domingo, agosto 08, 2010

Esta noche he soñado

Esta noche he tenido uno de esos sueños que hacen que te despiertes con una sensación de placidez. No diré que haya sido una revelación, sino más bien un reencuentro.
Hoy he soñado con Ayna, un lugar que para mí está cargado de un enorme poder simbólico.

Yo no sé si Ayna llegó a mí o yo llegué a Ayna, hace diez años, un catorce de febrero. En aquel momento, yo no sabía que alguien pudiese enamorarse de un lugar, sentirse parte del paisaje. A mí me ocurrió.
No sé si será el enclave, inesperado, atípico. O la calma con la que allí transcurre el tiempo. Si los sabores que guarda la tierra y reparte con generosidad a través de la huerta. Tal vez sea el olor de los pinos, del romero, de la ajedrea, o de la mejorana el día del corpus. O incluso puede que sean los sonidos del viento enjaulado entre el valle, el río eterno que discurre, con el mismo aplomo, desde hace siglos. No sé.
Es posible incluso que Ayna estuviese siempre dentro de mí, latiendo perezosa a la espera del momento en que mis ojos la descubrieran.
¿O fueron sus ojos quienes me descubrieron a mí?
Desde el primer día supe que era tan mía como yo suya. Por eso la disfruté tantas tardes, paseando sus calles moras, retorcidas y desordenadas. El río y la huerta guiaron mis pasos otras muchas veces, y mientras respiraba el aire y emborrachaba mis pulmones con tanta pureza, me iba fundiendo con todo aquel universo, y me dejaba envolver con miles de años de sabiduría, de belleza y de paz de espíritu.
Hoy sé que nunca he salido de allí, porque Ayna sigue viviendo en mí y yo sigo viviendo en ella, de alguna manera imposible, como un eco que rebote una y mil veces en cada una de sus piedras.
Por eso, siempre que vuelvo, tengo esa sensación de sentirme como en casa.
Allí recuperé mi pasión por escribir, de hecho, allí gesté y ambienté una novelita que duerme en algún lugar del disco duro de mi ordenador, esperando quizás que llegue otra vez su momento, y sea capaz de corregirla o reescribirla, y dale por fin el soplo que merece.
En Ayna también me descubrí a mí misma, y me supe capaz de casi todo. Vivía sola sin sentirme jamás sola. En algún momento, llegué incluso a pensar en echar allí mis raíces, pero aquel no era mi destino, y la vida me llevó por otros derroteros.
Recuerdo que la última noche que dormí en la pequeña buhardilla que tenía alquilada, salí a dar un paseo, subí por la calleja empinada que muere en el cuartel de la guardia civil y, apoyada en aquel balcón privilegiado, me despedí.
Tenía la sensación de que, en algún momento, echaría de menos todo aquello; las casas desiguales, colgando aquí y allá, desafiando al paisaje; las luces amarillas, como pequeñas candelas, salpicándolo todo con un brillo tímido; las piedras enormes, coronando los cerros.
Quería beberme aquella estampa, capturarla en mi retina tal cual era en ese instante, para que acudiese a mi memoria cada vez que la necesitase. Cada vez que quisiera saber quien soy. Cada vez que me buscase, ya que yo pertenezco a ese paisaje.
Por eso, esta noche he soñado con Ayna. Para recordarme que ese paisaje no se termina en un recodo del camino. Sigue fluyendo con más caudal incluso. Como el río.









Las fotos las he tomado prestadas de la página de Facebook "Turismo en Ayna (Albacete)". Un besazo para todos los ayniegos, naturales o adoptivos.

4 comentarios:

  1. Tal y como lo describes, un sitio al que hay que ir... necesito más vacaciones.
    Un supersaludo

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  2. Precioso, Paula. A través de tus palabras he reconocido Ayna. Me encantaría pasar allí unos días, porque es un lugar encantador y tal y exacto como lo describes.

    Gracias por compartir.

    Un beso. Toñi

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  3. Veras..Paula, al leer tu relato no he podido evitar que las lágrimas corrieran por mi rostro...Nací en Ayna en 1977, mi padre fué Guardia Civil, y vivia en el Cuartel,toda mi infancia la pasé allí,hasta los 7 años, luego hemos vuelto varias veces y siempre que voy lloro, la ultima vez que estuve fué en 2009.
    Aunque viva 1000 años siempre la llevaré en mi corazón....aquellas tardes de baño en la piscina de la Toba, o en el Mundo,mi colegio que lo veia desde la puerta del cuartel, aquellas nevadas,o la primera vez que vi la Cueva del Niño con 5 años de edad...aquellas noches en el bar de la Cueva, mi añorado municipal José el Porras, el cual me subia con el a los depositos del agua por las tardes....infinifad de recuerdos..
    Aunque viva donde viva, mi corazón siempre vivirá en Ayna.
    Las palabras no hacen justicia a mis sentimientos, lo siento.
    Curro.

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    Respuestas
    1. Así es Ayna, capaz de mantener las emociones aunque pasen los años.
      Gracias por compartir tu historia.

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