jueves, octubre 27, 2011

Las cosas que me pasan (o razones para no coger el coche en Albacete)


Para los que no conozcáis Albacete, os diré que es el lugar idóneo para desplazarse a pie o en bicicleta. Por su tamaño asequible y sobre todo por su llanura, pero también porque es una ciudad con las aceras bastante anchas, con muchísimos escaparates en los que distraerse, con zonas verdes...
Desde que tengo uso de razón, he caminado con gusto por esta ciudad, y siempre me ha resultado difícil entender por qué la gente se sigue empeñando en ir en coche a todos lados. Y sin embargo, el tráfico crece y crece de manera incontrolada y yo me pregunto ¿de verdad compensa?
Bien, pues por esas cosas que me pasan de vez en cuando, hoy he podido constatar que, efectivamente, coger el coche en Albacete no suele compensar.
Empecemos por decir que hoy es jueves, y eso suele significar que tengo que trabajar de mañana y tarde (de 8 a 15 y de 16:30 a 20) Mi oficina está a unos quince minutos a pie desde mi casa, de modo que a mediodía puedo ir allí a comer, descansar un poquito con un buen capuccino entre las manos y volver al trabajo.
Sin embargo, esta tarde tenía una reunión en otro lugar algo más retirado de mi casa. Digamos que a unos veinticinco minutos a pie. Y como no quería prescindir de mi ratito de descanso después de comer, ni a mi capuccino, se me ha ocurrido la "brillante idea" de acercarme en coche. 
Al salir de mi casa ya llevaba la hora un poco justa, pero en unos diez minutos (semáforos y glorietas incluidos) estaba frente al edificio donde tenía mi reunión, dispuesta a dejar mi coche en algún lugar medianamente legal y cumplir con mis obligaciones. 
Iba dispuesta a dejar el coche en zona azul, y por supuesto no es que pretendiera dejarlo justo en la puerta,  pero no, no era tan fácil, que va, que va. 
Posiblemente porque nunca me han gustado las pirulillas que algunos no dudan en hacer, como colarse unos metros en dirección prohibida para meter el morro en una plaza de aparcamiento que acabas de ver. No, yo doy la vuelta a la manzana de cinco calles para coger la dirección correcta y al llega... OHHHH!!!!! El de delante tuvo más suerte que yo. Cachis... cosas que pasan.
No importa, porque si cojo esta calle y doy la vuelta al Parque.... Espera, por aquí no se puede dejar el coche porque está la policía y está prohibido... y por aquí.... vaya que no, que por aquí no era, que me tengo que ir a por esta calle, a ver si en alguna más estrecha hubiese suerte... ¿pero de donde han salido tantísimos garajes? Leñe, si hay más chapas que números en la calle.
Espera, que por aquí suele haber sitio... pero no, por aquí es prohibido, espera, ya me pasé. La siguiente. Mira qué sitio tan mono, ah no, que es para minusválidos. ¿Zona roja? Esto qué era... ufff no me fío... sigo buscando.
Total, y para resumir... más de media hora dando vueltas para finalmente acabar poniendo el huevo (léase el Focus) en un parking subterráneo.
A todo esto, yo tranquila. Cuando sabes que ya no llegas tarde, sino lo siguiente, ponerse histérica sirve de poco. Además, aquí seguro que hay sitio de sobra y hasta puedo eleg... Ups ¿Reservado? ¿Reservado? Reservado, reservado, reserv... pero ¿donde empiezan las plazas para los que llevamos media hora desesperaos? Ah... ahí, detrás de aquel todo terreno que está intentando la maniobra imposible. Bien, esperemos. Ya no tengo prisa. A ver este hombre si atina... p´alante...p´atrás...p´alante otra vez... espera querido, que me cuelo ya y tú vas siguiendo solito.
¡Mira! ¡si aquí hay un montón de sitios libres! ¿Y qué hace el del Toyota haciendo tanta maniobra si lo podía haber dejado aquí con holgura? No lo pienses, tú aparca y sal pitando a la reunión.

