domingo, mayo 24, 2009

UNA DE HAIKUS

UNA DE HAIKUS



Con el permiso de Toñi, voy a atreverme con el arte japonés de los haikus (ya te advertí que acabaría enganchándome)
Pido disculpas a los maestros del haiku por la osadía, y os animo a que hagais las críticas oportunas. Estoy aprendiendo.




Tarde de mayo,


el cielo se hace plata

y huele a lluvia.

domingo, mayo 17, 2009

EL DESLIZ




EL DESLIZ
(Ejercicio de Fan-Fiction)

Tenía en la mirada la fuerza de una diva. La más deseada por los hombres, la más envidiada por las mujeres. Así era Scarlett. Poderosa, inquebrantable, caprichosa y voluble, pero sobre todo inaccesible, y tal vez por eso mucho más deseable.
La conocí hace muchos años. Ella era casi una niña, y yo un muchacho fuerte y todavía muy ciego, con demasiada ignorancia sobre las espaldas y una cabeza un poco grillada, sin lugar a dudas. De otra manera no se entendería que llegase a comportarme como lo hice, con tantísima inconsciencia. Que me saltase todas las normas habidas y por haber, y me animase a cruzar la línea de una manera tan peligrosa.
Bendita adolescencia que nos empuja al abismo. Bendita locura, porque gracias a ella, hoy puedo presumir de mi pequeño instante de gloria. Sí, durante unos intensísimos segundos, el mundo se detuvo y se hizo perfecto. Durante unos escasísimos segundos, se disiparon las diferencias de clase, y no hubo colores de piel, ni amos, ni esclavos. Durante un brevísimo lapso de tiempo, esos labios finos y sonrosados fueron míos. Absolutamente míos, el día en que ambos perdimos la cordura.
Qué historia para no poder ser jamás contada. Qué secreto tan plomizo me acompaña cada noche, mientras busco el sueño, desde aquel día. ¿Pensará ella como yo en ese beso? ¿Recordará aquella tarde lluviosa, como tantas veces yo la he recordado? La ropa pegada al cuerpo, empapados los dos, en mitad de la oscuridad.
Ella se había empeñado en pasear con su yegua, a pesar de las nubes tan oscuras que cubrían el cielo. Cuando se desató la tormenta, ella se encontraba demasiado lejos de su casa y corrió a refugiarse en los establos de mis señores.
En ningún momento pensó que allí pudiera encontrar a nadie, por eso se sobresaltó cuando descubrió mis ojos entre la penumbra. Ella era muy joven todavía, pero sus pechos ya se intuían, muy suaves, debajo del vestido verde. Yo la reconocí al instante: Scarlett, la deseada por todos. Porque ella siempre fue el anhelo de los hombres, mucho antes de que ella misma llegase a darse cuenta de ello.
Y yo era uno de esos muchachos que la deseaban, a pesar de todo. Inconsciente de mis limitaciones, soñador, como siempre me recriminó mi pobre padre, yo era uno de tantos que soñaba con acariciar aquellos pechos, con desenredarle ese mechón de pelo rojizo que le caía sobre la frente.

