miércoles, noviembre 30, 2011

Una pequeña primicia

Llevo tiempo dándole vueltas, muchas vueltas. Lo he corregido tantas veces y hay tantas versiones por ahí circulando, que ya ni siquiera se parecen entre ellas. Pero por fin parece que lo voy teniendo claro: Voy a editar mi primer libro de poesía en solitario.
Seguramente, si todo sale según los cálculos podría estar en las librerías para la primavera. Aunque si por algún motivo se retrasa, septiembre también podría ser una buena fecha.
Sé que posiblemente es una locura sacar un libro de poesía en los tiempos que corren, pero una buena amiga me dijo una vez algo que no se me quita de la cabeza: Tú no tienes derecho a guardarte eso.
Y probablemente tenga razón, porque si hay una sola persona, que pueda disfrutar leyéndolo, alguien a quien sea capaz de tocarle dentro con mis palabras, o una única persona que pueda emocionarse con alguno de los poemas, yo no tengo ningún derecho a ponerme por medio.
Y de momento poco más puedo deciros. Bueno sí, que he puesto muchísimas emociones y muchísima ilusión en cada uno de los versos, y que estoy deseando tenerlo en mis manos. Solo eso.
Por otro lado, cualquier sugerencia, consejo, idea, en fin, lo que se os ocurra, será muy agradecida y tenida en cuenta.

domingo, noviembre 27, 2011

50 Seguidores, 50 millones de gracias

Esta semana he llegado a la bonita cifra de 50 seguidores, y quiero daros las gracias por estar ahí, al otro lado.
Todavía flipo cuando veo que la gente llega a mi blog desde lugares como Rusia o la República Checa, que algun@s hasta repiten, y que much@s tenéis además el detallazo de dejar vuestra opinión, vuestro granito de arena para que esto tenga mucho más sentido.
Pues eso, que muchísimas gracias, y para celebrarlo os mando un abrazo en forma de canción ya que no os lo puedo dar en vivo un@ por un@.

