lunes, febrero 13, 2012

Las cosas que me pasan (II)

Podría escribir un manual sobre como sobrevivir siendo yo, y creo que tendría algo de éxito, porque por suerte o por desgracia, me doy cuenta de que no soy la única que puede encasillarse en la etiqueta de mujer desastre y a pesar de ello, vivir con la cabeza alta y la dignidad intacta.
Será cosa de ser leo, de haber nacido en el 74 (yo creo que ese año pasó un meteorito o algo porque los de mi generación no somos muy normales) o el efecto luna de agosto ¿qué sé yo? Al final lo importante es sacar el lado divertido de estas cosas. Y como yo soy así de maja y de desprendida, os lo cuento aquí en el blog para que os riáis vosotr@s un rato también. De mí o conmigo, al gusto.
El caso es que yo la semana pasada tenía una de esas reuniones que te colocan a primerísima hora de la tarde. Para que os hagáis una idea, se supone que salgo de la oficina a las 15:00 horas, sin comer, y la reunión estaba convocada a las 16:30. Además, sabía que la persona que coordinaba la reunión, no es que tenga puntualidad británica, ni alemana, es que directamente tiene la manía de empezar un par de minutos antes de la hora, y si llegas tarde, te mira mal.
Pues bien, al salir de trabajar, después de recoger a la peque y de comer como los pavos en casa, me voy con la hora un poco justa y consigo llegar con la reunión ya empezada, pero por segundos... así que ni siquiera se notó.
Al salir de la reunión, pasadas las seis y media, tenía que hacer otra gestión de trabajo en el centro, y ya que estaba por allí, después de desechar la idea de ir de rebajas (me dio pereza probarme ropa con el frío y eso) o de pasarme por la oficina, porque ya no eran horas y entre encender el ordenador y apagarlo se me iba el tiempo, decidí que era buena idea volver a casa dando un paseo.
De repente me acordé de que al día siguiente teníamos la revisión de Irene, por haber cumplido los cuatro años, y que tenía encargada la vacuna contra la varicela en una farmacia que hay cerca de mi trabajo.
Podría haberla comprado en cualquier otro sitio, pero ya que se lo había dicho a la chica, me supo mal darle el plantón, así que di un pequeño rodeo y me fui a comprar la vacuna (60 euros, la verdad es que no sabemos lo que vale la salud hasta que no tenemos que pagarla) a donde la había encargado.
Desde allí, disfrutando de la tarde, que estaba fría aunque no desagradable, porque no había viento, me fui tranquilamente a casa. Había sido un día duro, levantada desde las seis de la mañana, pero no estaba cansada. Me sentía bien.
Fue justo al llegar a casa, o más bien unos metros antes, cuando me puse a rebuscar las llaves en el bolso para abrir la puerta, cuando caí en la cuenta de lo que había hecho.
A la reunión había ido en coche, y lo había dejado, nada menos que en zona azul. La zona azul se me había pasado a las seis y media de la tarde, y allí estaba yo, más de una hora después, y a veinte minutos caminando, del lugar donde había aparcado.
Cuando llegué, tenía la multa tan asumida que ni siquiera me impactó. Allí estaba, tan hermosa, bien cogidica con el limpiaparabrisas. Y yo, toda digna, aunque absolutamente virginal en el tema de multas de zona azul, me cojo mi papelico y empiezo a leer las instrucciones.
La multa se podía anular, la cuestión era como y si llevaba suficientes monedas... esta vez sí, aunque claro está, me costó rebuscar un rato en el monedero. Al final, coleccionando hasta los céntimos (podían poner una mesa a lado de los parkímetros para vaciar el bolso y eso) llegué a reunir los cuatro euros y conseguí mi ticket de anulación de la multa.
Me subí al coche, y me fui a recoger a Irene que estaba en casa de mis suegros (papá también trabajaba esa tarde)
Al llegar, entre risas y tal, les conté que me habían puesto una multa de la manera más tonta y entonces, mientras lo contaba... se me iluminó la bombillica. Vamos a ver. A mí me han puesto la multa, el agente ha tomado los datos de mi coche, y todo eso. Y yo, he pagado los cuatro euros en el parkímetro, pero no he dejado constancia en ninguna parte de que la que pagaba era yo. ¿Cómo narices van a saber que he sido yo la que ha anulado la multa?
Mi suegro me miraba con cara rara. También era virgen en multas de zona azul. Ya de por sí lo de anular la multa le sonaba a chino, de lo demás, ni idea.
Entonces caí en que ni siquiera había terminado de leer las instrucciones:
Una vez tenga el ticket de anulación, introduzcalo junto con la notificación de la multa en este sobre... (era un sobre, fíjate qué cosas) y métalo en el buzón que hay justo debajo del parkímetro.
En ese momento, cuando lo único que me apetecía era incrustarme en el sillón y dormitar, volver al lugar de los hechos a meter el sobre en el buzón se me hizo un mundo. Pero por suerte, no tenía que hacerlo caminando. Tenía el coche en la puerta y un suegro solícito que me acompañó para que no me volviesen a multar por dejar el coche en doble fila. (Habría estado bien mira, jugada perfecta para al Ayuntamiento)
En fin, que metí el sobre en el buzón (a oscuras como estábamos lo tuve que encontrar a tientas, pero no es cuestión de pedir, con los tiempos que corren, que le pongan un fluorescente al aparato) y nos volvimos a casa con unas ganas de que acabara el día para pillar la cama, que para qué te voy a contar.
Que se me olvidase meter la vacuna en el frigorífico al llegar, podría ser casi anecdótico, si no fuera porque me acordé de repente, a las seis y media de la mañana; y si no fuera porque la enfermera nos dijo que no se fiaba de que estuviese en buen estado, con las calefacciones y eso, y tuvimos que ir a comprar otra dosis.
Como decía alguien de mi familia, si tiene arreglo, no es un problema. Pero ¡vaya día para mis finanzas! Para enmarcarlo.

