lunes, agosto 08, 2011

Varias cosillas

Llevo unos días que no sé exactamente qué me pasa pero me siento mucho más cansada de lo normal. Agotada, prácticamente un despojo humano. Y no es exactamente sueño lo que tengo, es una sensación de andar todo el día cuesta arriba. El calor me pesa, el mero hecho de pensar en hacer cualquier tarea hace que se me venga el mundo encima. No sé explicarlo bien, pero es como si no fuese yo misma, o como si me pesase la sangre en las venas.
A escasos días de irme de vacaciones, tengo la sensación de que no voy a llegar a hacer todo lo que tengo que hacer esta semana. Y es que comienzo a ser persona a partir de las siete de la tarde, poco más o menos.
Posiblemente sea todo consecuencia del calor, pero por si acaso he pedido cita con el endocrino para hacerme un chequeo y comprobar que tengo todo en su sitio. Ya os contaré.


Por otro lado, esta tarde me han ocurrido dos cosas curiosas que me gustaría comentar, porque últimamente tengo la sensación de que hay una especie de borrasca de negatividad en el ambiente, y sin darnos siquiera cuenta, nosotros mismos nos vamos contagiando los unos a los otros de pesimismo.
Son dos pequeñeces, prácticamente dos sucesos sin transcendencia, pero que tal vez, precisamente por esa poca importancia que les damos, se nos cuelan en el subconsciente y nos acaban influyendo con más fuerza.


La primera anécdota ha ocurrido en el supermercado. Caminaba en dirección al trabajo y se me ha ocurrido pasar a comprar un par de cosillas para el viaje y alguna bebida fresquita para levantarme el espíritu. Concretamente estaba pensando en un refresco con cafeína, la marca daba igual, siempre que estuviese frío. Al pasar, me he encontrado con un chico que andaba reponiendo en la sección de líquidos y le he preguntado:


-¿Tenéis bebidas frescas?


A lo que él me ha contestado, con un tono bastante inseguro


- Pero... "solo" tenemos cerveza allí, y al lado refrescos... bueno, y también hay zumos en aquel otro pasillo. Agua no hay.


Y no sé si será por deformación profesional, pero me he quedado con la sensación de que el chico me ha transmitido una inseguridad suya sin ser en absoluto necesario.
En primer lugar, yo no le había pedido agua. Seguramente, él estaba preocupado porque no tenía agua fresca, y automáticamente ha deducido que yo buscaba precisamente eso pero.... es que yo no buscaba agua.
Es más, realmente tenía un montón de alternativas, pero me lo ha ofrecido como si su oferta no fuese lo suficientemente buena.
Creo que esta respuesta habría sido mejor:


- Sí. Allí tienes cerveza y refrescos. Y si quieres zumos los tienes en aquel otro pasillo.


Y solamente si yo hubiese preguntado


- ¿Y no tenéis agua?
- Pues no, se nos acaba de terminar. Lo siento.


¿Estáis conmigo en que muchas veces una aptitud adecuada lo cambia todo? Creo que muchas veces nuestros propios miedos e inseguridades nos cierran demasiadas puertas.


Y por último, la segunda anécdota que os contaba. O el consejo de un compañero recientemente jubilado.
Tras los saludos de rigor, a mi pregunta


- ¿Qué tal la jubilación?


me contesta


- Pues, todavía no me he mentalizado del todo. En el fondo tengo la impresión de estar de vacaciones. Pero ¡Ay vosotros! ¡Lo que os queda por pasar!
- Buenos, hay que vivir un día, y luego el siguiente, y poco a poco veremos qué va pasando.
- Sí... ¡que tengas suerte!


Y creo que ha sido una de esas veces, en las que, como en el teatro, habría preferido escuchar:


-Rómpete una pierna.


Así que os pido un pequeño favor, que además es gratis. Vamos a intentar contrarrestar con unas gotas de espíritu positivo toda esta ola de pesimismo que nos está comiendo. Vamos a empezar por lo pequeño, y ya veréis como poco a poco lo vamos a ir contagiando.


Por favor, sonreid, que no sabemos en qué momento nos pueden estar haciendo una foto.


BESOS

8 comentarios:

  1. Ánimo!! estoy contigo, no hay que dejarse llevar por el pesimismo, aunque claro, todos tenemos días mejores y días peores.
    Yo creo que los peores son antes de las vacaciones, sobre todo si tienes una montaña de cosas por hacer, así que tranquila, respira hondo haz una lista por orden de importancia y vete contando los días que quedan para disfrutar.
    Para avanzar hay que hacer primero una cosa y después otra.

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  2. Anímate Paula, piensa en lo bien que lo vas a pasar y verás como todo cambia.
    Un beso.
    Alicia.

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  3. Dientes, dientes... como dice la Pantoja. :)

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  4. Hola Chitin, tienes razón, justo antes de irme de vacaciones me entra la neura, pero si no fuera por eso, habría cosas que nunca haría...

    Alicia, me queda bien poquito, la verdad. A ver qué tiempo nos hace.

    Matapollos, a dientes no hay quien me gane. Aunque me estén llamando de todo, yo la sonrisa no la pierdo. ¡Y no veas qué gusto da ver la cara de decepción que se les queda a algunos jajaja.

    Besos

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  5. Es cierto que la actitud es todo, Paula, y es verdad que son pequeñas cosas, pequeños detalles, los que nos hacen tener un día pésimo o radiante (o como poco pasable). Así que intentemos ponernos las gafas de abeja (y no las de mosca), un buen consejo que una vez me dio una persona estupenda y que de vez en cuando llevo a la práctica, ¡y con buenos resultados!!

    Un beso y arriba esos ánimos.

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  6. A mí siempre me gustó la miel...

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  7. Vale, lo confieso, aunque lo intento y mucho, pertenezco al gremio de las inseguras pesimistas... upsss, ves, no tendria que haberlo confesado, tendria que haberte deseado unas superfelices vacaciones. Seguro que despues de respirar algo de aire puro llegan tiempos mejores, mujer.
    Un supersaludo

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  8. Bueno, Superwoman, yo creo que a veces lo que tenemos alrededor nos condiciona. Y es evidente que no está el patio para muchos cohetes.
    Pero hay que hacer el esfuerzo, aunque solo sea por nosotros mismos.
    Me voy de vacaciones con asuntos pendientes, con un montón de urgencias de última hora, pero con muchas ganas de tumbarme en la playa y olvidarme de todo.
    Estoy pensando incluso dejar el portátil en casa... no sé si aguantaré el mono.

    Un abrazo.

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