martes, noviembre 22, 2011

Los políticos no entienden de conciliación

No llega a sorprenderme la noticia, y sin embargo, sí que consigue que me enfade. Ya el domingo, cuando vi a Soraya Sáenz de Santamaría subida al balcón de la calle Génova, celebrando la victoria de su partido en las elecciones generales pensé: Pero ¿qué demonios hace esta mujer ahí? Y es que, si consideramos que hacía exactamente nueve días que había dado a luz a su hijo, una piensa que no debía estar ni siquiera en condiciones físicas de andar por ahí danzando (el propio Rajoy tuvo que dar un toque de atención para evitar que se pusiera a dar botes a petición del público con un sonoro y paternal: tú no puedes, que a mí me sonó más bien a vamos, ni se te ocurra.
Del apego, de las ganas de estar pegada a su bebé, de la implantación de la lactancia (qué cosas se me ocurren) y todas esos aspectos de la maternidad... mejor ni entro a valorarlo. Debe ser que las mujeres en política están por encima de sus hormonas y además tienen otras prioridades.
Ayer lunes, a primerísima hora de la mañana, Soraya ya nos dejaba claro que estaba incorporadísima a su actividad política concediendo entrevistas a los medios de comunicación, y hoy  nos desayunamos con la noticia de será ella quien coordine las reuniones del traspaso de poderes entre el antiguo gobierno y el recién salido de las urnas.
Debe ser que en todo el partido popular no había nadie más que pudiera hacerse cargo de esa labor, porque Soraya no va a agotar ni tan siquiera las seis semanas intransferibles del permiso de maternidad. Apenas nueve días de descanso, es lo que se ha concedido para disfrutar de algo tan especial y tan irrepetible como es la experiencia de la maternidad, el primer contacto y el conocimiento de su primer hijo.
Como digo, no voy a entrar a valorar cuales son las prioridades de esta señora. Allá cada cual con sus valores y su concepto de lo que es valioso e importante. Ella ha elegido y sabrá sus motivos.
Ni siquiera me preocupa el pequeño Iván. Estoy segura de que acabará desarrollando los apegos y los vínculos que necesite con las personas que realmente acaben ocupándose de él.
Me preocupa mucho más la patada en la boca que da con su actitud, a todas las personas que han luchado y continúan luchando hoy en día, por conseguir un cambio de mentalidad en la sociedad a favor de la conciliación laboral y personal/ familiar.
Me preocupa la lectura que puedan hacer los empresarios cuando ven que una puérpera se incorpora a su actividad laboral a los nueve días de haber parido, en plena cuarentena y con los puntos todavía frescos. Seguro que a más de uno se le ocurre: si ésta puede, tú también puedes.
¿Y por qué piensas tan mal Paula? Porque una ha escuchado tantas veces ciertas frasecitas envenenadas que lo último que necesitamos es que algunas, con su ejemplo, les vayan dando motivos para pensar que las personas (madres y padres) que realmente queremos disfrutar de nuestros hijos somos seres de otro planeta.
Y habrá quien diga, sin que le falte razón, que si hubiese sido un hombre probablemente no se le hubiese dado tanta importancia. Pero claro, es que si fuese un hombre ni siquiera nos habríamos enterado de que había sido padre.
Para mí es exactamente igual de grave. Porque digo yo, que a los cuarenta años, y viendo a Fraga por ejemplo, alguna ocasión tendrá más adelante de ocupar un ministerio o de saltar en los balcones si le apetece. Pero los hijos no esperan, y cada día que te pierdes a su lado, ya no vuelve.
Y conciliar es otra cosa, que no traten de confundirnos. Que oyendo hablar a unos y a otros, parece que lo que realmente necesitemos al nacer nuestros hijos es un lugar donde dejarlos aparcados para poder sumergirnos de nuevo en nuestro trabajo. Como si no hubiese sitio para nada más. Como si trabajar no fuese un medio de vida, sino la vida misma.
Conciliar es reconocer que las personas somos seres completos que tienen vida más allá de las ocupaciones laborales. Conciliar es respeto por las personas. Y mientras no nos concienciemos de que no se trata de elegir sino de compatibilizar, no vamos a ninguna parte.
Y los paréntesis son necesarios de vez en cuando. Como las vacaciones o las fiestas de guardar. Pero si somos incapaces de entender que el nacimiento de un hijo es un hecho merecedor de un paréntesis en tu vida, mal vamos.
En fin, que como decía al principio, ni siquiera me sorprende, pero me cabrea.

domingo, noviembre 20, 2011

El juego de la historia

Misteriosa, del blog Los que vamos contra corriente, ha propuesto un juego que puede ser divertido. Se trata de escribir un relato entre todos.
Las bases las podéis leer aquí, y si os animáis solo tenéis que dejar un comentario en la entrada original del blog de misteriosa y poneros manos a la obra. No hace falta tener blog para participar, y la verdad es que lo mejor de estos juegos es lo bien que se lo pasa uno cuanta más gente participa. Así que os animo a alimentar esta historia a ver hasta donde nos lleva. Os pongo el relato completo. La parte en color violeta es la mía.




Una vez más, Teresa se acercó a la playa. Su cerebro era un hervidero de ideas, de sentimientos, toda ella estaba en una especie de nebulosa en la que no sabía qué hacer, cómo seguir... Sabía que era imposible, sabía que no tenía futuro, sabía que no podía ser. Pero a pesar de ello... su corazón la seguía empujando allí, hacia él. El era un ser humano maravilloso, amable, atento, detallista, y ella se sentía irremediablemente enamorada de él. No podía evitar pensar en él, aunque no quisiera. No podía controlarlo, era superior a sus fuerzas. Así que una vez más fue a la playa, donde sabía que él podría estar cerca, donde sabía que podría encontrarse con él y darle conversación hasta llevarle al terreno que ella quería. Quería decirle lo que sentía por él, que él lo supiera, aunque no pudieran estar juntos, porque pronto él se marcharía irremediablemente a tierras lejanas, tal vez para siempre. Caminaba con la cabeza baja, pensando qué hacer, qué decir si se lo encontraba, pensando si sería capaz de volver a enamorarse así de alguien. Cuando de repente, vio un brillo extraño en la arena que le llamó la atención. Se acercó al lugar de donde provenía el brillo y se agachó para poder cogerlo con sus manos. ¡Santo Cielo! ¡Era...!