6 comentarios:

  1. Yo también soy del 74 ... y el día que me descuadran los horarios y la rutina, me han descolocado del todo...y ahora con la barrigota, ya ni te cuento!!!
    Yo soy de la opinión que los problemas que se arreglan con dinero, no son problemas!

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  2. POR COSAS COMO ESTA TE QUIERO TANTO. ESTAS MUY GUAPA CUANDO TE RIES DE LAS COSAS QUE TE PASAN.
    ¡FELIZ DIA DE SAN VALENTIN!

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  3. Día durillo si pero bueno a mi también me pasa y soy del 73 je je

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  4. No te preocupes Paula, tuviste lo que viene a llamarse "un día de esos"como bien dice la mujer de Wilt en el genial libro de mismo título cuyo autor es Tom Sharpe. Eso nos pasa a tod@s y yo no soy del 74, soy de una fecha bastante anterior a la tuya, porque si unimos lo propio del flipe de finales de los sesenta, más la edad que obra milagros en mi cabeza... un desastre. A mí no me multan, ya que no tengo coche, lo más parecido al auto que me ha ocurrido fue perder el "volante" del dermatólogo de mi hija pequeña, ea, tuve que ir otra vez al médico a que me hiciera otro, y la mirada del doctor de cabecera se asemejó bastante a la que tienen los orcos del Señor de los Anillos, no te digo más. Lo único que me dijo con una voz tan ronca que parecía sacada del mismísimo infierno fue: no lo vuelva a perder. Salí acojoná, ya te digo. Y el dermatólogo lo tengo el 22 de febrero, no sé si rezar a todos los dioses... Por cierto, yo nunca he pagado ninguna vacuna de las crías, ¿ahora se pagan? porque también le toca ese día una vacuna contra el cáncer de útero y no he soltao un euro.
    Besos

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  5. Chitin no son problemas, pero te das coscorrones contra la pared. ¡Cuidate esa barrigota!

    Luis, feliz día a ti también. Lo malo de esto es que tú y yo nos pasamos la vida riéndonos de cosas como estas.

    Ana, día completito sí. Por lo menos me lo tomo con humor, que si no...

    Nieves, lo de las vacunas tiene su gracia. Porque hay una serie de vacunas que vienen incluidas en el calendario y las paga el Sescam, pero luego hay otras que los pediatras recomiendan poner, pero que hay que comprarlas. Una de ellas es la de la varicela.
    Muy fuerte lo del médico de tu hija. ¿Cómo se te ocurre perder el volante con lo que cuesta volver a imprimir el papelico? ¡Dios mío llévame pronto!

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  6. Sí, claro, la de la varicela. Mi pediatra ni me la recomendó ni me la dejó de recomendar, me dijo que para una enfermedad que no tenían ninguna complicación muchas veces no merecía la pena ni poner la vacuna. Y eso hice. Las dos la pasaron bastante suave y no pasó náaaaaaaa. Fortalecieron sus defensas. Las otras las tienen todas, incluso la de la meningitis, hepatitis y la itis de titis amén. Besicos

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