preterito/preterito_textos3.html



COMO UN SUEÑO


─Yo he soñado esta foto. Algo así como un sueño recurrente. ¿De dónde la has sacado, Alberto?
─Estaba en esta caja cariño, mezclada con las fotografías de tu familia. ¿Conoces a toda esta gente?
─Yo he soñado esta imagen. El chico del pelo rizado se despide de todos. Se llama Andrés, y creo que se va a la guerra. Su padre, el señor que está detrás, con la cabeza agachada, el que sostiene la cámara, coloca a toda la familia para retratarlos juntos: A ver, poneos todos delante de la luna del armario ropero. Así saldré también yo. Mamá siéntate aquí, justo en medio y coge a Mari Luz en brazos. Sofía, cielo, tú colócate delante. Eso es, siempre tan coqueta. Vicente, Andrés, vosotros a ambos lados de mamá. Y yo aquí detrás. A ver si salgo.
Afuera, en la calle, hace un día precioso. Primaveral. El sol se cuela en la habitación a través de una ventana entreabierta. El chico del pelo rizado se despide de todos uno a uno. Quiere llevarse la foto, pero la mamá también la quiere guardar como recuerdo. Al final él cede. No vaya a ser que la pierdas, le dice ella. Él sonríe y la abraza. Está ilusionado. Ella está en cambio parece angustiada.
Sí, yo he soñado esta foto muchas veces. Andrés cruza el umbral de la puerta. Hace una temperatura muy agradable. Papá lo acompañará a la estación. Mamá da un paso al frente. Llama a Andrés. Tiene un mal presentimiento. Deja a Mari Luz en el suelo y sale a abrazar de nuevo a su hijo mayor. Sofía y Vicente se asoman por la ventana, mientras Mari Luz juega en el suelo ausente de todo.
Yo soy Mari Luz, y juego en el suelo ausente de todo. Sí, yo he soñado esta foto… Justo antes de que llegasen los aviones. Justo antes de que se escuchasen las siren
as.

sábado, febrero 28, 2009

UNA NOCHE PERFECTA



UNA NOCHE PERFECTA


Frente al espejo, coquetea con su reflejo mientras se pinta los labios de un rojo intenso. No quiere usar demasiado maquillaje. El justo para iluminarse el rostro. Hace meses que no se arregla tanto, pero esta noche quiere estar perfecta, hacer que él pierda la cabeza cuando la mire.
Antes de salir se calza los zapatos de tacón negros. Al ponerse el zapato derecho, de pie junto a la puerta del dormitorio, desliza sus manos por la pierna para colocarse bien la media. Después hace el mismo gesto con el lado izquierdo. Se mira en la luna del armario, el vestido le queda estupendo, nadie diría que ha sido madre dos veces.
Ya en el ascensor, vuelve a contemplarse en el espejo, se atusa el pelo, se acerca para mirarse bien el maquillaje, se tira del vestido y lo coloca en su sitio, perfecta, ahora sí que está perfecta. Un momento, el anillo. En su mano derecha la alianza brilla con un suave destello, como queriendo advertirle de que no debería estar ahí. Justo antes de que el ascensor llegue al portal, la saca de su dedo y la coloca en un bolsillo interior de su bolso de mano.

Él trabaja en una oficina, a una manzana del restaurante donde han quedado para cenar. La tarde ha sido ajetreada, pero aún así, la sonrisa no se le ha borrado ni un solo segundo de los labios. Media hora antes de la cita, ha entrado en el aseo y se ha mirado detenidamente en el espejo. El cansancio ha hecho mella en su rostro, pero un poco de agua fresca le hará sentir mejor. Con los dedos mojados consigue peinarse hacia atrás, dejando los rizos lo suficientemente alborotados como para no perder naturalidad. Se coloca la corbata, y al momento decide quitársela. Un botón desabrochado… Sí, así estará perfecto. Justo antes de salir por la puerta de la oficina, saca su anillo del dedo anular y lo mete en el bolsillo derecho de la chaqueta. Durante el trayecto, sin ser consciente de ello, irá frotándose el dedo compulsivamente.

