domingo, junio 06, 2010

Sin tele

Últimamente estoy un poco vaga para actualizar el blog. Y no porque no haya temas sobre los que me gustaría hablar, pero lo cierto es que estoy demasiado dispersa como para hacer una entrada en condiciones sobre asuntos serios.
Sin embargo, esta tarde me apetece traer una noticia que leí hace unos días en un periódico local y que me llamó poderosamente la atención.
La noticia recogía la situación de algunas aldeas pequeñas de Albacete -aunque supongo que en el resto de España el fenómeno también se habrá repetido- que no han llegado a tiempo en la adaptación a la televisión digital y llevan algunos meses sin poder verla. Concretamente hablaba del caso de las Anorias, una pequeña población de 150 habitantes.
Y me llamó poderosamente la atención la historia por varios motivos, aunque evidentemente no me parece ni tan trágico ni tan catastrófico como nos lo quieren pintar en la prensa, básicamente porque, se pongan como se pongan, me niego a considerar la televisión como un bien de primera necesidad.
Yo sé lo que es vivir en un pueblo pequeño, con las posibilidades de ocio limitadas. Yo he tenido temporadas en las que encendía la televisión nada más entrar en casa, porque me hacía compañía (cuando vivía sola). La mayor parte de las veces ni la veía, pero ahí estaba, de ruido de fondo mientras yo leía un libro, cocinaba o escribía.
Y sin embargo, ni siquiera en aquella época me habría costado desprenderme del bicho si me hubiese visto en la necesidad.
Si lo pensamos, tampoco hace tantos años que convive con nosotros. Hemos sobrevivido durante millones de años sin ella, y la gente se lo montaba estupendamente para distraerse. Seguramente, los habitantes de esas poblaciones olvidadas por la TDT han descubierto formas de ocio que ya tenían prácticamente olvidadas.
Me apuesto a que muchos han salido más a la calle, se ha llenado la plaza del pueblo, se han sacado las sillas a la calle y se ha hablado mucho más con el vecino. Primero para quejarse, de acuerdo. Para lamentarse por el abandono, por esa puñetera costumbre española de dejarlo todo para el último momento... Pero también para contarse el día, para explicarse lo que les preocupa, para criticar incluso, que también es una afición de lo más estimulante.
Me apuesto también a que dentro de casa, una vez recuperados del aturdimiento, una vez que uno se acostumbra a entrar al salón sin darle al botoncito (que lleva su tiempo, eso es cierto), a la hora de comer, aunque solo haya sido para romper el silencio incómodo, alguien habrá preguntado "¿qué tal el día?" y alguien habrá contado sus preocupaciones, se habrá desahogado. Y otro habrá dado un consejo. Tal vez hasta se haya discutido más (es normal) pero también se habrán conocido más, habrán convivido, para bien o para mal. Y me apuesto a que se sentirán más una familia después de todo.
La verdad, es que cuando leí la noticia, no pude evitar acordarme de algo muy parecido que nos ocurrió a nosotros hace unos meses en Alfaz del Pi. Hacíamos una escapada de fin de semana los dos solos (la primera y la única desde que nació Irene) y elegimos un hotel con spa para desconectar de la rutina.
Bien, pues cuando estábamos haciendo el registro en el hotel, la recepcionista nos abordó con un inquietante
-Hay un pequeño problema.
-¿Cuál? -contestamos los dos pensando que ya era mala suerte, para una vez que se nos ocurría salir solos.
-No hay televisión -aclaró- nos ha pillado el apagón analógico y estamos haciendo la instalación en este fin de semana.
Recuerdo que sonreí. ¿De verdad hay alguien que ve la tele en los hoteles?
Y me refiero a verla, no a curiosear por los canales extranjeros para ver que ponen. Yo sinceramente, cuando voy de vacaciones, lo único que me interesa del hotel es que esté limpio, que tenga una cama grande y cómoda, muchos chismes en el cuarto de baño, y que el personal sea agradable.
La tele es como los cuadros, un elemento más de decoración.

Por cierto, prometo volver sobre este tema dentro de unos meses para analizar los efectos del apagón sobre los núcleos olvidados.
Yo voto porque habrá baby boom en las Anorias.
¿Vosotros qué pensáis?

1 comentario:

  1. Yo veo la tele en los hoteles, pero no cuando voy en compañía ;) (son las únicas oportunidades que tengo para ver tranquila las noticias).

    ¿Qué te voy a contar? Cuando entré en la primera casa que compartimos juntos con SM la tele salió... ¿La echo de menos? A ratos. Hay cosas como los documentales, las noticias y las series de misterio que no me pierdo cuando estoy en un sitio con tele, pero siempre con la meta de ver algo y apagar, no de ver por ver. Y odio el tonillo monocorde como ruido de fondo (cuando estoy sola, prefiero ponerme música). No, no creo que me haya arrepentido de aquella decisión, ni siquiera cuando me quedo sin ver Eurovisión con amigos, como este año. ;)
    Un supersaludo

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