viernes, febrero 25, 2011

Música clásica y una pequeña adivinanza

Esta melodía de Debussy fue utilizada como música de cabecera para un programa infantil.

Os propongo un juego... ¿Sería alguien capaz de recordar el nombre del programa?

No es fácil, lo sé, pero ahí está el mérito.


Y en cualquier caso, si no dais con el programa, que disfrutéis de la música, que es absolutamente preciosa.

Buen fin de semana

jueves, febrero 24, 2011

Nuestro Parque cumple cien años

Siempre es un buen momento para celebrar un parque. Y si ese parque cumple cien años, con mayor motivo.
En Albacete tenemos muchos parques y zonas verdes, pero El Parque, así en mayúsculas, todos sabemos cual es. Aunque ya haya cambiado de nombre tres veces. Porque primero se llamó de  Canalejas,  luego fue de los Mártires, y ahora es de Abelardo Sánchez. Pero para l@s albaceteñ@s siempre será El Parque, sin más.
Y ayer cumplía su primer centenario llenando de oxígeno y de naturaleza la vida de la ciudad. Cien años acompañándola en su día a día, de paseos tranquilos, de gente corriendo, de niños jugando, de ancianos conversando en un banco a la sombra, o jugando al mus, o leyendo la prensa local…
Todo el que haya vivido alguna vez en Albacete tiene un recuerdo ligado al Parque. La zona infantil, el estanque de los patos, las ardillas y las palomas, el templete de la música, el kiosko, el Museo, el Aula de la Naturaleza, el colegio San Fernando…

Anoche  los alumnos del Conservatorio Torrejón y Velasco quisieron celebrar este cumpleaños con música. Con buena música.
Fue en el Teatro Circo, otro lugar especial de la ciudad, y ya que tuve el privilegio de que me invitasen, no puedo menos que agradecerles desde aquí ese concierto tan estupendo, interpretado con todo el cariño y la sensibilidad con que suelen tocar estos chicos.
He escuchado en otras ocasiones a los chicos del conservatorio, dirigidos por el genial Vicent Ferragut, y siempre consiguen emocionarme. La música es una más de mis frustraciones, y las personas que son capaces de tocar un instrumento merecen toda mi admiración.

En esta ocasión nos trajeron a Bach, Mozart, Albinoni, Strauss, o temas más modernos como la banda sonora de Harry Potter. Una agradable manera de terminar un miércoles, qué duda cabe.

Felicidades Parque

sábado, febrero 19, 2011

Trenes y recuerdos


Cuando éramos pequeños, mi padre solía llevarnos a ver trenes. Entrábamos a la estación con toda la naturalidad del mundo, sin maletas, sin prisas, disfrutando del paisaje como quien visita un museo o un monumento en un viaje turístico. Mirábamos al enorme panel negro en donde se reflejaban ordenadas las salidas y llegadas de trenes. Talgo con destino a Valencia, regional procedente de Madrid, a veces algún destino más lejano, como Sevilla o Barcelona. Allí era fácil dejar volar la imaginación, y convertirse en viajero por un instante. Aquel lugar era un portal a otros mundos, a lugares desconocidos que entonces se me antojaban casi inaccesibles. Sería tan fácil, solía yo pensar, subirse a uno de estos trenes, y dejarse transportar. Sentir otro aire en el rostro, perderse por calles desconocidas, respirar otros olores y observar otros edificios, otras caras. En definitiva, todo lo que conlleva implícito la palabra viajar.
Para mi padre los trenes guardaban en su interior un aliento de nostalgia. Recuerdos agridulces, por más que uno se empeñe en quedarse con lo más agradable. Pero hay historias que nunca se pueden olvidar por mucho que uno lo intente.
Historias tristes, de las que no le gusta demasiado hablar, aunque a veces no le quede más remedio. Porque las historias aprietan la garganta, y desean ser contadas. Esa es su manera de continuar vivas, de seguir existiendo, de reinventarse incluso.
foto estacion de Albacete desde pte Madera foto Mariano Lucas R._resize
Las historias nunca son iguales por mucho que uno las cuente, siempre son historias nuevas, aunque hablen del pasado. Por eso, a los niños les gusta escuchar la misma historia cientos de veces. Porque siempre es una historia diferente, con nuevos matices. Siempre se descubre algo nuevo en una vieja historia, y siempre nos enseña algo. Aunque no siempre seamos conscientes de ello.
En aquellas visitas a la estación de trenes, a mi padre se le dibujaba una sonrisa infantil en los labios. Los ojos se le hacían aún más pequeños y la mirada se le perdía en el tablón de salidas y llegadas. Mucho más allá, en un lugar muy parecido a aquel, pero a la vez bien distinto. Como ha cambiado todo –se decía- parece mentira que todo aquello ocurriese. Porque, no hace tanto de aquello. Parece mentira.
Talgo procedente de… Madrid, con destino… Valencia una suave voz femenina anunciaba la llegada inminente de un tren, y como un resorte, todo el movimiento de la estación se aceleraba de golpe. La gente a nuestro alrededor se levantaba de los asientos, cogía sus maletas, sus mochilas, sus bolsos. Abrazos, besos, prisas, algunos nervios aquí y allá, mientras yo, ajena a todo, intentaba imaginar las historias que se escondían detrás de aquellos rostros, de aquellos gestos.
Andén número… cinco, vía… dos repite la voz. La entonación deja al descubierto que se trata de una grabación. No sería tan difícil entonar correctamente, para que no se notara tanto el corte pensaba yo. Es cuestión de recitar los números pensando en la frase que irá justo delante.
Entonces, en ese momento, mi padre solía ponerse en pie y contagiarse del movimiento que sacudía a la estación. Es una especie de inercia, casi imposible de contener que nos suele empujar a movernos cuando todo el mundo lo hace a nuestro alrededor, como si la multitud te arrastrara y no pudieses quedarte quieto, como un mero espectador de la vida de los demás. Como cuando todo el mundo corre al salir del metro y tú, que realmente estás de vacaciones, y tu ritmo debería ser pausado, no puedes evitar correr también, arrollado por la necesidad de llegar a tiempo a no se sabe donde.
¡Vamos a ver el tren! Andén cinco, vía dos. Hay que bajar por ahí.