Al llegar al restaurante, él ya la espera sentado en un rincón discreto. Al verla aparecer, él se levanta de la mesa y la saluda con un beso en los labios.
—¿Llevas mucho tiempo esperando?
—Ha merecido la pena. Estás increíble.
Al sentarse, ella mira a su alrededor con aprobación. El restaurante todavía conserva su elegancia, desde la última vez que cenaron allí, el año pasado. Una música instrumental añade un toque íntimo al local.
—Han cambiado la decoración —apunta él.
—Algo raro había notado, pero está perfecto. Igual que siempre.
La cena transcurre de manera agradable. El vino blanco, fresco y con un leve sabor a menta, contribuye a hacerles olvidar cualquier tensión acumulada a lo largo del día. Ríen, se acarician las manos desnudas de anillos, se miran con deseo.
A los postres, él sonríe de manera pícara. A ella se le escapa una carcajada. Tal vez se le ha ido la mano con el vino, pero la verdad es que está disfrutando mucho la noche. Él se pone de pie. Ella ya sabe lo que va a hacer a continuación. Él introduce su mano en el bolsillo derecho de su chaqueta y deja su alianza sobre el mantel. Entonces ella también se incorpora de su asiento, mete la mano dentro de su bolso, saca su anillo de casada y lo deja encima de la mesa, junto al otro.
Ríen, les brillan los ojos. Los ocupantes de las mesas cercanas los están mirando desconcertados. Ambos están de pie, y ahora él toma la mano derecha de ella, y acariciando el dedo anular, le introduce suavemente el anillo que ella acaba de dejar sobre la mesa.
—¿Quieres pasar un año más junto a mí?
—Por supuesto. —Ella imita su gesto. Ahora es ella quien acaricia la mano derecha de su marido. —¿Quieres tú pasar un nuevo año a mi lado?
— Claro que sí.
Y mientras se besan, ausentes de todo lo que les rodea, los ocupantes de las mesas cercanas los miran, sin entender muy bien qué está pasando. Más de uno pasará la noche imaginando la historia perfecta que pueda encajar en semejante final.
Lo confieso. Yo soy uno de ellos.

domingo, febrero 22, 2009

12 Miradas


El pasado viernes 20 de febrero fue un día muy especial para los miembros del Club de Escritura La Biblioteca. Presentamos nuestro primer libro: "12 Miradas".
El acto fue íntimo, y sobre todo muy entrañable. En la presentación, nuestra madrina Rosa Villada, hizo gala de su dominio de las palabras, y nos regaló a todos los presentes un relato, confeccionado a base de retales de los propios relatos que aparecen en el libro. Un curioso juego que tuvo un resultado realmente interesante.
Mercedes Zayas leyó alguno de sus maravillosos poemas, Teresa Sandoval leyó un microrrelato de los que realizamos en el Club, y Diana, con su cálida voz argentina, nos deleitó con la lectura de su relato publicado en el libro: "El irlandés".
También pronunciaron unas palabras nuestra presidenta, Toñi, quien hizo una estupenda presentación del Club y de todos sus miembros (con algún lapsus.... errare humanum est) y Julio, miembro del Club y autor de uno de los relatos publicados.
Desde aquí quiero dar las gracias a todos los que se lo han currado para que este libro viera la luz:
A Julio por su trabajo con la imprenta, que ha sido impagable (e impagado, todo sea dicho, porque aquí todos trabajamos por amor al arte).
A José María por su labor de recopilación de los relatos y de las fotos.
A Unpokopeke por el diseño de la portada.
Y a todos los miembros del Club por haber colaborado para que este sueño se haya hecho realidad.
No sé si me he dejado a alguien, pero si es así, no me lo tengais en cuenta. Gracias a todos de corazón.

domingo, febrero 15, 2009

¿Por qué es tan difícil poner títulos?

¿Por qué es tan difícil poner títulos?



Este relato lo escribí hace unos meses, inspirado por esta propuesta que aparecía en la Revista digital "Almiar" en la que hay que escribir un relato inspirándose en una fotografía antigua:

http://www.margencero.com/preterito/preterito_textos.htmltos.html

Sin embargo, en su momento fui incapaz de ponerle un título, y a día de hoy ahí sigo, dándole vueltas sin encontrar nada que me acabe de convencer.
¿Por qué es tan difícil poner títulos? O a lo mejor es una dificultad exclusivamente mía...
¿me echa alguien una mano?