¡Era la esclava de plata que un par de años antes le había regalado a su amado! No cabía duda de ello. No sólo podía reconocerla por aquella fina y elegante forma que tenía, sino que también porque yacía tan limpia como el día en que la compró, pues su amado cuidaba sus cosas y a las personas con una dulzura y una ternura inigualables, y porque en ella rezaba su nombre: Javier.

Por un breve momento, sobrevino por la cabeza de Teresa la terrorífica idea de que Javier hubiese tirado la esclava sobre la arena a propósito, con la intención de deshacerse de todo recuerdo de ella. Mas pronto desechó aquel pensamiento, pues no era la primera ocasión en que Javier perdía aquella esclava, y sabía ella que aquello no se debía a otra cosa más que a un desafortunado descuido.

Así pues, con el reluciente objeto en mano, Teresa prosiguió su camino para encontrarse con la persona a la que tanto amaba, pensando qué le iba a decir. Decidió finalmente que rompería el hielo haciéndole saber que había perdido la esclava, y pondría aquel fortuito suceso como excusa para justificar su encuentro.

No tardó mucho en hallarlo, y cuando lo hubo hecho, se paró en seco, a poca distancia de él. Un escalofrío recorrió todas y cada una de las pares de su bello cuerpo. Iba a declarar su amor a Javier y no sabía cómo hacerlo.

De pronto, su amado se dio la vuelta, percatándose así de su presencia. Con una sonrisa y saludando con la mano, Javier se aproximó a Teresa.


Ella, tras inspirar profundamente y con el pulso acelerado, solamente atinó a pronunciar una palabra de forma entrecortada:



-Ho... la...


─ Hola ─respondió él con desenfado─ ¿Qué tal estáis? ¿Y Andrés? Hace tiempo que no le veo.


─ Bien… ─alcanzó a responder intentando disimular su desconcierto. Escuchar el nombre de su marido de los labios del hombre del que estaba enamorada resultaba incómodo. Casi sacrílego.
De repente se vio a sí misma al borde de un precipicio. Los nervios le impedían pensar con claridad, pero al mismo tiempo sabía que no podía permanecer callada Ahora que lo tenía frente a frente no podía dejar pasar la oportunidad y dejar que se marchara.

─ Andrés está en casa, con los niños.

Su voz sonaba más firme de lo que ella habría esperado, pero algo distorsionada. Como de laboratorio.

─ He venido a dar un paseo, a relajarme un rato. A veces necesito un poco de tiempo para mí misma.

Aquella frase despertó el interés de Javier. Por primera vez, desde hacía varios meses, ella había abierto una pequeña grieta, le había mostrado una mínima parte de su intimidad. Aquella frase era una invitación cómplice a algo más que un puñado de palabras frías de compromiso.
Entonces Javier la miró a los ojos y volvió a ver a aquella mujer tímida que había conocido solo dos años antes. La misma mirada limpia. Los mismos labios carnosos que había besado en esa misma playa.
Se sintió viejo de repente. Cansado de huir, de dejarse llevar por la corriente. Estaba a punto de cumplir los cuarenta y tenía la sensación de que llevaba toda su vida boicoteándose a sí mismo.
Entonces, vio brillar entre los dedos de Teresa la esclava de plata. Y supo que las casualidades no existían. Aquello tenía que significar algo.

─¿Te apetece un helado? ─atinó a decir. Y señaló con su mano el paseo marítimo. Teresa sonrió con alivio.

