jueves, diciembre 31, 2015

A 2016 le pido...




Haiku, música, poesía, más música, amigos, risas, cañas, familia, otros amigos, más cañas, yoga, folklore, libros, recitales, escritura rápida, viajes, sorpresas, abrazos... 

Al 2016 le pido momentos como estos. Y lo mismo para vosotros.




jueves, diciembre 24, 2015

En Nochebuena

Hoy parece obligatorio ser feliz, pero hoy precisamente habrá huecos en muchas mesas que serán más visibles todavía. No es mi caso, por suerte esta noche estaremos todos juntos de nuevo, pero sé que esta noche, algunas personas a las que aprecio, pueden tener la tentación de dejarse llevar por la tristeza.

Date una tregua. La vida es larga y ancha, y hay espacio para todo.


FELIZ NAVIDAD



Empiezo a sospechar que todo sigue,
que la luz hoy me arrastra a seguir vivo,
que la música mueve ya mis labios
y apetecen sonrisas esta noche.

Empiezo a comprender que siempre vuelves
si compro ese turrón que te gustaba
si araño la guitarra como entonces
y adorno con dos velas nuestra mesa.

Empiezo a conseguir que tu vacío
acompañe mi mesa sin quemarme,
pues si algo hay de magia en esta noche,
si el umbral es más frágil hoy que nunca,
no pienso consentir que me sorprendas
herido de tristeza en Nochebuena.







lunes, noviembre 23, 2015

miércoles, noviembre 18, 2015

Maravillas. Relato leído en el recital "Setas con Letras"



El jueves pasado, con motivo de la celebración de la Semana Micológica, el Club de Escritura La Biblioteca contribuyó con un pequeño recital de relatos relacionados con el mundo de las setas. Aquí dejo mi contribución




MARAVILLAS

Cuando Alicia llegó, las chicas ya llevaban un rato esperando.
- ¿Qué nos traes esta vez del País de las Maravillas, Ali? – preguntó Cenicienta sin disimular su impaciencia.
- Ahora lo veréis –contestó ella- hoy necesitaré usar la cocina, querida.
- ¿Vas a hacernos la cena? –Preguntó Blancanieves- recuerda mi alergia a la fructosa.
Aurora, todavía en silencio, no apartaba la mirada del maletín rojo que llevaba Alicia. Serigrafiado sobre el cuero, podía verse el anagrama de su empresa: una oruga azul sentada sobre un extraño hongo, fumaba con un estilo propio de la mismísima Sara Montiel.
- Lo que os traigo esta noche es ardiente como la lava de los volcanes de Hawai, y tiene la belleza exótica del fuego. Sobre una mesa rectangular, Alicia abría muy despacio el maletín sin dejar de hablar. Ante ellas, aparecieron cuatro paquetes envueltos en una tela de seda.
Alargando el momento para disfrutar de la tensión, las chicas retiraron el envoltorio descubriendo un extraño hongo anaranjado con una curiosa forma fálica.
- Os aconsejo que lo oláis antes de cocinarlo –susurró Alicia.
La primera en acercarlo a su nariz fue Cenicienta, quien cerró los ojos para saborear su aroma mientras las demás la miraban con atención. Un gemido brotó de su garganta al instante.
Aurora, mucho más expresiva, echó la cabeza hacia atrás, se mordió los labios y acarició su cuerpo con la mano derecha mientras sujetaba la seta junto a su nariz con la izquierda. Los pezones se le erizaron hasta intuirse bajo el corpiño y a juzgar por el movimiento rítmico de su pecho, su respiración se volvió mucho más agitada.
Cuando Alicia fijó su mirada en Blancanieves, la notó mucho más pálida (todavía más) de lo habitual.
- ¿Te encuentras bien, cielo? –preguntó visiblemente preocupada. Blancanieves no respondía. Sus ojos, como ausentes, estaban clavados en el infinito y la boca abierta le daba una expresión casi estúpida a su cándido rostro. De inmediato, Alicia procedió a aflojarle los cordones del corsé, después de lo cual el oxígeno comenzó a circular de nuevo por sus pulmones y sus mejillas recuperaron su color sonrosado.
- Chica ¿no crees que deberías replantearte tu lencería? Me has dado un susto de muerte.
Pero Blancanieves no contestó. Ni dijo una sola palabra en toda la noche. Ni siquiera consintió que Alicia cocinase su hongo anaranjado. En lugar de eso, lo envolvió de nuevo en su tela de seda, y lo guardó celosamente para mostrárselo a su jardinero real. Aquellas esporas iban a venirle de perlas en tiempos de guerra.


