viernes, marzo 16, 2012

Adios Toyota

Llegaste a mi vida hace algo más de doce años, justo el día de mi cumpleaños, por esos caprichos del destino. Soportaste mis torpezas de conductora nobel, ya sin L entonces, pero con toda la inexperiencia.
Me acompañaste en traslados por tierras conquenses, por la Sierra del Segura, surcamos carreteras sinuosas y kilómetros de autovías.
Hemos deshilachado la niebla en las frías mañanas del invierno, y tus ruedas se han agarrado al asfalto en días de nieve, o a través del hielo.
Tengo un buen puñado de recuerdos asociados a tu rojo brillante. El día que fuiste cobijo de un pedrisco devastador en Las Casas del Olmo, y del que te quedaron como secuelas algunas dentelladas en las gomas de los cristales.
O aquella mañana de nieve que llegamos a duras penas hasta Las Peñas de San Pedro mientras aquel guardia civil nos miraba con los ojos como platos al ver el berenjenal en el que nos habíamos metido.
Ya que has llegado hasta aquí ─me dijo─ es preferible que sigas adelante a que des la vuelta. Sigue las rodadas y anda con cuidado.
Y vaya si llegamos hasta Ayna ¿te acuerdas?
Acogiste la cuna de viaje y el carro de paseo cuando llegó el momento. Y demostraste que tu enorme maletero daba de sí más de lo que sospechábamos. Y nos llevaste hasta Lisboa, y a tantos rincones…
Has sido mi primer coche, mi compañero en los madrugones, juntos hemos visto florecer los almendros, emparejarse la perdices, granar la cebada, y por supuesto, la vendimia.
Viniste a darme libertad, a acercarme los lugares, a acomodarme las distancias…
Y todo sin un quejido, sin la más mínima réplica. Hasta el último de los ciento cuarenta y pico mil kilómetros que hemos recorrido…

Seguro, fuerte, potente, estable, fiable…

Y ahora no sé a donde irás a parar. Pero espero que sigas siendo tan buen compañero como fuiste hasta ayer.

Al menos me quedan las fotos para recordarte siempre con todo el cariño.



9 comentarios:

  1. Me ha encantado este relato, Paula. Porque es cierto que un coche, al fin y al cabo es una máquina hecha de piezas de metal, tornillos, etc. Pero, a lo largo de los años, se va llenando de recuerdos, de vivencias, de pequeñas aventuras como la de la nieve... y cuando lo tienes que dejar, sientes que un poquito de una etapa de tu vida se va con él. Lo has expresado con gran belleza y emoción. ¡Enhorabuena! Un saludo

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    1. Gracias Armando por pasarte por aquí y dejar tu comentario. Es cierto, los objetos, con el uso, se vuelven parte de nosotros. Y es inevitable asociar emociones a ellos, sobre todo cuando nos han ayudado a vivir ciertos momentos de nuestra vida.

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  2. jajaja, yo creo que a todos nos cuesta desprendernos de lo que nos ha acompañado a lo largo de grandes momentos en nuestra vida... No duele la separación material, sino el temor al olvido de aquellas vivencias experimentadas.
    Yo a día de hoy sigo echando de menos a mi Renault Megane, y por lindo que sea el ASX actual, no llegará a ser como él hasta que haya acumulado en mi espíritu al menos el mismo número de experiencias vitales que el primero... y aún así, como serán diferentes, no podrán nunca compararse...

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    1. Efectivamente, tú lo has dicho. No duele la separación material, sino el cerrar una etapa. Por mucho que la etapa pueda ser para mejor. Los recuerdos siempre suelen tener unas gotitas de nostalgia

      Besos Débora

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  3. Que evocativo... yo reconozco que con las mudanzas he tenido que perderle esa complicidad a muchos objetos que me han dado muy buen uso y tampoco es malo. Tiendo a acumular cosas, como si sufriera un cierto sindrome de Diogenes.
    Un supersaludo guapa

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    1. Las mudanzas son un buen remedio contra la costumbre de guardar objetos. Pero de vez en cuando viene bien darse un paseo por esos objetos, porque traen recuerdos que a veces pueden sorprendernos. Lo que hoy nos evoca algo no tiene nada que ver con lo que nos va a evocar mañana.
      Un superabrazo

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  4. Yo reconozco que soy mucho menos sentimental, para mí un coche es un coche y punto. Pero mi madre incluso lloró cuando dejó el coche en el desguace...

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    1. No se trata de que sea un coche. Es más bien el hecho de que sea TU coche. Es esa parte de ti que lleva dentro la que echas de menos. Los recuerdos... Como objeto no deja de ser algo frío y poco receptivo. Pero como "compañero de aventuras" si se me permite la expresión, tu coche suele llevar un plus de emociones.

      Yo no lloré, pero tengo que reconocer que me resultó extraño marcharme sin él. Y un poquito sí se me encogió algo por ahí dentro.

      Un abrazo Chitin

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  5. Si yo fuera la Toyota te contrataba como jefa de publicidad hoy mismo,es más, me dan ganas de montar una empresa simplemente para contratarte para la publicidad jajaja. Yo pienso más como Chitin, pero este es un relato muy evocador. ¿Tienes coche nuevo? Ea, a coche muerto, coche puesto, jejeje
    Besos

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