sábado, mayo 26, 2012

Irene y sus días

Algunos días, como ayer, parece inevitable que llore una y otra vez. Juega con sus primos y viene llorando. Se cae y vuelve a llegar llorando. Nos vamos a casa y llora porque no hemos contado bien los escalones, y porque el coche está caliente, y porque no he parado de conducir en mitad de la calle para mirarla.
En esos momentos, tú sabes perfectamente que lo único que le pasa es que está cansada. Que todo se arreglaría con una siesta de una hora. Pero ella se resiste.
Si al menos consiente que la tenga un rato en brazos mientras le canto nuestras canciones de cuna, durante ese rato estamos las dos tranquilas. Aunque eso sí, no pueda hablar con la abuela, ni con papá, ni con algún tío. Ni pueda contestar el teléfono, ni leer. Es nuestro rato en exclusiva. Y en el fondo de mi conciencia sé que se lo debo, así que procuro no replicar demasiado.
Pero ese rato pasa, y como siempre se rebelará a dormir la siesta.
Con un poco de suerte se pondrá a jugar a algo tranquilo, con sus muñecas con las que puede pasar horas inventando historias. O se pondrá a dibujar, a escribir letras y números, a pintar... Y tardará un rato en volver a llorar. O tal vez no.
En días como esos me pregunto en qué momento descubrirá que dormir es un placer al que hay que sucumbir de vez en cuando. Comprendo que se está bebiendo el mundo a tragos grandes, y que dormir supone renunciar a horas de emociones, de descubrimientos, de juegos, de estímulos.
Comprendo que se resista a cerrar los ojos, aunque eso signifique pelear contra el mundo y ponerse irritable con cualquier roce.
Pero sería tan sencillo.

Otros días, como hoy, desde que se levanta de la cama se empeña en sorprenderme con su independencia. Se prepara la ropa e incluso se viste, desayunamos juntas y charlamos, sale a la calle con papá y vuelve con una sonrisa, se va a jugar a su habitación y no se preocupa de si pasa el tiempo. Y canta, y cuenta adivinanzas, y me lee un cuento ella a mí, y comprende, y fluye...

Será que es sábado, y no hay que ir corriendo al colegio, ni hay que cumplir con ningún horario, ni hay que ir al trabajo, ni nos vamos a tener que marchar papá o yo. Será que sabe también que mañana es domingo.

Y eso, quieras que no, relaja.

7 comentarios:

  1. NIÑA TE VOY A DECIR UNA COSA PERO IRENE ES MUY LISTA JAJAA VAMOS SABE QUE EL FIN DE SEMANA ES LO MEJOR DE LA SEMANA.... Y QUE TE TIENE A TI Y A SU PAPA TODO EL DIA EN CASA... VAMOS QUE NO TE SALIO TONTA... UN BESO GUAPA DESDE LEON
    (NIÑA TIENES QUE QUITAR LO DE LA PALABRA DE CONFIRMACION DEL MENSAJE QUE ES MUY COÑAZO...)

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    1. Pues sí, parece que sabe exactamente lo que quiere. Lo de la palabra de verificación no sabía que lo tenía activado. LO ODIO. Así que ahora mismo lo elimino porque tienes razón. Es el mayor coñazo que se han inventado los informáticos.

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  2. Tienes razón, los peques se resisten a dormir y mucha veces lo pasan mal.
    Lo otro es que no se como llevan los horarios sin saber leer la hora, jaja. Y estoy segura que los días de la semana también, luego ya preguntan "qué día es hoy".
    Saludos.

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    1. Irene sabe los días de la semana desde que empezó el colegio. Antes ni idea. Y pregunta cada día si ya es sábado. Pobre mía. No le queda ná.

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  3. ¡Qué sigáis disfrutando de esos bonitos ratos! Y que luego Irene se duerma, claro.
    Un beso

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    1. Pues sí, son momentos de los que luego se acuerda uno con cariño. Habrá que disfrutarlos.

      Un abrazo.

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  4. Lo de toda la vida, hija mía, lo de toda la vida. Descendemos del mono y no hay quien nos lo perdone. No lo digo por incordiar, lo digo porque mis monitos hicieron exactamente lo mismo... es propia experiencia.
    ¿Qué diría Darwin de todo esto? Hay que aprovechar bien estos momentos bio-salvajes ;)

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