miércoles, septiembre 30, 2015

jueves, septiembre 03, 2015

Al otro lado

Escribí estas líneas hace tiempo. No sé si un año o dos. Hoy siguen estando de actualidad, por desgracia. Y ojalá no lo estuvieran. Ojalá nacer a un lado u otro del Mediterráneo no fuese determinante para el destino que te aguardase. Ojalá no tuviésemos que plantearnos si es ético o no reproducir ciertas imágenes.
Cambiad los nombres de los países, Libia por Turkía, el desierto por la guerra ¿qué más da? El destino siempre espera al otro lado del mar. ¿Cómo no salir a su encuentro?


AL OTRO LADO

Miro a mis hijos y miro al mar. No estoy acostumbrada a dar las gracias, pero hoy me siento afortunada por haber nacido en esta orilla del Mediterráneo. Las olas acarician igual todas las playas, el mar susurra siempre en el mismo idioma, las mujeres y los hombres se levantan cada mañana para luchar por la vida, y tanto allí como aquí, harían cualquier cosa por mejorar su futuro.
María juega con su hermano Daniel y yo no puedo evitar pensar que allí, al otro lado, un chaval de su edad estará subiendo a una barcaza en busca de las costas europeas. Morir ahogado le parece un precio razonable con tal de abandonar el infierno. Harto de la guerra, de la miseria, de la violencia, ha cruzado a pie el desierto y ha llegado a la costa de Libia. Ha trabajado duro y ha entregado los dólares que cuesta el incierto viaje a merced de las olas.
Daniel me sonríe. A veces creo que adivina los derroteros que toman mis pensamientos. Fue él quien me mostró que es mejor hacer que lamentarse. Que aunque pueda parecer poco, ese poco que pueden aportar mis manos, siempre será mejor que nada.

Está anocheciendo, y Daniel se coloca el chaleco reflectante de Cruz Roja. Hoy tiene turno de noche.

viernes, agosto 21, 2015

Salamanquesas (haiku)





Casi anochece,
de entre la hiedra salen
salamanquesas.



Si te gustan el mundo del haiku, y te gustaría aprender, profundizar, compartir... aquí tienes algunos enlaces muy interesantes sobre el asunto.

jueves, abril 23, 2015

Tercer Premio en el certamen de haiku de la biblioteca de la universidad de Albacete

Ayer se falló el IX Premio de haiku que convoca la Biblioteca de la Universidad de Albacete, y he tenido la suerte de ganar el tercer premio.





¡Enhorabuena a todos los premiados!

viernes, marzo 13, 2015

Feliz Viernes!! Un poquito de marcha con Sidonie

Para entrar en calor este fin de semana, vamos a fascinarnos con una de Sidonie, que aunque tiene ya unos añitos, yo la acabo de descubrir.

 

viernes, marzo 06, 2015

Macarena: Ejercicio sobre el realismo mágico

Un 6 de marzo de hace 78 años nacía Gabriel García Marquez.

Y me ha venido a la memoria un ejercicio que hicimos hace un tiempo en el Club de Escritura La Biblioteca, en el que se trataba de imitar el estilo del realismo mágico.

Este fue mi intento, Macarena. Un personaje al que prometo, algún día, escribirle una historia un poquito más larga.

