sábado, octubre 02, 2010

MELOCOTONES TARDÍOS


En un pequeño pueblo navarro, a orillas de río Aragón, existe una casa antigua con un pequeño jardín a la espalda. Como ocurre en tantos pueblos, la casa solo está habitada un puñado de días al año, más por nostalgia que por otra cosa, porque la tierra siempre llama, aunque uno haga la vida a cientos de kilómetros.
Hace años, un día de primavera, gracias a ese afán caprichoso que tiene la naturaleza por mantener el ciclo de la vida, brotó un pequeño melocotonero en mitad del jardín, entre los hierbajos y las flores silvestres. Nadie iba a cuidar de él, pero nació con empeño por sobrevivir, así que poco a poco sus raíces se fueron hundiendo en la tierra, buscando la humedad del río cercano.
Como nadie jamás lo podó, sus ramas se fueron retorciendo en busca de la luz. Compitiendo entre ellas, enredándose las hojas. Tal vez no fuera un árbol bonito, desde un punto de vista estético. Pero era fuerte, y no hubo plaga que se atreviese a entristecer sus colores.
Nunca se fumigó, ni se mezcló la tierra que lo alimentaba con abonos artificiales. Todo en él ha sido siempre naturaleza en estado puro.
Hace un par de días algunos de sus melocotones llegaron hasta mi casa. Desde entonces mi cocina huele como nunca antes lo había hecho, y comer fruta se ha convertido en un auténtico placer. Todo en ellos, el sabor, la textura, la jugosidad, el aroma, me están haciendo dudar de que esas pelotitas anaranjadas que suelo comer cada verano, sean realmente melocotones.

3 comentarios:

  1. Paula la vida se abre paso donde menos lo esperas, así sin mimos ni cuidados. Y aún dicen que el otoño es una estación triste, si casi puedo oler esos melocotones que guardas en tu cocina. Besos. Pepi.

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  2. Resiste por su cuenta y regala excelencia.

    ¿Que mas se puede pedir?

    Me gustaria ser asi.

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  3. Así es, Pepi. La vida cuando se propone abrirse paso puede ser muy persistente. Y el resultado suele ser casi siempre extraordinario.

    Jorge, eso es lo que yo llamo ser un luchador. Y ya lo decían los griegos: "Lo difícil es bello"

    Un beso a los dos.

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