         De vez en cuando teníamos suerte y encontrábamos algún tren descansando en una vía muerta. Entonces podíamos subir a algún vagón e imaginar que éramos viajeros en realidad.
         Recuerdo una sensación extraña al subir las escaleras, porque no podía evitar pensar que en cualquier momento aquel vehículo podía ponerse en marcha y llevarnos dentro hacia quien sabía donde.
         ¿Y si se pone en marcha? preguntaba nerviosa mientras mi padre se acomodaba en uno de los asientos.
         Pues ya nos bajarán en algún sitio contestaba él con media sonrisa en los labios.
         ¿Y como volvemos a casa entonces?
         Pues subiéndonos a otro tren, claro.
         Pero yo no lo veía tan claro. Vivía en un universo perfectamente ordenado y la idea de que alguna pieza del engranaje pudiese desencajarse me ponía especialmente nerviosa. Era una especie de vértigo extraño, el famoso miedo a lo desconocido que siempre me ha acompañado, e incluso me ha paralizado a veces de una manera incontrolable y muy frustrante.
         Y entonces mi padre nos contaba una historia que parecía tan lejana, tan irreal, que casi nos parecía un cuento. Era difícil entender que el hombre que hablaba y el niño que vivía aquellas aventuras fuese la misma persona. Sin duda el tiempo había curado bien las cicatrices, o al menos eso aparentaba mientras hablaba saboreando la historia, como si estuviese recordando una vieja película.
         Era la historia de un niño que vendía gaseosas en la estación…




Este es el enésimo comienzo de una historia que todavía le debo a mi padre.
Las fotos que lo ilustran las he sacado de http://www.zonainmobiliaria.es y de la estupenda página de imágenes de Albacete http://albacete-fotos.blogspot.com

lunes, febrero 14, 2011

Amor verdadero (por Jorge Bucay)

Me vais a permitir que hoy traiga este texto de Jorge Bucay. Realmente suelo sentirme muy cómoda leyendo a este hombre, y sus relatos tienen la capacidad de llegarme muy adentro y de darme serenidad en momentos de dudas.


