jueves, marzo 17, 2011

Porque dormir es un placer

Hace tiempo que quiero hablar sobre el sueño infantil, pero no sabía muy bien como traer el tema sin generar polémica.
Nunca he pretendido decirle a nadie como debe hacer las cosas, cada cual se organiza en casa como mejor puede, y yo no soy quien para entrar en "cama ajena" para decidir como y donde debe dormir cada cual.
Pero me apetecía contar como nos ha ido a nosotros, por si a alguien le sirve la experiencia. Para ahuyentar demonios, tal vez, y mostrar que la rigidez de los libros altera a veces nuestra percepción de las cosas, y que lo que para algunos es un problema, otros lo abordamos con naturalidad y sin prisas, ni calendarios ni relojes.

Me viene a la memoria una conversación que tuvimos entre amigas, cuando Irene todavía no había cumplido un año, y los hijos de las demás andaban entre los seis y los dieciocho meses.
Una de mis amigas se mostraba preocupada porque su hija "todavía" no se quedaba dormida sola. Al parecer la niña dormía estupendamente durante muchas horas, pero le costaba conciliar el sueño por las noches, y alguien le había transmitido la idea de que su hija tenía un problema, porque a esa edad debía dejarla sola en su cama y quedarse dormida.
Recuerdo que hice un comentario tratando de quitar hierro al asunto, comentando que era muy pronto para pretender algo así, que la dejaran a su ritmo y que no se preocupasen por tal cosa. Pero entonces la madre del niño más pequeño contestó:
-Pues mi hijo se duerme solo en la cuna.
Yo, que sabía de qué palo iba, intenté pasar de puntillas por el tema y dije algo así como
-Bueno, es que cada niño es diferente.
A lo que ella contestó
-No, es que tiene que llorar. Pero así aprende a dormirse.

Aquel día me fui a casa muy cabreada. No llegaba a entender esa necesidad porque un bebé se duerma solo en su cuna, cuando es tan estupendo tenerlo dormido junto a tu pecho, o acostarte a su lado y contarle un cuento o cantarle una canción hasta que concilie el sueño. No entendía por qué "tenía que llorar" como si no hubiese más opción posible.
Pero lo que más me cabreó fue la rotundidad de mi amiga, como si no hubiese mayor verdad ni más forma de hacer las cosas que esa. ¿Por qué tiene que llorar? Si a ti te parece bien que el tuyo lo haga, está bien, eres su madre. Pero no le digas a nadie lo que tiene que hacer o no con sus hijos. Y sobre todo, ¿por qué convencer a alguien de que tiene un problema de esa manera tan gratuita?

No la culpo a ella. Es una madre estupenda y me consta que daría cualquier cosa por sus hijos. Pero leyó "el libro", y parece ser que la convencieron.

Será porque yo no tuve una cama para mí sola hasta bien cumplidos los siete años. O será porque no tuve un dormitorio para mí sola hasta que no tuve veintitrés (en realidad pasé a tener una casa de dos plantas para mí sola)  O será por mi carácter, mi tendencia a relativizar las cosas, mi cachaza que diríamos por aquí... No sé, pero yo nunca vi la necesidad de hacer las cosas de otra manera a como las he hecho. Es mi opción, y funciona.

A día de hoy, para Irene la hora de irse a la cama es un momento agradable, con su cuento incluido, y con el abrazo de mamá o de papá, que se quedan junto a ella hasta que se queda dormida. A Irene le encanta dormir en su habitación, pero ella sabe, que la "cama grande" siempre tiene un huequecito para ella. Aunque evidentemente no es tan bonita como su cama de princesas, y en la habitación de papá y mamá no hay libros ni juguetes. Pero está más calentita y siempre habrá un consuelo contra las pesadillas o los ruidos nocturnos.

Desde el principio he tenido dos cosas lo suficientemente claras:

- La primera es que no iba a pasarme las noches haciendo viajes por el pasillo. Si en mitad de la noche ella se cambia a nuestra cama... ahí se queda. Salvo excepciones, suele dormir en su cuarto hasta las siete de la mañana, para después apurar a nuestro lado el último sueño.
Si un día aparece antes, no se hace ningún drama. De hecho, algunos días nos despertamos y nos la encontramos entre los dos, sin que ninguno haya sido consciente de cuando se ha cambiado.
¿Es eso un problema? Tal vez para alguien lo sea. Para nosotros no.

-La segunda cosa que tenía clara es que no tenemos ninguna prisa en que crezca. Cada etapa a su tiempo, y cada cambio a su ritmo. Así lo hemos entendido siempre, y hasta ahora parece irnos bien.

3 comentarios:

  1. Llegara un momento en que no querrán dormir contigo pero mientras hay que disfrutar. Mi cama a veces parece un ir y venir de "visitantes" je je. Lo que pasa es que he tenido que poner ciertas normas para que todos descansemos, es que somos muchos ...De todas formas ellos saben que si están malitos, tienen una pesadilla o les pasa algo siempre tienen un huequito en la cama grande.
    Y lo mejor son las mañanas de los fines de semana que hacemos cama redonda

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  2. Si nos dieramos realmente cuenta lo deprisa que crecen los hijos, disfrutaríamos mucho más de ellos. Yo he compartido cama, mantel, siesta... Lo que hiciera falta y en cuanto tengo la oportunidad aún lo hago. Besos.

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  3. ¡Y qué divertidas son esas camas redondas de fin de semana!

    Un abrazo a las dos.

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