Carmen odiaba la residencia desde el día en que la visitó por primera vez. A pesar de las zonas ajardinadas que bordeaban el edificio, de la amplitud de las habitaciones, todas perfectamente adaptadas para la comodidad de sus habitantes, a pesar de los colores suaves que decoraban las paredes o del intenso olor a ambientadores frutales que flotaba constantemente por los pasillos. Es un lugar deprimente, sentenció mientras visitaba las instalaciones. Y está lleno de viejos, pensó para sus adentros sin reparar ni por un momento en sus ochenta y siete años. Aún así sabía que su opinión de poco o nada servía, porque la decisión estaba ya tomada por su hijo y por su nuera.
- Aquí vas a estar muchísimo mejor – le dijo su hijo la tarde en la que ingresó. Y parecía más bien que lo repetía para convencerse a sí mismo que para persuadirla a ella. Mónica, la encargada del centro asentía con la cabeza.
- Aquí va a conocer usted a gente de su edad, podrá participar en un montón de actividades. Tenemos hasta un grupo de teatro. Verá usted qué pronto se adapta y lo bien que va a estar.
Pero los meses pasaban y Carmen no dejaba de sentirse una extraña entre aquella gente tan distinta a ella. La educaron para ser una señora, y naturalmente lo fue. Para ello no dudó en sacrificarlo todo, incluso sus sentimientos el día que contrajo matrimonio con Esteban, según había planificado su familia de antemano. Aquello había ocurrido hacía mucho tiempo, sesenta y seis años para ser exactos, pero todavía recordaba vivamente la expresión del rostro de Pedro cuando le comunicó la noticia.
Pedro había sido su primer y único amor. Un amor imposible, a pesar de que por algún tiempo tal vez ambos habían llegado a albergar la esperanza de que pudiera llegar a realizarse. Pero una señorita de su posición no podía casarse con un miembro del servicio. Sin duda Esteban era un hombre más adecuado para ella, y así lo supieron ver sus padres por suerte para todos.
El mismo día de su boda con Esteban, Pedro se alistó en el ejército y nunca más lo volvió a ver. Todavía conservaba los rasgos de niño aunque recientemente había cumplido los diecinueve años. Ella tenía veintiuno y ya había aprendido que en la vida era necesario resignarse para vivir con comodidad.
Digno heredero del negocio familiar, Esteban supo mantener el estatus social que su apellido precisaba. Como esposo fue lo suficientemente discreto como para no exigirle más de lo que una mujer está obligada a darle a su marido. Lo cierto es que la vida a su lado no había sido difícil, incluso había logrado encontrar cierta placidez en la estabilidad y rutina de sus días. El día que Esteban murió, después de treinta y seis años de matrimonio, sintió una tristeza extraña. Por primera vez en su vida se sintió sola, y supo que de alguna manera echaría de menos a su esposo, el olor de sus puros, sus trajes doblados sobre la silla del dormitorio, su andar silencioso por la casa los días festivos…
Pero lo más desconcertante es que, desde ese preciso momento, comenzó a pensar de nuevo en Pedro. Se habían criado juntos, ya que él era hijo de la cocinera, y junto a su prima Inés habían compartido tardes de juegos en los jardines de su casa. Más tarde la adolescencia los sorprendería a ambos cogiéndose la mano, escondidos tras las moreras en algún atardecer de verano. ¡Pedro! ¿Por qué todavía temblaba cuando recordaba su nombre?
Desde la ventana de su habitación, con la cabeza pegada al cristal, miraba a los jardines del centro con cierta melancolía. Soplaba un viento otoñal que esparcía las hojas de los plátanos y no apetecía bajar a pasear. Los viejos estarían en la sala de recreo alrededor del televisor: era la hora de la telenovela. Paseó su mirada por los jardines prácticamente desiertos y llegó a la conclusión de que la tarde estaba triste. Incluso aquel hombre que parecía una parte más de la decoración, sentado sobre su silla de ruedas, tenía aspecto otoñal. Qué extraño, por un momento habría jurado que miraba hacia la ventana de su habitación, pero no, eso no era posible. Sin duda se había confundido. Estaba solo junto a las adelfas, y parecía sujetar algo entre sus manos. Tal vez un recuerdo, un papel, o quizás una foto. Se preguntó quien sería. Nunca antes había reparado en él, lo cual no significaba demasiado porque en los siete meses que llevaba en la residencia apenas había tenido contacto con ninguno de los otros ancianos. A veces tenía la sensación de que eran todos iguales. Pero aquel hombre… sí, ahora estaba segura, lo había vuelto sorprender mirando a su habitación. En un acto reflejo ella se ocultó tras la cortina y él volvió a hundir sus narices en el objeto que tenía entre las manos.

La reconoció desde el primer día en que ingresó en la residencia. A pesar de que habían transcurrido sesenta y seis años desde la última vez que la vio no tuvo ni una sola duda. Era ella. Era Carmen. El tiempo le había arrugado la delicada piel de su rostro, y sus manos estaban cubiertas por una telaraña de venas azules y moradas, pero sus ojos seguían siendo los mismos. Esos ojos hundidos de color oscuro que tantas veces había soñado en la garita durante las noches de imaginaria. Por eso aquel mismo día buscó la fotografía, el único recuerdo tangible que conservaba de aquellos días y la guardó en el bolsillo de su chaqueta. Recordaba el día en que les retrataron con absoluta claridad. Carmen a un lado, Inés al otro, y detrás su madre y Elvira, la niñera de la casa. Era el día de Reyes y le habían regalado un balón que ni siquiera se había atrevido a sacar de la malla para que no se ensuciara. En aquella época todavía no se sentía diferente a las niñas, aunque no tardaría demasiado en aprender que aunque jugasen juntos sus universos estaban mucho más distanciados de lo que él podía imaginarse. Tal vez todo ocurrió como debía de ocurrir – se dijo. Y aún así, hay que reconocer que la cosa tiene su gracia. A mis ochenta y cinco años la vida todavía me guarda sorpresas como ésta. Quién me iba a decir a mí que volvería de nuevo a vivir en la misma casa que ella para pasar los últimos años de nuestras vidas… Resultaba irónico. Aún así él ya había tomado una determinación firme. Nunca le diría quien era.

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