martes, febrero 28, 2012

Una pizca de recuerdos

Este fin de semana he estado recuperando fotos de cuando era pequeña. Los que me soportáis en facebook ya habéis visto esta foto.


Cuando me la hicieron tenía cuatro años, y fue en el colegio. La verdad es que, aunque guardo recuerdos preciosos de la época del colegio, mi primer contacto no fue precisamente bueno, para qué nos vamos a engañar.
Mi primera maestra, digamos que no tenía vocación para hacer lo que realmente hacía. Ni siquiera tengo claro que fuera una buena maestra para niños un poco más mayores, pero lo que me parece evidente es que no estaba capacitada para tratar con los más pequeños.
Es cierto que eran otros tiempos, y que la educación infantil no tenía nada que ver con lo que es hoy, pero una mujer que insultaba a sus alumnos, que nos gritaba si nos equivocábamos, que no nos dejaba salir al lavabo nada más que en la media hora del recreo (con cuatro años) y que incluso nos ridiculizaba si se daba la circunstancia de que te orinabas encima, no se puede decir ni que tuviese vocación por su trabajo, ni que supiese muy bien lo que tenía entre manos.
Tengo recuerdos muy nítidos de aquel año, porque para mí fue realmente penoso. Por poneros un ejemplo, os contaré que cuando entraba a clase, me pedía que cerrase la puerta. Por alguna razón, yo no tenía la habilidad, o la fuerza, para que se quedase cerrada, y me daba tanto miedo que me riñera por hacerlo mal que me quedaba bloqueada delante de la puerta.
Entonces ella se burlaba de mí, me decía que era muy pava (delante del resto de niños, por supuesto) y que no se explicaba como era capaz de leer perfectamente el periódico (mi madre me enseñó en casa) y no sabía cerrar una puerta.
Me costó un mundo relacionarme con el resto de niños. Recuerdo que jugaba sola, con un árbol al que llamaba mi amigo. Me daba pánico relacionarme con el resto de niños, porque claramente me sentía inferior a todos ellos.
Además, había otro problema, aunque tal vez estuviese todo relacionado. Y es que me hacía pis con bastante frecuencia.
No recuerdo que me ocurriese en casa, o en ninguna otra situación. Solo en el colegio. Y obviamente, había motivos para que eso ocurriese. Era una señal de alarma. Pero nadie supo interpretarla. ¿O sí?
El día que nos hicieron la foto, también me había hecho pis encima. Recuerdo que cuando llegaron los fotógrafos, dijeron que todos los niños saliesen de clase y fuesen a otro lugar, donde nos irían haciendo las fotografías una a una. Yo me quedé sola en la clase muerta de miedo. No era capaz de moverme de la vergüenza por haberme orinado.
Vuelvo a recordar que solo tenía cuatro años...
Entonces se me acercó la fotógrafa y me preguntó qué me pasaba. Cuando le conté el problema, la maestra se mostró sorprendentemente comprensiva No pasa nada, hija, ahora lo limpiamos y ya está. Yo no entendía aquel cambio de actitud. En circunstancias normales me habría hecho limpiar el suelo a mí con la fregona (era lo habitual) y habría provocado las burlas de mis compañeros. Pero aquel día era diferente: había que quedar bien.
Recuerdo perfectamente que la fotógrafa me peinó con una peineta. Yo estaba seria, pero ya no estaba asustada. Mientras los fotógrafos estuviesen en el colegio, no habría regañinas, ni burlas, ni insultos.

En el curso siguiente, mi madre habló con la directora y le pidió un enorme favor. Supuestamente habría tenido que volver con la misma maestra durante un curso completo, pero ella le dijo que si no me cambiaba de maestra se vería obligada a cambiarme de colegio. Como solamente había una línea, la directora tomó una decisión muy sabia. Pasé a primero de EGB con la condición de que repitiría ese curso para incorporarme en segundo con los niños de mi promoción.
A partir de ahí, el colegio se convirtió en un lugar amable. Os puedo asegurar que de un plumazo desaparecieron mis problemas para socializar, y por supuesto mi control de esfínteres mejoró espectacularmente. Era un año mayor, es cierto. Pero no creo que ése fuese el problema.

Os preguntaréis por qué cuento estas cosas, después de treinta y tres años... Ni siquiera yo lo sé. Supongo que necesitaba sacarlo afuera.

El caso es que, cuando veo a Irene en el colegio, lo feliz que es con sus compañeros, lo bien que ha congeniado con su maestro, las cosas que aprende cada día, me siento feliz de que las cosas hayan cambiado tanto en estos treinta años.

Vaya esta entrada en recuerdo a mi abuela, que tanto me quería y que siempre me defendió de las burlas de los niños y de los adjetivos gratuitos de aquella maestra tan poco vocacional. Y vaya también por todos aquellos que han tenido la desgracia de sentirse desprotegidos y desamparados en la escuela.

Y vaya también por aquella otra maestra con la que estuve en el gloria durante dos cursos en primero de EGB: Dña Joaquina. Durante años, cuando la he vuelto a ver por la calle, siempre se ha parado y nos hemos dado dos besos. Siempre me ha preguntado por mis hermanos, por mi madre. Una mujer encantadora.

Y SOBRE TODO, PERDÓN POR LA TRISTEZA.