Cruzaron la playa en silencio. De cuando en cuando Teresa lo miraba de reojo. Deseaba rozar sus dedos, sentir su olor cerca, pero al mismo tiempo era consciente de que no podía precipitarse al vacío. Tal vez aquella era su última carta, y debía jugarla con más cerebro que corazón.
Al llegar a la gelatería di Marco, él sujetó una de las sillas de mimbre mientras ella se sentaba. Teresa pensó que no debían quedar demasiados hombres en el mundo, capaces de tener ese tipo de gestos con tanta naturalidad, sin hacerla a una sentir incómoda. Sonrió. Tenía una luz especial en la mirada. Hacía siglos que no sentía esa mezcla de placer y nervios en el estómago.

De repente, el sonido de un claxon la devolvió a la realidad.

miércoles, noviembre 16, 2011

Toses y más toses

Hoy nos hemos pasado casi toda la mañana en el centro de salud. La verdad es que, lo que parecía un inocente catarro con un poco de fiebre, se está complicando por momentos con toses y más toses que no parecen calmarse con nada.
Supongo que el mayor problema es que esta chica nos tenía muy mal acostumbrados. Sus visitas al médico hasta ahora habían sido contadas, y las pocas veces que ha tenido fiebre, aparte de responder muy bien al Ibuprofeno, solía resolverse en un par de días.
Este invierno, al ser su primer año de colegio, sabíamos que iba a ser diferente. Y efectivamente, está siendolo.
Si hace quince días andábamos liados con un resfriado de nariz, con sus mocos y sus noches difíciles, esta semana el problema es básicamente la tos.
Una tos persistente y compulsiva. Una tos que nos tiene preocupados, trasteando torpemente con los aerosoles.
Mañana le hacen una radiografía ( a ver qué tal se da, y lo quieta que se está) y volvemos a la consulta para valorar como sigue. Y no sé, la verdad es que la impotencia que uno siente al no poder hacer nada para que se mejore pronto, es superior a mí. Supongo que superior a cualquiera.
Y me ha hecho recordar mi propia infancia, con todos aquellos resfriados, mi garganta que siempre estaba irritada, mis toses compulsivas, a mi padre diciéndome "respira hondo" cuando veía que no conseguía parar de toser. Aquellas inyecciones que nos ponían a todos los niños a la primera de cambio, y mi odio visceral a cualquier practicante aguja en mano. Me he acordado de la insistencia del pediatra porque me extirparan las amígdalas, y de la negativa persistente de mi madre por meterme en un quirófano, después de una mala experiencia anterior. Gracias a ella hoy todavía tengo mis hermosas anginas a las que tanto aprecio les tengo.
Y me he dado cuenta de varias cosas:
- Que es inevitable que los niños se resfríen, y que nos quedan unos cuantos años cuidando de sus "vías altas"
- Que la medicina ha cambiado radicalmente en todos estos años, y posiblemente seguirá haciendolo, lo que me lleva a pensar que nada es tan absoluto como a veces queremos creer.
- Que tengo que armarme con buenas dosis de paciencia, porque por el momento, todavía no es posible ni enfermar por ella ni sanarla a besos. Aunque, eso sí, yo lo voy a seguir intentando.

