miércoles, octubre 23, 2013

Quitameriendas


  1. Esta flor que parece la del azafrán, pero que no lo es, la descubrí en Riaza (Segovia) en un viaje relámpago que hicimos a mediados de septiembre. Allí la conocen como "quitameriendas" y marcan el final del verano. No sé si en otros lugares existe y se le llama así también o de otra forma, pero por La Mancha yo no la había visto nunca.

    Al caminar
    el aroma del césped
    ¡quitameriendas!



martes, octubre 22, 2013

III Encuentro de haiku en las lagunas de Ruidera

¡Qué fin de semana tan bonito el que hemos disfrutado los amigos del haiku en las lagunas de Ruidera!
Como siempre, combinando a la perfección los paisajes maravillosos, el agua, la naturaleza, con las charlas siempre tan interesantes alrededor del haiku, y lo más importante, con la calidez, la simpatía, las risas, los abrazos y las palabras de una gente, que como ya dije hace dos años, después del II Encuentro en Aýna, irradia luz.

Este año, además de luz y serenidad, me he traído unos cuantos haikus en la guantera del coche, que iré compartiendo poco a poco durante los próximos días. Y así sacamos provecho a las fotos tan estupendas que hizo Luis.





Cae la tarde,
los ocres de los chopos
tras la laguna.









domingo, octubre 06, 2013

Chopin y la belleza

Música para sanar el alma, para desprenderse de los despojos del día y quedarse con lo auténtico, con la esencia.
Música para esquivar la toxicidad de los superfluo.
Hoy puede ser Chopin, si se me permite...


jueves, octubre 03, 2013

Sucedió en la feria

Aprovechando las bases del certamen de microrrelato que convocamos este verano a través del Club de Escritura La Biblioteca, para conmemorar la feria de Albacete (y que fue un rotundo éxito, todo hay que decirlo) decidí desentumecer los dedos escribiendo mi propio micro fuera de concurso.

Y esta es mi propuesta.

Hasta las narices está ya de la feria. De hacer equilibrios con la bandeja para esquivar niños, de las prisas de los clientes impacientes, del olor a pollo asado, de espantar moscas y limpiar mesas con la misma bayeta agujereada del año anterior, de escuchar una y otra vez las mismas canciones y la voz cazallera del binguero que les ha tocado enfrente.
Deseando está que llegue el día dieciocho.
Que sí, que el dinero le viene de maravilla, aunque la feria tampoco es ya lo de antes, y ni él tiene las mismas fuerzas que cuando era joven, ni se paga tan bien como solía. Pero sí, el dinero le viene de perlas, y es lo único que le alivia las escasas horas de sueño y los sudores bajo el sol de mediodía.
Eso, y su placer secreto.
Y es que cada madrugada, tras recoger las mesas y echar la lona, a esa hora tonta en que algunos apuran los últimos restos de alcohol, y la ciudad se sacude la resaca a manguerazo limpio, se concede el capricho de subir al carrusel. Una vuelta y otra vuelta, gira sobre un caballo negro, siempre el mismo, hasta que las últimas estrellas se apagan ante la claridad del día que amanece.
Después, un poco mareado llega a casa y se quita los zapatos sin hacer ruido.
-¿Ya has vuelto a beber? –gruñe su mujer

-Es feria –contesta. Y duerme sus cuatro horas hasta el siguiente turno.

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