domingo, enero 24, 2010

¿Arte o garabatos?


No sé si irá escrito en alguna parte de nuestro código genético; tal vez sea una reminiscencia de nuestros antepasados de la prehistoria, pero lo cierto es que, tarde o temprano, casi todos los peques acaban enganchando los lápices de colores y decorando las paredes de casa.
Bueno, quien dice las paredes, dice una almohada, o las toallas del cuarto de baño... El caso es dejar testimonio multicolor de que estuvieron ahí.
Y es que, cuando uno está descubriendo los colores, tiene que ser francamente difícil reprimirse al pequeño espacio de un pedazo de papel.
Hace tiempo encontré a alguien en un foro sobre maternidad, que contaba que había reservado en casa una pared, justo detrás de una puerta, en donde dejaba explayarse a gusto a su hijo. Así había conseguido que respetase el resto de paredes de la casa, y de paso daba rienda suelta a su creatividad al estilo "Miguel Ángel".
No sé, particularmente, prefiero dejar claro lo que se debe hacer y lo que no, y que los niños respeten los espacios comunes, aunque supongo que a veces no es tan fácil pensarlo como conseguirlo.
Con Irene hemos tenido ya alguna manifestación artística, aunque nada serio por el momento. Un par de rayajos en el papel de su dormitorio, que se borraron fácilmente, y una muestra algo más extensa en las sábanas de nuestra cama, que salieron sin problemas con un poco de detergente. Claro que, aún es pequeña, y todavía no ha entrado en la edad de desobedecer a todo y a todos. Tiempo habrá, supongo, y ya veremos entonces como lo resolvemos.
Por cierto, el mismo razonamiento podemos aplicarlo a niños más mayorcitos y a las paredes de la calle. Me encantan los graffiti, algunos me parecen auténticas obras de arte, pero creo que hay que respetar las zonas comunes y la propiedad privada.

2 comentarios:

  1. Lo primero es enseñarles a respetar a los demás y a sí mismos.
    Cada día cuando me pongo a escribir (uso el mismo portabloc desde hace veinte años) si la inspiración no llega, saco dos hojitas bastante pachuchas. Una es de David, dibujó a la hormiga Ferdy, tendría unos tres años, ahora tiene 24. El otro es de Diana, ella me hizo una princesita, tendrá más o menos el mismo tiempo. Aún me emociono cuando los veo. No saben que los guardo ahí, seguro que me tachaban de sentimental o algo peor, pero es que las madres ejercemos durante toda la vida. Besos. Pepi.

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  2. ¡Qué bonito Pepi! Nunca dejas de sorprenderme. Creo que a ellos en el fondo también les emocionaría saber que guardas esos tesoros después de tantos años. Otra cosa es que te lo confiesen.

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