Recuerdo un silencio tenso, mis manos atrevidas que se colocaron sobre su cintura, mientras ella me sostenía la mirada desafiante. Y después el beso, sus labios delgados entre los míos, su manos tan suave y tan blanca, trenzando la mía, tan negra y tan áspera.
Fue una locura. Lo sabía en ese mismo instante como lo sé ahora. Aquel atrevimiento podría haberme costado muy caro si ella hubiese hablado. Si ella, la niña caprichosa, hubiese contado a su padre mis atrevimiento, no sé qué habría sido de mí. Por eso, los días posteriores, el miedo me agarrotaba los músculos. Perdía el apetito, las ganas de hablar, e incluso el sueño, ya que en mi cabeza lo único que tenía cabida eran aquellas manos, el vestido verde pegado al cuerpo, los labios finos de Scarlett.
Llegué a caer enfermo, con una fiebre muy alta que mi santa madre intentaba bajar con paños de agua fría. En mi delirio sólo alcanzaba a pronunciar su nombre, pero mi boca estaba tan pastosa, que nadie comprendía mis palabras.
Desde aquel día, intenté por todos los medios que estaban a mi alcance alejarme de los O´hara. Todo lo que un negro lo puede intentar, porque evidentemente, si mis señores me ordenaban acercarme a Tara por algún motivo, no me podía negar a obedecerles. Pero sí que podía pedirle a Dios con vehemencia que librase de tropezarme con Scarlett, ya que tan sólo la idea de volver a encontrarme frente a frente con esos ojos de caramelo, hacía que me subiese otra vez la fiebre.
Y así conseguí esquivarla durante muchos años. Sabía de sus andanzas por las conversaciones ajenas. Scarlett se había convertido en una mujer calculadora, ambiciosa, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se proponía.
Pero como el destino es caprichos, y no gusta de dejar las historias deshilvanadas, al fin llegó el día en que nos volvimos a encontrar.
Fue en la ciudad. Yo sacaba brillo al coche de mi señor cuando la vi pasar del brazo de su segundo marido. El corazón me dio un vuelco, pero creo que para ella el encuentro fue incluso más embarazoso. Scarlett, la inquebrantable, la mujer que nunca se venía abajo por nada, torció el gesto y fingió no haberme visto, mientras apretaba con fuerza el brazo de su orgulloso marido.
La seguí con la mirada, mientras se alejaban, hechizado por ese halo que siempre la ha envuelto. Entonces ella giró la cabeza. Fue un segundo, apenas imperceptible, casi como un gesto para colocarse el cabello, pero lo suficiente como para que yo entendiera todo.

Mi secreto era también su secreto. Scarlett no podía permitir que nadie supiera, que en algún momento de su vida, había tenido un instante de debilidad. Scarlett, la mujer caprichosa, que manejaba a los hombres a su antojo, tuvo un desliz en una tarde lluviosa. Fue tan sólo un beso, apenas un segundo de fragilidad, un momento breve. Y sin embargo ─ahora lo sabía─ lo suficientemente intenso como para haberle robado el sueño alguna que otra noche.
Yo tuve a Scarlett durante un instante, y eso es mucho más de lo que nunca conseguirán muchos de esos blancos adinerados.

miércoles, mayo 13, 2009

EL CHICO DE AYER

EL CHICO DE AYER

Si me permitís el juego de palabras...
No quería dejar pasar la ocasión de brindarle un pequeño homenaje póstumo a Antonio Vega. Para los que crecimos con canciones como "La chica de ayer", "Se dejaba llevar" o "El sitio de mi recreo", su muerte marchita algo en nuestro interior.
Antonio era algo más que un músico: era un genio. Sus letras eran poesía en estado puro, y sus canciones llegaban adentro, sobre todo si las cantaba él con su voz aniñada y dulce.



Ayer, cuando escuché la noticia de que Antonio Vega nos dejaba, no pude evitar acordarme de otro genio: Enrique Urquijo.
Y he llegado a la conclusión de que, si en tu vida eres capaz de sembrar una semilla lo suficientemente fértil como para que te recuerden, uno nunca llega a morir completamente.
Esta canción es especial para mí, y quiero dedicársela a una persona importante en mi vida.

miércoles, mayo 06, 2009

A DORMIR


A DORMIR


Buscando vídeos en youtube para mi hija, he dado con éste de hace unos años en el que "las tres mellizas" mandaban a los niños a la cama".





A lo largo de los años, han sido muchas las canciones que han aparecido en televisión para animar a los más peques a irse a dormir; desde la familia "Telerín", hasta Los Lunnis, pasando por Casimiro, e incluso Topo Giggio, pero ésta me ha llamado la atención porque relaciona la hora de acostarse con el hábito de la lectura.

Últimamente, los encargados de dar las buenas noches a los más peques son los "gamberros" del programa de Pablo Motos (El hormiguero), a quienes aprovecho para felicitar por el premiazo Rose d´Or que les han otorgado (sí, ya sé que la probabilidad de que alguien del programa lea ésto, es aún más pequeña que la que tengo de que me toque el cupón de la once del viernes, pero como no cuesta nada ser educada, ahí queda eso).







Por cierto, ¿recordáis quién os mandaba a vosotros a la cama cuando érais peques?

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