domingo, mayo 17, 2009

EL DESLIZ




EL DESLIZ
(Ejercicio de Fan-Fiction)

Tenía en la mirada la fuerza de una diva. La más deseada por los hombres, la más envidiada por las mujeres. Así era Scarlett. Poderosa, inquebrantable, caprichosa y voluble, pero sobre todo inaccesible, y tal vez por eso mucho más deseable.
La conocí hace muchos años. Ella era casi una niña, y yo un muchacho fuerte y todavía muy ciego, con demasiada ignorancia sobre las espaldas y una cabeza un poco grillada, sin lugar a dudas. De otra manera no se entendería que llegase a comportarme como lo hice, con tantísima inconsciencia. Que me saltase todas las normas habidas y por haber, y me animase a cruzar la línea de una manera tan peligrosa.
Bendita adolescencia que nos empuja al abismo. Bendita locura, porque gracias a ella, hoy puedo presumir de mi pequeño instante de gloria. Sí, durante unos intensísimos segundos, el mundo se detuvo y se hizo perfecto. Durante unos escasísimos segundos, se disiparon las diferencias de clase, y no hubo colores de piel, ni amos, ni esclavos. Durante un brevísimo lapso de tiempo, esos labios finos y sonrosados fueron míos. Absolutamente míos, el día en que ambos perdimos la cordura.
Qué historia para no poder ser jamás contada. Qué secreto tan plomizo me acompaña cada noche, mientras busco el sueño, desde aquel día. ¿Pensará ella como yo en ese beso? ¿Recordará aquella tarde lluviosa, como tantas veces yo la he recordado? La ropa pegada al cuerpo, empapados los dos, en mitad de la oscuridad.
Ella se había empeñado en pasear con su yegua, a pesar de las nubes tan oscuras que cubrían el cielo. Cuando se desató la tormenta, ella se encontraba demasiado lejos de su casa y corrió a refugiarse en los establos de mis señores.
En ningún momento pensó que allí pudiera encontrar a nadie, por eso se sobresaltó cuando descubrió mis ojos entre la penumbra. Ella era muy joven todavía, pero sus pechos ya se intuían, muy suaves, debajo del vestido verde. Yo la reconocí al instante: Scarlett, la deseada por todos. Porque ella siempre fue el anhelo de los hombres, mucho antes de que ella misma llegase a darse cuenta de ello.
Y yo era uno de esos muchachos que la deseaban, a pesar de todo. Inconsciente de mis limitaciones, soñador, como siempre me recriminó mi pobre padre, yo era uno de tantos que soñaba con acariciar aquellos pechos, con desenredarle ese mechón de pelo rojizo que le caía sobre la frente.

Recuerdo un silencio tenso, mis manos atrevidas que se colocaron sobre su cintura, mientras ella me sostenía la mirada desafiante. Y después el beso, sus labios delgados entre los míos, su manos tan suave y tan blanca, trenzando la mía, tan negra y tan áspera.
Fue una locura. Lo sabía en ese mismo instante como lo sé ahora. Aquel atrevimiento podría haberme costado muy caro si ella hubiese hablado. Si ella, la niña caprichosa, hubiese contado a su padre mis atrevimiento, no sé qué habría sido de mí. Por eso, los días posteriores, el miedo me agarrotaba los músculos. Perdía el apetito, las ganas de hablar, e incluso el sueño, ya que en mi cabeza lo único que tenía cabida eran aquellas manos, el vestido verde pegado al cuerpo, los labios finos de Scarlett.
Llegué a caer enfermo, con una fiebre muy alta que mi santa madre intentaba bajar con paños de agua fría. En mi delirio sólo alcanzaba a pronunciar su nombre, pero mi boca estaba tan pastosa, que nadie comprendía mis palabras.
Desde aquel día, intenté por todos los medios que estaban a mi alcance alejarme de los O´hara. Todo lo que un negro lo puede intentar, porque evidentemente, si mis señores me ordenaban acercarme a Tara por algún motivo, no me podía negar a obedecerles. Pero sí que podía pedirle a Dios con vehemencia que librase de tropezarme con Scarlett, ya que tan sólo la idea de volver a encontrarme frente a frente con esos ojos de caramelo, hacía que me subiese otra vez la fiebre.
Y así conseguí esquivarla durante muchos años. Sabía de sus andanzas por las conversaciones ajenas. Scarlett se había convertido en una mujer calculadora, ambiciosa, capaz de cualquier cosa por conseguir lo que se proponía.
Pero como el destino es caprichos, y no gusta de dejar las historias deshilvanadas, al fin llegó el día en que nos volvimos a encontrar.
Fue en la ciudad. Yo sacaba brillo al coche de mi señor cuando la vi pasar del brazo de su segundo marido. El corazón me dio un vuelco, pero creo que para ella el encuentro fue incluso más embarazoso. Scarlett, la inquebrantable, la mujer que nunca se venía abajo por nada, torció el gesto y fingió no haberme visto, mientras apretaba con fuerza el brazo de su orgulloso marido.
La seguí con la mirada, mientras se alejaban, hechizado por ese halo que siempre la ha envuelto. Entonces ella giró la cabeza. Fue un segundo, apenas imperceptible, casi como un gesto para colocarse el cabello, pero lo suficiente como para que yo entendiera todo.

Mi secreto era también su secreto. Scarlett no podía permitir que nadie supiera, que en algún momento de su vida, había tenido un instante de debilidad. Scarlett, la mujer caprichosa, que manejaba a los hombres a su antojo, tuvo un desliz en una tarde lluviosa. Fue tan sólo un beso, apenas un segundo de fragilidad, un momento breve. Y sin embargo ─ahora lo sabía─ lo suficientemente intenso como para haberle robado el sueño alguna que otra noche.
Yo tuve a Scarlett durante un instante, y eso es mucho más de lo que nunca conseguirán muchos de esos blancos adinerados.

4 comentarios:

  1. Cuando lo leíste aquel día en la reunión ya me gustó, me parece una historia creíble tratándose de Escarlata O´hara, una mujer con narices, y muy bien narrada.

    Gracia

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  2. El personaje me parece muy interesante y la historia es chula y está muy bien contada.

    Me gusta mucho las fotos con que la has ilustrado.

    Un beso.

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  3. Muchas gracias a las dos.
    Gracia, me alegro que te gustara. Siempre me fascinó el personaje de Scarlett -concretamente el binomio Vivian Leigh/Scarlett-por esa fuerza que tiene para sobreponerse a cualquier cosa.
    En cuanto a las fotos, Toñi, como todavía no domino este mundillo bloguero, he de confesar que me costó lo suyo insertarlas.
    Pero voy aprendiendo, que no es poco.
    Un abrazo

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  4. Hola, Paula mi nombre es Nelson tengo 18 a~os recien los cumpli y quiero decirte que escribes muy te admiro muchisimo eres muy buena excelente. me gustaria hablar con tigo puedes contactarme a JmzNelson@Gmail.com porfavor.

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