domingo, febrero 02, 2014

Mi postura sobre el aborto: una decisión muy íntima

Hace mucho tiempo que quería escribir esta entrada, pero no encontraba las palabras adecuadas. Posiblemente me haya dejado bastantes cosas en el tintero, pero creo que recoge lo más importante de mi punto de vista sobre el aborto. 



Soy mujer, soy madre. Y lo fui, ya lo he contado algunas veces convencida, preparada, deseosa. He vivido en primera persona la lucha que supone desear un embarazo, el fracaso mes a mes, la tristeza y la no resignación.
Y tal vez por eso, porque sé de qué forma se puede desear la maternidad, con un ímpetu animal, irracional, puedo intentar hacer el ejercicio de ponerme en el lado contrario. En el de un embarazo inoportuno, no deseado, no admitido, no interiorizado. Y no me cuesta imaginar que pueda llegar a ser un infierno.
Pero en cualquier caso, no me corresponde. No soy yo, ni nadie, más que la persona que está en la situación quien tiene que hacer su reflexión, su camino, tomar sus decisiones. Al fin y al cabo es su cuerpo y no otro el que alberga el embrión, y es su cuerpo el imprescindible, el necesario para que se desarrolle y llegue a término.
Un embarazo no son unas vacaciones. Un embarazo es una parte crucial de tu vida, mucho más que cuarenta semanas. Es una etapa que, para bien o para mal, siempre deja huella. Y es que no somos meras portadoras, cubículos, incubadoras. Madre y embrión son una sola cosa durante el tiempo que dura la gestación. Es el cuerpo de la mujer el que nutre, el que hace viable la vida. Sin ella, nada es posible. Y nunca debería ser en contra de ella.
Obligar a una mujer a gestar es apropiarse de su cuerpo. No hay más. Decidir sobre algo tan delicado como el uso que le va a dar a lo más íntimo y propio es cosificarla, dejarla en segundo plano, ignorarla, suponer que no tiene criterio, ni sabe lo que es mejor o peor para su vida.
Uno puede tener una opinión, pensar yo lo haría así o de otra manera. Y aun así es especular, porque nadie lo sabe hasta que no se ve en la situación. Pero aun teniéndolo muy claro, aun sabiendo a ojos cerrados que una jamás abortaría, ¿qué derecho tiene nadie de imponer su decisión, su criterio, o sus principios morales a nadie?
¿Tanto miedo tenemos a las decisiones ajenas? Bien, eduquemos. Eduquemos en el uso de medios anticonceptivos, y ya no solo por el embarazo, sino por el VPH, por ejemplo, y otras muchas enfermedades de transmisión sexual.
¿Seguimos estando incómodos? Demos medios. Ayudas económicas para madres solteras, para dependientes, trabajemos por la conciliación laboral de verdad… perfilemos una sociedad donde los hijos tengan un protagonismo y no sean una circunstancia, a veces incluso incómoda.
Y por último, con medios, con educación, con opciones... respetemos las decisiones ajenas. Su derecho a tener miedo, inseguridad, incluso el derecho a la segunda oportunidad.

Y confiemos en la capacidad del ser humano para tomar esas decisiones, adecuadas a sus circunstancias, que ellos y nadie más conocen.

No es cuestión de trivializar el asunto. Abortar es (debe ser) una decisión muy dura. Comenzando porque implica ir en contra de los sentimientos que tu propio cuerpo, con su torrente de hormonas en ebullición, te están provocando. Pero por eso mismo nadie, salvo quien lo está viviendo en primera persona, debería tener la última palabra. Se puede ayudar, aconsejar, informar... pero el derecho a tomar la última decisión, siempre debería ser para la protagonista.
Es cierto que hay algunas personas que consideran que el embrión, desde el momento de ser concebido es un ser humano. Pero no deja de ser una cuestión de fe, una opinión, una valoración subjetiva.
Porque lo único cierto es que sí, un embrión es un ser vivo. Como cada una de las células de nuestro cuerpo. Pero dista mucho de poder ser considerado un ser humano.
No intentaré convencer a nadie, porque no tengo ni el conocimiento ni los recursos para hacerlo. Pero sí me gustaría, al menos introducir algunas dudas, cuestiones que nos puedan hacer reflexionar sobre lo que, para algunos, es la verdad absoluta.
Dicen aquellos que defienden la vida desde el minuto cero, que el embrión es un ser con un ADN único que lo convierte en un individuo distinto de su madre, y por tanto a partir de ahí llegan a la conclusión de que se le debe considerar un ser humano.
¿Deberíamos considerar desde ese punto de vista que dos gemelos idénticos, son una sola persona? Obviamente no.
Bien, admitimos que una combinación de ADN puede dar lugar a más de un individuo pero entonces, imaginemos el caso de unos gemelos siameses en los cuales uno de los dos no llega a desarrollarse, y se realiza una intervención quirúrgica para separarlos sabiendo que tan solo uno mantendrá la vida ¿se está cometiendo un asesinato?