Balance del primer desplazamiento:

- Tiempo que hubiese invertido a pie:      25 minutos
- Tiempo que he invertido en coche:       35 minutos

Bueeeeeno, pues termino mi reunión a eso de las seis y cuarto y me dispongo a irme otra vez para la oficina.
Bien, bajo a mi parking, tengo suerte y recuerdo donde lo he dejado (primer sótano, paredes naranjas) busco mi llave, busco mi tarjeta del parking, me subo a mi coche yo tan feliz, arranco, me dirijo a la salida y... justo antes de meter la tarjetita por la ranura me viene una inspiración o un instante de lucidez de esos que una tiene de vez en cuando y pienso
Estoooo yo creo que esto había que pagarlo ¿verdad? Sí, va a ser que sí.
Reaparco de nuevo y visualizo una máquina de cobro a unos metros de donde estoy.
Os vais a reir, pero hasta ese momento ni me había parado a pensar en el dinero que llevaba en el bolso. Y ¡Oh sorpresa! Llevaba el monedero tan vacío que daba miedo. (Estas cosas me pasan de vez en cuando) Supongo que al trabajar en un banco, de lo último que se acuerda una es de llevarse dinero a casa. Me consta que no solo me pasa a mí, sino que es una especie de "síndrome" que nos afecta a los del gremio.
En fin, que por un momento los hados se ponen de mi parte, y enseguida veo que la maquinita (que está muy preparada para la vida moderna) admite pagos con tarjeta. Menos mal, porque juntando las monedillas de cobre no sé si habría juntado los 2,50 € que tenía que pagar. 
El caso es que le meto la tarjeta a la máquina y... me la escupe.
No pasa nada, porque justo en ese momento aparece el típico paisano al que una mujer en apuros suele preguntar y me dice ¿has probado a meterla al revés?
No es mal consejo (pienso) y la vuelvo a meter... nada, que la máquina no quiere mi tarjeta. Total, para 2,50 € habrá dicho que escarbe un poco en el bolso.
Vas a tener que ir a que te cobre el cajero -me sugiere el buen hombre. Y yo, con mis tacones estupendos resonando por aquel pasillo inmenso, me dirijo resuelta a que el cajero me cobre. El hombre ni se inmuta, debe estar acostumbrado a que la gente le meta tarjetazos de 2,50 €, así que ya, tan contenta me vuelvo a mi coche y salgo del parking.
Obviamente, al llegar a la zona de mi oficina, volvemos a empezar con el baile del aparcamiento. Al final acabo dejando el coche a un paseo de diez minutos de la oficina. Llego a las siete en punto de la tarde.

Balance del segundo desplazamiento:

- Tiempo que habría invertido a pie: 15 minutos
- Tiempo que he invertido en coche: 45 minutos (es cierto que mi despiste es un agravante que solo me afecta a mí, pero aún así, salvando el incidente del parking, no compensa)

En resumen, que usando el coche, no solo he gastado más tiempo en mis desplazamientos, sino que me ha costado 2,50 € el parking, más la gasolina, más el coste ecológico... 
Casi que lo único bueno que le he sacado al asunto es que he podido volver a disfrutar de un programa de radio que me encanta (La Ventana, en La Ser) y eso sí, gracias a eso no he perdido los nervios, ni me he estresado, ni me he enfadado con ningún conductor, ni me he saltado ningún semáforo, ni me he tirado a la yugular de nadie. 

Por cierto, se me ha vuelto a olvidar sacar dinero... Lo sé. No tengo arreglo.

5 comentarios:

  1. Bufff, me he estresado sólo de leerte!! a veces, nos puede la comodidad y luego nos arrepentimos :-)
    Por cierto, yo no soy del gremio banco y lo no llevar casi dinero en la cartera me pasa siempre!!

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  2. Yo uso solo el coche en días en que no tengo más remedio... Y eso que el tráfico en la aldeíta no tiene nada que ver con España en su totalidad (qué miedo que hemos pasado en estos días de verdad)...
    Un supersaludo

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  3. Jajajaja!! cierto, compensa, pero ¡a veces hay que vivir aventuras como éstas!!!
    Un saludo,

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  4. ke suerte tienes!!! yo tengo que ir a 1 de viaje de ida y otra hora de vuelta para llegar a Albacete,todos los días..

    te cambio el curro...

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  5. Chitin, ya veo que no soy la única que le pasa eso con el dinero. Más de una vez he tenido que pagar el desayuno con calderilla. Y con cara de poker digo ¿Necesitas cambio?

    Superwoman, yo creo que lo de España con el coche ya es de vicio. He vivido en pueblos de 2000 habitantes en los que la gente iba en coche de un extremo a otro de la plaza. ¡Patético!

    Ciudadana C, tienes razón. Estas son las cosas que le dan "salsa a la vida" jejejeje

    Mojul8, sé bien de lo que hablas. Tan solo llevo trabajando en Albacete capital un par de años, y la verdad es que esos viajes acaban notándose al final de la semana.
    Pero también tiene su lado bueno. Las cosas que yo recuerdo con más cariño son, poder escuchar la radio tranquilamente durante el viaje, los paisajes, el tiempo de reflexión, y si iba acompañada, el vínculo que se creaba con los compañeros.
    La parte negativa son las nieblas y los hielos...

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