AMOR VERDADERO

… "Amor" es posiblemente una de las palabras más usadas en los últimos doscientos años. A su sombra se han justificado las atrocidades más espantosas y se han explicado las actitudes más solidarias. Los santos, los dictadores, los bondadosos, los asesinos, los sacerdotes y los hechiceros, los eruditos y los analfabetos, los amantes y los desamorados; todos hablan de amor y muchos de ellos ni siquiera saben de que están hablando. 
Definir sentimientos es de todas maneras un gran desafío y un reto imposible de salvar completamente, sin embargo podemos aproximarnos, compartiendo nuestras ideas acerca de ellos. 
No escribiré aquí sobre el amor de las novelas románticas, eterno y excluyente; ni sobre el amor de las tragedias griegas, dramático e irresistible sino sobre el amor de nuestros tiempos, sobre nuestro amor; un amor que no es ningún sentimiento sublime, reservado para unos pocos ni tampoco algo que se siente exclusivamente en un momento de la vida frente a una única persona. 
Un amor posible y real, que está íntimamente emparentado con lo que cotidianamente llamamos "querer mucho" a alguien. Si definimos el querer como "el más puro interés por el bienestar de otra persona" podremos entender que amamos cuando sentimos que nos importa muchísimo el bienestar de otro.
El amor "verdadero" es pues, el verdadero interés por lo que le suceda a alguien; sea ese alguien tu hijo, tu madre, tu pareja, tu vecino o el prójimo anónimo y desconocido. Estoy diciendo que si alguien por cercano que sea, no se interesa en lo que te sucede, no pregunta por tus cosas, nunca tiene espacio para escucharte y mucho menos para tenderte una mano deberás asumir (aunque sea doloroso) que mucho no te quiere, aunque ande dejando cartitas y haciéndote regalos todos los meses. Puede sonar doloroso y contundente, pero así es. 
Por el contrario, la persona que se ocupa de tí y le importas; la que se alegra con tus logros y te acompaña en un momento difícil pero respeta tus tiempos y tus elecciones; la que siente interés por lo tuyo sin querer poseerte; esa persona posiblemente te quiere aunque te grite que nunca te quiso, aunque jure y perjure que ya no te quiere más. 
Todos los filósofos, pensadores, religiosos y terapeutas de la historia han creado su propia definición acerca del amor. 
De entre ellas quiero dejar aquí la que Josef Zinker propone en su libro "El proceso creativo": El amor es el regocijo por la sola existencia de la persona amada.
Y también, porqué no, la mía.
El amor es la sincera decisión de ocuparse en crear un espacio de libertad para la persona amada. Un espacio tan grande y no condicionado como para que ella pueda elegir lo que desee: aun cuando su decisión no me agrade, aun cuando su elección no me incluya.

sábado, febrero 12, 2011

El dichoso reloj biológico

Hubo un tiempo en el que pensé en tener una familia numerosa. Me llamaba la idea de ser madre y cuando me planteaba cual era mi número de hijos ideal siempre pensaba en el tres.
Luego llegó la realidad, las cosas se alargaron más de lo previsto, y poco a poco empecé a mentalizarme de que nada iba a ser exactamente como yo lo había imaginado. Pero no me importó.
Cuando nació Irene nuestra vida se llenó tanto que decidimos que ya no tendríamos más hijos. A eso se le sumó el miedo, o mejor dicho los miedos.
Miedo a pasar de nuevo por un proceso que puede ser muy desgastante a nivel psicológico, a que esta vez las cosas no salieran tan bien como en la primera ocasión. 
Miedo a un embarazo complicado, a un parto aún más complicado, miedo a otra cesárea.
Temor a no ser capaz de organizarnos.

Durante estos tres años, cuando alguien me preguntaba si tendría un segundo hijo siempre tenía clara la respuesta. No.
Es cierto que me quedaba un poco de desazón por mi hija, porque tal vez un día se vería sola sin un hermano en el que apoyarse. Me parecía injusto en cierto sentido privarla de la experiencia de compartir sus cosas con alguien, una persona cercana a quien contarle sus secretos, o incluso alguien de confianza con quien discutir. Y tal vez ese fue el hilo sobre el que empecé a tirar y tirar y ahora me encuentro en mitad de esta lucha interna que no sé siquiera si tiene solución posible.

No sé qué me pasa últimamente, pero por primera vez en mi vida oigo en mi interior eso que llaman el reloj biológico.

¿Y si algún día me arrepiento de no haber tenido más hijos?
¿Y si ya es tarde incluso?
¿Sería una imprudencia buscar un embarazo a estas alturas? De nuevo los miedos...
Pero si dejo que los miedos decidan por mí ¿no será mayor su fuerza a medida que avance mi edad?

Hasta hace apenas unos meses tenía las cosas muy claras. Cuando veía a mis amigas embarazadas de sus segundos o terceros hijos me alegraba por ellas, pero no me veía a mí misma en situación. Había decidido, sabía lo que quería, y pensaba que sería así para siempre.

Y sin embargo... ¿y si me estoy equivocando? ¿puede alguien parar de una vez ese maldito reloj para que pueda pensar con un poquito de calma?

