martes, octubre 12, 2010

Cien años de soledad


Hacía tiempo que un libro no me absorbía de esta forma: estoy leyendo Cien Años de Soledad.
Mi historia con esta novela es reincidente, porque ya comencé a leerla hace años sobre un libro que resultó defectuoso, ya que tenía varias páginas en blanco. 
No es la primera vez que me pasa: te sumerges en una historia, casi eres parte de ella, sus personajes conviven en tu día a día y de repente... la trama se quiebra por un error de imprenta.
En un momento así, uno se da cuenta de que lo que tiene en sus manos es un objeto elaborado por humanos, sujeto a equivocaciones, y no la llave pseudomágica que abre la puerta a otros mundos que siempre he creído que es un libro. Y estrellarse con la realidad de esa manera suele dejar un impacto casi traumático.
Recuerdo que mi cabreo fue monumental, hasta el punto de dejar el libro aparcado en la estantería y pasarseme las ganas de continuar la historia.
La tarea artesanal la hizo mi marido (entonces todavía novio), quien se descargó una versión en pdf del libro, y con esa paciencia que solo él tiene, se entretuvo en cuadrar el tamaño de la letra de manera que las páginas encajasen perfectamente con las del libro en cuestión.
Una vez lo hizo, imprimió las hojas que faltaban y las insertó en los huecos. Desde entonces el libro quedó completo, aunque un poco descompuesto.
Han tenido que pasar casi diez años, y darse ciertas circunstancias (aburrimiento de la novela que tenía entre manos y una propuesta relacionada con García Marquez del Club de Escritura) para que haya vuelto a caer en mis manos esta magnífica novela. Y como digo, me tiene tan atrapada que creo que no será la última vez que la lea.
He de confesar que a estas alturas tengo un buen lío de nombres y generaciones, y es que son tantas las historias que se trenzan en la misma novela, que a veces uno hasta se pierde. Y yo alucino de que el propio autor no lo hiciera, porque tejer semejante madeja tuvo que ser una tarea extremadamente laboriosa y metódica, a parte de derrochar imaginación por los cuatro costados.
Me encanta el estilo en el que los personajes se describen a través de sus actos, la constante trasgresión de los límites de la realidad, incluso los párrafos eternos en los que alcanzar un punto y aparte puede llevarte varias páginas, porque el ritmo es tan trepidante que llega a ser hipnótico.
Y es que había leído otros libros de Gabriel García Márquez, libros que también llegaron a engancharme, pero creo recordar que no de forma tan compulsiva como éste.
Será que libro y lector deben confluir en un determinado momento, y de alguna manera este debía de ser el nuestro.

PD. Cuando leí hace unos días que Mario Vargas Llosa había recibido el premio nobel de literatura, no pude evitar preguntar en voz alta ¡Ah! ¿Pero no lo tenía? Seguro que no he sido la única a la que le ha pasado.
Eso solo puede significar una cosa: que ya iba siendo hora.







2 comentarios:

  1. Paula debo confesar que tan solo había ojeado este libro alguna vez, ahora, puesto que ya he devorado "Romance de ciego", intento separar los personajes de una y otra novela y aunque no me está siendo fácil, porque me tienen atrapada ambos, seguiré intentandolo. Besos. Pepi.

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  2. Sabía que te gustaría "Romance de ciego". Yo no descarto releerlo cuando me desocupe un poquito... ¿¿¿cuando???

    Un beso

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