domingo, noviembre 13, 2011

Entre la cebada había un hombre




Entre la cebada había un hombre. Sentado, con la barbilla apoyada en las rodillas y la mirada en el horizonte. No sabría precisar su edad, en algún punto entre los treinta y cinco y los cincuenta. El pelo manchado de canas desordenadas, la barba mal afeitada, una camiseta arrugada de un color pardusco, que tal vez algún día fue negro, y un vaquero raído de color azul desleído.
Abrazaba sus piernas con ambas manos. Es posible, que a pesar del calor de aquel mes de junio, tuviese algo de frío. En el aire flotaba el olor a tierra mojada. A veces las espigas rozaban su cara, y cuando se mecían parecía que estuviesen acunándole. Tal vez la brisa silbase como una nana. O tal vez, allá adentro, solo escuchase el silencio.
Entre la cebada había un hombre, y yo no podía imaginar qué podía hacer aquel hombre sentado en la tierra, como si esperase a echar raíces de un momento a otro.
Tampoco podía imaginar, que aquella mañana, el hombre se había levantado al rayar el alba, que se había vestido casi a oscuras, sin prestar demasiada atención a la ropa. Que se había aseado solo a medias, lo justo para despertarse un poco y quitarse las legañas. Que había cerrado la puerta con cuidado, a pesar de que la casa quedaba vacía. Y la cama deshecha. Y los platos de anoche todavía sucios en el fregadero.
No podía imaginar, que aquel hombre, sentado entre la cebada, buscaba una soledad distinta; tal vez más amplia y menos viciada, que aquella que supuraba de los muros desnudos de su casa. 

sábado, noviembre 05, 2011

Tres días de regalo

Esta semana he cogido unos días de vacaciones que me quedaban sueltos, y he tenido la oportunidad de lleva y recoger a Irene del colegio.
La verdad es que su adaptación al colegio ha sido estupenda desde el primer momento. Supongo que han sido varios los factores que han ayudado. En primer lugar un mes de adaptación estupendamente diseñado en el que todos los niños iban desde el primer día, con grupos cada vez más amplios y durante periodos de tiempo también más largos.
Creo que también le ha beneficiado mucho el hecho de ser de las más mayores, ya que nació en febrero. Porque a esas edades unos meses son muy importantes en el tema de adquirir autonomía, de interesarse por otros niños, o en estar preparados para separarse de "lo conocido".
Como digo, desde el primer momento Irene estuvo cómoda en el colegio. No lloró ni un solo día. Si acaso, alguna vez entró algo seria al ver llorar a alguno de sus compañeros. Pero lo más importante es que siempre sale sonriente y cuando le preguntamos se nota que tiene un enorme cariño a su maestro y que está empezando a establecer lazos con algunos compañeros.
Hasta ahora no había tenido la ocasión de acompañarla al colegio y verla entrar. Me lo habían contado los abuelos y papá y más o menos sabía como funcionaba todo, pero hoy he podido vivirlo con ella, y ha sido una experiencia estupenda.
Me ha sorprendido la energía con la que me he levantado a las siete y media de la mañana, hemos desayunado juntas, hemos preparado el bocadillo para la hora del recreo. Nos hemos vestido, aseado, la he peinado "a la carta", y por último nos hemos ido al colegio dando un paseo, sin prisa.
Pensándolo bien, a veces me da mucha pena que todo esto tenga que ser algo extraordinario, que no podamos hacerlo cada día. A veces tengo la sensación de estar delegando lo importante, y sobre todo lo que no va a volver. Pero las circunstancias son las que son, y hoy por hoy no veo la manera de hacer que eso cambie.
La entrada al colegio es un espectáculo de ternura. Los niños más pequeños tienen dibujadas en su patio unas marcas sobre las que los niños de cada clase van organizando las filas. A Irene le encanta llegar la primera, y me consta que no es la única, aunque estos día ha cedido con gusto el primer puesto con tal de estar más tiempo cogida de la mano de mamá.
Cuando suena el timbre las filas ya están formadas y salen los maestros a recogerlos. El maestro de Irene es un hombre entrañable, y eso se nota en la forma en que los niños se relacionan con él. Al llegar lo primero que hace es saludarlos uno a uno con una caricia en la cabeza, después aprovecha para dar alguna indicación a las madres o abuelas que andan por ahí, y enseguida coge de la mano al primero de la fila, y se los lleva a todos en trenecito cantando una canción.
A la salida del colegio, me tranquiliza mucho la perfecta organización y el cuidado extremos que tienen todos los maestros con los niños a la hora de dejarlos salir.
Los más pequeños salen unos cinco minutos antes de que suene el timbre, y de nuevo aparecen todos en el porche en formación, cogidos de los babis para colocarse con la espalda pegada a la pared. Después, uno por uno, el maestro los va tomando de la mano, levanta la vista, y en cuanto reconoce a la persona que viene a recogerlos lo deja marchar. Si tienen la más mínima duda no lo dejan ir, a menos que el niño confirme que conoce a esa persona (que es su abuelo, su tío...) Si no hay nadie para recoger al niño (porque se hayan retrasado, o porque se va a quedar al comedor) lo coloca a su izquierda y continúa con el siguiente.
Esto ocurre con todos los niños de infantil y la verdad es que es de agradecer. Cuando yo iba al colegio salíamos en tropel, todos a la misma hora, y cuando llegábamos corriendo a la puerta de salida, ya veíamos si había alguien esperando o no.
Esos pequeños detalles dan muchísima seguridad a todos.
El lunes volvemos otra vez a la rutina de siempre, y creo que lo vamos a sentir las dos... Pero también es cierto, que si esto fuese lo habitual, ninguna habríamos sabido apreciarlo como los hemos hecho estos tres días.
Y lo cierto es que nunca había sido capaz de desconectar tanto y tan bien, como lo hago desde que tenemos a esta raspilla en casa.