14 comentarios:

  1. No hay nada peor que un profesional sin vocación, pero aún es peor cuando la profesión tiene que ver con el trato a personas (profesores o sector sanitario), en este caso niños pequeños...que horror de profesora!!!! ningún papá ó mamá se quejó???

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cierto, tratar con personas es delicado, pero a veces es tan sencillo como pensar como nos gustaría que nos tratasen a nosotros y aplicarlos con los demás.
      No sé si habría alguna queja, pero en aquellos años la violencia (incluso física) dentro de las aulas estaba socialmente aceptada. Por fortuna las cosas han cambiado radicalmente para mejor.

      Eliminar
  2. Doy fe de que luego fuiste capaz de socializar con niños; aún recuerdo esas tardes ensayando las canciones que habías compuesto y las coreografías de nuestro grupo musical. O las actuaciones teatrales que nos sacábamos de la manga en un plis. Eso si que son buenos recuerdos de infancia, al menos lo son para mí. Cada vez que me vienen a la memoria me sorprendo con una sonrisa al recordaros a cada uno de vosotros.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me encanta que os acordéis de esas cosas. La verdad es que nos lo pasábamos como los indios, y se nos hacía de noche sin darnos ni cuenta.
      Tuvimos una infancia muy creativa, sí señor (teatro, música, coreografías... hasta algún programa de radio hicimos)

      Eliminar
  3. Paula, que pena como fueron esos años.
    Pero tu resiliencia mujer es maravillosa!
    Miro tu foto y lejos de verte seria, te imagino llena de sonrisas (al año siguiente).
    Saludos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pamela, yo era una niña muy feliz. Tenía un montón de gente en mi familia (mis padres, mi abuela y mis hermanos mayores) que me querían y me protegían. Lo de esa mujer fue un lunar, por así decirlo. Pero por suerte también pasó.

      Eliminar
  4. Me ha encantado todo lo que cuentas, Paula. Yo tuve una experiencia similar: malos maestros en el primer año de escuela. En mi caso, te pegaban con la palmeta en la mano. Si te movías, si hablabas, si respirabas. Mi respuesta era el silencio. Y el terror. Les tenía miedo. También me pegaban porque hacía la letra demasiado grande. Era horrible. Un día me escapé porque me castigaron severamente. El motivo: haber olvidado las 50 pesetas (lo recuerdo perfectamente como si fuera ayer: una moneda de aquellas gordas con la cara de Franco) que había que pagar para la calefacción o yo que sé qué. No lo podía soportar. Me cambiaron al año siguiente.

    Quizás con todo esto escriba yo también un post. Si encuentro una foto mía de aquella época. Creo que no tengo ninguna, pero quizás la encuentre, quién sabe.

    Para apoyar tu causa contra los malos maestros y lo abusones y sinvergüenzas que eran.

    Y para aplaudir a los buenos, que todavía se saludan por la calle.

    Bravo.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Lo de la palmeta no lo viví yo, pero me parece una pasada. No sé como los padres permitían esas cosas, pero era lo normal entonces.
      Educar con miedo, no lo olvidemos, es una grandísima forma de cobardía.
      Me encantaría leer esa entrada. Para que a nadie se le ocurra volver de nuevo a aquellos horrores.
      Muchos besos Toñi.

      Eliminar
  5. me has hecho recordar los primeros dias mios de clase... tendria tambien 4 años...y me hice caca en el colegio..
    mi madre trabajaba y mi abuela fue a recogerme...recuerdos ese momento con nitidez...y solo recuerdo eso... no mucho más de aquella epoca...
    estas cosas se graban a fuego...


    gracias por compartirlas con nosotros...

    un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Se graban a fuego, tienes razón. Y guardarlas no tiene que ser bueno, es mucho mejor compartirlas para sacarse los fantasmas de dentro.

      Encantada de tenerte por aquí Firenze.

      Eliminar
  6. Qué ejercicio más bonito Paula... me ha encantado leerte, de verdad, es que me gusta siempre ver más allá de las letras, de los textos, me gusta tratar de llegar a las personas que las escribieron...
    Creo que es un recuerdo, contrapuesto al que vives ahora a través de tu hija, y que era un recuerdo que debías dejar atrás, soltar el lastre...
    Yo de esos tengo muchos, lamentablemente, en otras circunstancias y situaciones, y también poco a poco van saliendo ahora, al vivir cuán diferente es la vida a través de mi hijo... Intento no hacer con él lo que otros hicieron conmigo, y verlo feliz, me hace soltar lastres a mí...
    Un abrazo en la distancia!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Soltar lastres es necesario. Y sobre todo comprobar que uno sale adelante a pesar de todo, da mucha fuerza para seguir sorteando obstáculos.
      Muchas gracias por ese abrazo. Me ha llegado!

      Eliminar
  7. Hola Paula:
    He estado viendo tu blog y me parece muy interesante y con muchos contenidos en los que me iré adentrando más adelante. Quería conocerte un poco puesto que yo también estaré en Segovia el día 24. Y, ya ves, te he visto de pequeña y he disfrutado con tu historia sobre esa foto de hace sólo unos añitos...
    ¡Enhorabuena y hasta pronto!

    ResponderEliminar
  8. Muchas gracias Armando por venir a mi casa. Tienes permiso para curiosear todo lo que quieras, y sobre todo, nos veremos el día 24 en Segovia.

    ¡Un abrazo!

    ResponderEliminar

Comenta, que algo queda

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...

Me visitan desde