jueves, agosto 26, 2010

IRENE Y SUS COSAS

Te miro y no entiendo que mi cuerpo pudiese formar algo tan perfecto, que fuese capaz de alimentarte, que me sientas tan tuya como yo a ti mía. Y es que a veces pienso que somos lo mismo, porque estamos hechas de la misma sustancia.

Pero en otras ocasiones te observo, y descubro en tus ojos, en tu sonrisa, en tus lágrimas, en ese gesto, en tu tozudez rotunda, en tantas pequeñas cosas, a una persona distinta, casi ajena a mí. Mezcla extraña y caprichosa de genes. ¡Qué combinación tan genial!

Recuerdo cuando eras un bebé, y me encantaba tenerte en mis brazos. Cuantas veces tuve que oír que te estaba acostumbrando mal, y lo cierto es que era yo misma la primera que disfrutaba teniéndote tan cerca.

Aún me encanta tenerte en brazos, mecerte y que te duermas pecho con pecho. Creo que todavía seríamos capaces de coordinar los latidos.

Me gusta que te acerques por sorpresa y me agarres la cara por las dos mejillas para plantarme un beso. Esos besos que tan poco prodigas, pero que de vez en cuando a mí me regalas a manos llenas.

Vale, es cierto, que a veces se me acaba la paciencia, pero es que tu energía es incontenible, y yo no podría seguir tu ritmo un día completo por mucho que lo intensase. Ni tú misma aguantas la mayoría de las veces, y el cansancio te vuelve un poco arisca, y te da por llorar.

Pero al final siempre acabas abrazándote a mí, y me pides que te limpie los ojos de lágrimas. Es tu forma de decir, vamos a terminar con esto, porque las dos somos imperfectas, y no siempre nos entendemos. Pero siempre acabamos descubriendo el camino para volver a encontrarnos.

Me gusta que te subas en mis rodillas y me pidas con esa sonrisa pícara que te cuente un cuento.

─Cuéntalo mamá. El de Caperucita.

Y al final acabamos contándolo a medias, porque ya te lo sabes de memoria.

O que juguemos a “ponguer” pegatinas, o a mirar los catálogos de juguetes. Así aprendiste tus primeras palabras ¿lo recuerdas?

Que cantemos todas esas canciones que ya ni recordaba, y todas las que he aprendido gracias a ti.

Me divierte mucho recordar contigo las historias de las vacaciones, esos pequeños detalles que sin duda antes habrían sido irrelevantes, inventar conversaciones con los abuelos, usando el mando de la tele como teléfono, peinarte y mirarnos al espejo, pintarnos los labios, ver vídeos en “you tube”, yo que sé… tantas cosas…



Las cosas de Irene, que son también mis cosas.

3 comentarios:

  1. :-)

    Precioso, Paula. Tierno y emocionante, me llega tu ternura y comparto contigo la felicidad de ser madre.

    Un beso para Irene y otro para tí.

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  2. No creas que todo este cúmulo de emociones tiene final, afortunadamente no es así, cada etapa de la vida de un hijo tiene cosas increiblemente hermosas.
    Y un secreto siempre será "tu niña" aunque ronde la treintena. Beneficios que tenemos las mamas.
    En serio me ha encantado. Besitos. Pepi.

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