sábado, febrero 28, 2009

UNA NOCHE PERFECTA



UNA NOCHE PERFECTA


Frente al espejo, coquetea con su reflejo mientras se pinta los labios de un rojo intenso. No quiere usar demasiado maquillaje. El justo para iluminarse el rostro. Hace meses que no se arregla tanto, pero esta noche quiere estar perfecta, hacer que él pierda la cabeza cuando la mire.
Antes de salir se calza los zapatos de tacón negros. Al ponerse el zapato derecho, de pie junto a la puerta del dormitorio, desliza sus manos por la pierna para colocarse bien la media. Después hace el mismo gesto con el lado izquierdo. Se mira en la luna del armario, el vestido le queda estupendo, nadie diría que ha sido madre dos veces.
Ya en el ascensor, vuelve a contemplarse en el espejo, se atusa el pelo, se acerca para mirarse bien el maquillaje, se tira del vestido y lo coloca en su sitio, perfecta, ahora sí que está perfecta. Un momento, el anillo. En su mano derecha la alianza brilla con un suave destello, como queriendo advertirle de que no debería estar ahí. Justo antes de que el ascensor llegue al portal, la saca de su dedo y la coloca en un bolsillo interior de su bolso de mano.

Él trabaja en una oficina, a una manzana del restaurante donde han quedado para cenar. La tarde ha sido ajetreada, pero aún así, la sonrisa no se le ha borrado ni un solo segundo de los labios. Media hora antes de la cita, ha entrado en el aseo y se ha mirado detenidamente en el espejo. El cansancio ha hecho mella en su rostro, pero un poco de agua fresca le hará sentir mejor. Con los dedos mojados consigue peinarse hacia atrás, dejando los rizos lo suficientemente alborotados como para no perder naturalidad. Se coloca la corbata, y al momento decide quitársela. Un botón desabrochado… Sí, así estará perfecto. Justo antes de salir por la puerta de la oficina, saca su anillo del dedo anular y lo mete en el bolsillo derecho de la chaqueta. Durante el trayecto, sin ser consciente de ello, irá frotándose el dedo compulsivamente.

Al llegar al restaurante, él ya la espera sentado en un rincón discreto. Al verla aparecer, él se levanta de la mesa y la saluda con un beso en los labios.
—¿Llevas mucho tiempo esperando?
—Ha merecido la pena. Estás increíble.
Al sentarse, ella mira a su alrededor con aprobación. El restaurante todavía conserva su elegancia, desde la última vez que cenaron allí, el año pasado. Una música instrumental añade un toque íntimo al local.
—Han cambiado la decoración —apunta él.
—Algo raro había notado, pero está perfecto. Igual que siempre.
La cena transcurre de manera agradable. El vino blanco, fresco y con un leve sabor a menta, contribuye a hacerles olvidar cualquier tensión acumulada a lo largo del día. Ríen, se acarician las manos desnudas de anillos, se miran con deseo.
A los postres, él sonríe de manera pícara. A ella se le escapa una carcajada. Tal vez se le ha ido la mano con el vino, pero la verdad es que está disfrutando mucho la noche. Él se pone de pie. Ella ya sabe lo que va a hacer a continuación. Él introduce su mano en el bolsillo derecho de su chaqueta y deja su alianza sobre el mantel. Entonces ella también se incorpora de su asiento, mete la mano dentro de su bolso, saca su anillo de casada y lo deja encima de la mesa, junto al otro.
Ríen, les brillan los ojos. Los ocupantes de las mesas cercanas los están mirando desconcertados. Ambos están de pie, y ahora él toma la mano derecha de ella, y acariciando el dedo anular, le introduce suavemente el anillo que ella acaba de dejar sobre la mesa.
—¿Quieres pasar un año más junto a mí?
—Por supuesto. —Ella imita su gesto. Ahora es ella quien acaricia la mano derecha de su marido. —¿Quieres tú pasar un nuevo año a mi lado?
— Claro que sí.
Y mientras se besan, ausentes de todo lo que les rodea, los ocupantes de las mesas cercanas los miran, sin entender muy bien qué está pasando. Más de uno pasará la noche imaginando la historia perfecta que pueda encajar en semejante final.
Lo confieso. Yo soy uno de ellos.

1 comentario:

  1. ¡Pero que cosas más bonitas escribes!. Se me han saltado las lágrimas y todo. Van a pensar que estoy tonta ... ahora tendré que decirles que estoy peor de la alergia (todo el mundo tiene alergia en estos días ¿no?).

    Mari.

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