MACARENA

Macarena del Pino procedía de una larga estirpe de brujas. Curandera con plantas y ungüentos, adivinadora de pasados y futuros, agorera, celestina y hasta consejera en matrimonios envenenados, Macarena conocía palmo a palmo los entresijos de cada casa de la aldea.
Lo mismo preparaba un amarre con la menstruación de alguna muchacha inquieta de amores no correspondidos, que auguraba en los posos del café los éxitos y fracasos de algún negocio. Igual cosía muñecas horrorosas con las que complicar la vida a algún enemigo atravesado, que fabricaba amuletos contra el “mal de ojo” o contra las enfermedades venéreas. Macarena del Pino disfrutaba de su reputación, sumada a la de su madre, su abuela y su bisabuela, todas juntas, porque desde un sinfín de generaciones el don de la brujería había corrido por las venas de aquellas mujeres, y nadie dudaba de que fueran capaces de arreglar cualquier trastorno, cualquier problema o cualquier vida. Cualquiera menos las suya propia, que no dejaba de ser tan caótica y azarosa como su propios remedios.
Macarena del Pino era una mujer rotunda, de formas redondas, con los pechos y la cintura ensanchados por todos los hijos que jamás había tenido. Olía a los cientos de hierbas que recogía en el campo en cuanto despuntaba el día, y que luego hervía, colaba, destilaba o maceraba, según recetas que nunca nadie había escrito, sino que se trasmitían de madres a hijas con el ejemplo diario y la intuición que solamente brotaba en aquellas que habían nacido con el don, para envidia y frustración de las otras hijas, tías, primas o sobrinas, que se mostraban incapaces de distinguir por sus olores las dosis exactas de las plantas que había que cocer en el caldero, o que no podían ver en un puñado de piedras del río, ninguna pista que les hablase del destino de la persona que tuvieran frente a sus ojos.
Y aquel don moriría con Macarena. Después de incontables generaciones de mujeres bendecidas con la virtud de la adivinación y la hechicería, ella tenía el triste privilegio de cerrar aquella estirpe, y llevarse sus secretos bajo la tierra en el momento en que abandonase el mundo de los vivos.
Macarena vivía sola en la misma casa familiar que había sido testigo desde siempre de encantamientos y brebajes, de conversaciones con el más allá y confesiones sobre el más acá. Las paredes de adobe y cal construidas hacía más de cien años, aparecían apuntaladas cada dos por tres por palos atravesados, y tan solo el enjalbegue que ella misma les daba una vez al año, conseguía mantener el grosor y la estructura de aquellos muros retorcidos que se enmarañaban en pasillos ilógicos y habitaciones de formas caprichosas, improvisadas de repente a lo largo de los años, para albergar recién nacidos, acomodar huéspedes o retirar trastos inútiles.
Era raro verla salir de aquella casa, con la que en muchas noches mantenía largas conversaciones de vieja, recordando tiempos en los que eran muchas las voces que rebotaban de estancia en estancia. Cuando aún nacían niños en aquellas camas, porque su abuela además fue partera, y muchas mujeres preferían acudir allí para dar a luz en cuanto empezaban a abrírsele las carnes o notaban que el calor de las aguas les corría entre los muslos.
Luego llegó aquel médico estirado que alguién mandó desde la capital, y ya no permitió que las mujeres parieran a sus anchas en la intimidad de un lugar preparado por sus propias comadres, con la sabiduría heredada de miles de niños en sus brazos, y con la experiencia de cientos de partos en sus ojos. Aquel médico, que presumía de haber estudiado en una universidad tan prestigiosa, cuyo nombre en inglés nadie había escuchado jamás, amenazaba a las mujeres con desangrarse en la cama de la abuela, les hablaba de bichos que nadie era capaz de ver, pero que saltaban de las camas a las heridas abiertas y complicaban las cicatrices y las costuras.