Si una persona desarrolla un tumor con una mutación de su ADN ¿estamos abortando una vida si se lo extirpamos?
Y por último, una persona clínicamente muerta (con muerte cerebral) pero que mantiene sus órganos en funcionamiento de manera artificial ¿es un ser vivo? ¿es un ser humano?

No pretendo hacer demagogia, ni plantear debates que se nos escapan al común de los mortales. Simplemente, quiero hacer ver que las cosas nunca son blancas o negras. Que todo es cuestionable y que los límites de la vida no se basan en la presencia de un corazón latiendo o en la combinación genética en particular. Hay algo más.
Y más allá de eso, tampoco debe olvidarsenos, que más que defender la vida por la vida, hay que comenzar a defender la dignidad, la vida en unas condiciones mínimas. Con unas necesidades básicas satisfechas. Y ahí sí que hay mucho camino para legislar.

1 comentario:

  1. Yo estoy a favor de la despenalización del aborto, y eso que yo no tengo claro si abortaría o no (bueno, ahora mismo a mi edad y sin trabajo, creo sí lo haría, aunque por eso me cuido mucho de no quedarme embarazada), pero no tengo por qué opinar sobre las decisiones personales y muy difíciles de tomar de las mujeres que sí lo hacen o lo harían. Estos días he leído mucho sobre el aborto. Opiniones de los que están a favor y en contra. He leído comentarios absurdos por ambas partes. Estupideces radicales que demuestra que la gente o no se informa o es muy intolerante. Yo tengo dos hijas y ya en la primera ecografía se veía perfectamente el corazón, antes, mucho antes, de saber si era niña o niño, esto está claro. El corazón es el primer órgano que se desarrolla, antes incluso de saber seguro si se está embarazada o no. Las células normales, como dices Paula, no tienen ese órgano latiendo, y menos aun unas células tumorales. Me limito a decir lo que sé y lo que he visto. También conozco a muchas mujeres que se quedaron embarazadas cuando iban conmigo al instituto y, obviamente no formaba parte de sus planes tener un hijo tan jóvenes, pero que lo tuvieron (no estaba permitido abortar, eso sí) y es lo que más quieren en el mundo. También conozco a quien se fue al extranjero a abortar, con dinero que le dimos entre varias amigas, y que tuvo cargo de conciencia mucho tiempo, incluso cuando se quedó embarazada por voluntad de su primer hijo, siguió pensando en ese aborto que tuvo varios años atrás. Es todo muy complicado, pero la decisión debe tomarla la mujer, no un ministro ultracatólico que se empeña en decir que una mujer que quiere abortar debe pasar por psicólogos, como si estuviera loca. Hasta las narices estoy de que la mujer siempre tenemos que tener un tutor, que nos dejen en paz. Abortar no es una decisión fácil, además es muy doloroso física y mentalmente y la mujeres no van en masa a abortar, esto es una gilipollez y decir que prohibiendo el aborto aumentará la mano de obra, ya es el colmo. La mujer está muy capacitada para decidir y para asumir las consecuencias de sus actos y nadie debe decidir por ella y menos por ley. Lo importante es una buena educación sexual, facilidad para adquirir anticonceptivos (que ya no están en la seguridad social), información, mucha información. Ayudas a madres solteras, a las familias, a la conciliación, a la infancia, etc. Hay tantas y tantas cosas sin hacer que volver a cambiar la ley del aborto y crear otra vez la polémica en la sociedad es absurdo. Estábamos muy bien como estábamos. Esta ley es innecesaria y, señor Gallardón, aunque estuviera en sus promesas electorales, gilipolleces, se prometen tantas cosas y se cumplen tan pocas...

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