domingo, mayo 19, 2013

In-Coherencia


Acababa de salir del trabajo con esa sensación de saturación que siempre me acompaña. Alcancé aquel paso de cebra con la misma atonía de costumbre, pero aquel día algo reclamó mi atención y me distrajo de la espiral de pensamientos negativos de rutina. Supongo que esa energía incontenible, o los esfuerzos de su padre por retenerlo al filo del bordillo. Ni siquiera levantaba un metro del suelo, y yo le calculé un par de años como mucho.
Me enterneció la escena, posiblemente por las veces que yo misma la he protagonizado (no hace tanto, la verdad)
-Ahora no podemos cruzar porque el muñequito está rojo ¿ves el muñequito? pues mientras esté rojo no podemos pasar. Hay que esperar a que se ponga verde.
Frente a nuestros pies algunos coches circulaban tranquilos. No era hora de demasiado tráfico, así que pronto hubo un claro en la circulación.
Y entonces ocurrió.
Supongo que fue un acto reflejo, la fuerza de la costumbre, o tal vez algo de prisa o impaciencia, pero el padre, con su hijo de la mano cruzó aquella calle con el semáforo todavía en rojo.
Yo le observé, afectada por una crisis de coherencia que aquel hombre parecía haber dejado pasar de largo. Les vi cruzar y alejarse mientras el muñequito rojo todavía iluminaba alguna franja de la acera.
Cuando por fin crucé, ellos desaparecían por alguna esquina. Y pensé en lo duro que debe ser aprender de unos adultos que ni siquiera se acaban de creer sus propias normas.
Y es que todos lo hacemos tarde o temprano. O más bien, todos lo hacemos una y otra vez.
Hoy es un semáforo, y mañana tal vez es una promesa incumplida, una interpretación de los propios deberes o una pequeña mentira.
Y ellos, acaban reflejándose en nuestra propia inconstancia, en la laxitud de nuestras normas. Y todo acaba siendo cíclico.

jueves, mayo 02, 2013

El precio del silencio

Por razones en las que no voy a profundizar en este momento, llevo toda la tarde recordando aquel famoso poema de Martin Noemöller que todos hemos leído o escuchado alguna vez


Original
                Traducción
Als die Nazis die Kommunisten holten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Kommunist.

Als sie die Sozialdemokraten einsperrten,
habe ich geschwiegen;
ich war ja kein Sozialdemokrat.

Als sie die Gewerkschafter holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Gewerkschafter.

Als sie die Juden holten,
habe ich nicht protestiert;
ich war ja kein Jude.

Als sie mich holten,
gab es keinen mehr, der protestieren konnte.

 

 
  Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,

Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,

Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,

Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

 
Al llegar a casa, he buscado el poema para recordarlo y compartirlo, y he encontrado este otro del poeta ruso Vladimir Mayakosky
 
La primera noche ellos se acercan y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche ya no se esconden pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día el más frágil de ellos entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna,
y conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
ya no podemos decir nada
 
¿Hasta cuando vamos a permanecer callados? ¿Cuál será el precio de nuestro silencio?
 
 
 
 

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