miércoles, noviembre 02, 2011

Me dieron un premio "very nice"


Viene nada menos que desde Chile, de manos de Pamela del blog Mujer y Mamá, y la verdad es que tiene unas instrucciones que me han gustado mucho.
En primer lugar tengo que mencionar tres canciones que hayan sido importantes en mi vida. Tres canciones para 37 años son muy pocas, pero haciendo un esfuerzo, he llegado a la conclusión de que una canción es importante si te trae a la memoria a personas o momentos que han sido importantes.
Tal vez no sean mis canciones favoritas, pero sí que son canciones emblemáticas, por lo que simbolizan en mi vida.


La primera podría ser cualquiera de Revolver. Porque me transportan a la época de la universidad, y porque durante algunos años no solo escuchaba sus discos una y otra vez en casa, sino que cuando salía de marcha también sonaban sin descanso en todos los pubs que frecuentaba.
Esta es una de esas canciones que con solo escuchar los primeros acordes me vienen a la cabeza cientos de recuerdos.



Esta canción se me ha ocurrido en segundo lugar, pero debería ir en primer lugar. Aparte de ser un temazo, siempre la recordaré por ser la melodía que sonó el día de mi boda en el momento en que cortamos la tarta nupcial. Varias veces hemos comentado mi marido y yo, que en el momento en que empezó a sonar sentimos algo muy intenso, una tremenda emoción, a pesar de que hasta ese día esa canción nunca había sido especialmente singular para ninguno de los dos. Creo que el juego de luces y la presentación del restaurante tuvieron también algo que ver. En cualquier caso, no me equivoco si digo que esa canción es nuestra desde aquel día.


Y para terminar un cambio de registro abismal, pero en esta vida tiene que haber tiempo para todo. Esta es una canción de las que siempre cantamos Irene y yo.  No sé a vosotras, pero a mí esta versión me gusta mucho más que la de Cantajuegos.


El segundo requisito es contar un sueño, pero aquí la cosa está difícil, porque de un tiempo a esta parte apenas recuerdo mis sueños, y cuando lo hago o es algo de trabajo, o una pesadilla, o las dos cosas juntas. Así que con vuestro permiso me la voy a saltar.

Ahora debo pasarle el premio a otros blogs, y sin saber siquiera si lo tienen o no, se lo voy a dar a

Susana de las cosas de Paula
Ana de A veces Mujer Siempre Mamá
Toñi de Dientes de León
Superwoman de El diario de Superwoman
Ciudadana C del blog Ciudadano Cojo

Muchas gracias Pamela ¡ha sido muy divertido!

PD No sé como lo he conseguido, pero he sido capaz de insertar tres vídeos sin publicidad ¡Yuhu!

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