Y sigue sonando ese tic-tac implacable... 

miércoles, febrero 09, 2011

Lactancia materna, por supuesto, pero sin fanatismos

Quienes me conocen de otros foros saben que defiendo la lactancia materna siempre que puedo. Como alimento no tiene competencia, es sin ningún género de dudas la mejor opción, se adapta a las necesidades específicas del lactante, cambia su composición "a la carta" dependiendo de la succión que éste realiza, fortalece el sistema inmunológico del bebé...
Los beneficios para la madre también están suficientemente contrastados, ayuda a recuperarse en el post parto, tanto física como psíquicamente, e incluso existen estudios que relacionan la lactancia con una menor incidencia de cáncer de mama y ovario o de osteoporosis.
La Organización Mundial de la Salud recomienda la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del bebé, y mantenerla combinada con otros alimentos hasta al menos los dos años de edad.
Siempre he dicho (y lo mantengo) que a nivel personal la lactancia ha sido una de las experiencias más bonitas que he vivido en toda mi vida. La oportunidad de alimentar a tu hijo con tu propio cuerpo es algo que merece la pena vivir y sentir.
 Es cierto que no todo es un camino de rosas, y que la lactancia exige estar disponible, pero también es cierto que puede ser muy cómoda en muchos sentidos, porque te permite salir de casa prácticamente "con lo puesto", sin necesidad de preveer con antelación cuanto tiempo vas a estar fuera, ni cuantas tomas va a necesitar tu bebé.
Creo que la formación y la información en temas de lactancia materna es necesaria en todos los niveles, tanto a nivel particular, madre a madre, como a nivel incluso sanitario, donde te encuentras a veces con consejos contradictorios y con mucha falta de confianza en la capacidad natural de las madres para amamantar que habrá que ir limando poco a poco.
Es evidente que en los últimos cincuenta años se ha perdido por completo la cultura del amamantamiento y para recuperarla habrá que trabajar todavía un poco más.
En la época de nuestros abuelos era habitual ver mujeres dando el pecho. Siempre había alguien criando, y además las mujeres no se andaban escondiendo, con lo cual cuando una mujer tenía un hijo sabía casi de manera intuitiva lo que tenía que hacer y cómo lo tenía que hacer. La lactancia materna es una conducta aprendida, que se transmite por imitación. Al fallar los modelos la conducta se pierde.
En ese sentido los grupos de apoyo a la lactancia (grupos de madres que se informan, aconsejan y apoyan mutuamente) ayudados por la cercanía que nos permite Internet, están haciendo muy bien los deberes.

Sin embargo, como digo en el título del post, hay posturas que pueden resultar tan radicales que hacen que todo rechine, y que ponen en peligro incluso el trabajo de mucha gente en la labor de concienciación y apoyo de la lactancia.
Me parece absurdo, por ejemplo, que alguien cuestione el apego que una madre puede tener con su hijo en función de la alimentación que elija. El apego, el famoso vínculo es algo mucho más complejo y en el que intervienen muchísimos más factores que la alimentación.
No me gustan las posturas radicales (de una minoría, lo sé, pero que nos meten a los demás en el mismo saco) los mensajes lanzados con aires de suficiencia que afirman sin más, que todas las mujeres pueden dar el pecho, lanzando una puya de culpa hacia aquellas que, por los motivos que sea no han podido.
Conozco a muy pocas madres que no hayan intentado dar el pecho al nacer sus hijos. El éxito, como en todo en la vida, depende de muchos factores. Hay una parte de técnica, y hay mucho de confianza. En un momento (el postparto) en el que las mujeres estamos especialmente vulnerables, el apoyo del entorno es fundamental. Y sobre todo es fundamental también sentirse bien con lo que se está haciendo.
Cada niño es diferente, cada madre también y cada cual conoce sus circunstancias que no tiene por qué andar explicandole a nadie. Somos adultos y tomamos decisiones de adultos. Por suerte tenemos al alcance de la mano soluciones para que los niños crezcan sanos si la teta falla. Y nadie tiene derecho a cuestionar a nadie, que bastantes presiones tenemos ya como para andar complicandonos más la vida innecesariamente.

En resumen (post largo hoy), lactancia materna siempre que se pueda. Pero si no se puede, tampoco hay que rasgarse las vestiduras. Que ser madre es muchísimo más y dura toda la vida.


viernes, febrero 04, 2011

Tal día como hoy

Tal día como hoy, hace tres años, comenzó la mejor aventura de mi vida.

Hoy parece que hayas estado aquí desde siempre.


¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS PRINCESA!!!

martes, febrero 01, 2011

Notas internas



1. Si tecleas el DNI de una persona sobre el teclado del teléfono, no es seguro que consigas hablar con esa persona.




2. El teclado del teléfono tampoco sirve para sumar, restar, multiplicar, ni tiene conexión inalámbrica con la hoja de cálculo.




Continuará...

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