Asustaba a las mujeres con enfermedades incurables, con hijos medio lelos o con complicaciones que nunca nadie había conocido antes. Incluso rajaba a las mujeres por la panza en cuanto palpaba a un niño atravesado, porque no tenía el valor ni la maña de la abuela para hacerlos nacer de pie, o retorcerlos desde afuera y colocarlos en su sitio.
Así nació Macarena. Con los pies por delante, después de que su abuela la hubiese girado porque venía sentada, y ni las escaleras que su madre subía y bajaba cada día, ni las cataplasmas que la abuela le puso consiguieron hacerla cambiar de postura. En cuanto la vio, la abuela supo que nacía con el don. Su madre lo había sabido unas semanas antes, cuando la oyó llorar en el vientre. Aunque no quiso contarlo a nadie, por miedo a que se torciese su destino si lo publicaba antes de alumbrarla. También supo que era una mujer desde el primer momento en que pudo sentirla, igual que la abuela lo había adivinado al encontrarla en el pasillo una madrugada, doblada contra una pared en uno de sus mareos.
─Tú estás preñada ─le dijo─ y además traes una niña.
En aquel tiempo la madre no tenía ni siquiera novio conocido, así que la noticia sorprendió tanto que corrió de extremo a extremo de la aldea, contagiando la curiosidad de familia en familia. Nunca nadie pudo sospechar siquiera quien era el padre de la criatura. La abuela jamás lo preguntó, aunque siempre lo supo. La madre ni siquiera quiso volver a recordarlo.
Macarena creció sin padre como quien crece sin ver el mar. Como nunca lo tuvo jamás lo echó de menos, y si alguna vez pensaba en él, lo hacía casi idealizándolo, pero sin sentirse diferente por ello. Alguna vez, siendo ya adolescente, pudo distinguir su rostro en la mondadura de una naranja. Tendría unos treinta años, con un bigote y una barba de color castaño, que contrastaba con el negro casi azul de sus ojos y sus cejas. En la cabeza no tenía demasiado pelo, y entre la piel rugosa de la naranja no alcanzó a distinguir de qué color lo tenía, así que se quedó siempre con la duda, porque su madre tenía prohibido sacar el tema, y nunca nadie se atrevió a importunarla con ese recuerdo.
Macarena no tardó demasiado en descubrir cuanto pueden llegar a doler los asuntos del corazón. Lo había visto desde pequeña en las mujeres que llegaban desesperadas a la casa, para pedir sortilegios que hicieran volver al hombre que las había abandonado, pociones que hiciesen a los hombres perder la razón, o hechizos para saber si las amaban realmente, o solamente pretendían que ellas les entregasen sus cuerpos. Sin embargo, no pudo comprenderlo con auténtica claridad hasta que no fueron sus sentidos los que se nublaron con esa locura que es el enamoramiento.
Ella mejor que nadie tenía a su disposición los mejores artificios para haber logrado que aquel hombre cayese en sus brazos en el momento en que lo hubiese deseado. Podría haber conjurado su espíritu en mitad de la noche y haberlo hipnotizado sin que él pudiese siquiera imaginarlo. Podría haberlo amarrado para siempre, y haberle lavado los sentidos para que no se fijase jamás en ninguna otra mujer. Incluso podría haberse preparado a sí misma algún bebedizo para olvidarlo y no volver a sentir jamás aquel deseo tan difícil de contener, que le agitaba el sueño nocturno y le apretaba el estómago cada vez que se disponía a comer.
Sin embargo no lo hizo. Por propia voluntad quiso rumiar aquel dolor en silencio. Quiso sentirlo en cada uno de sus músculos, emborracharse de celos cada vez que lo imaginaba en los brazos de otra mujer, morirse de incertidumbre cuando despertaba cada mañana con su recuerdo enredado en el camisón. Quería un amor sin artificios, sincero. Aspiraba a que él se enamorase de ella por propia voluntad, a que la descubriese entre el resto igual que ella lo había descubierto a él. Y cuando se convenció de que eso jamás ocurriría, quiso guardarle el luto a su orgullo herido, saborear el dolor con todo su amargor, sin autocompadecerse ni intentar cambiar las cosas.
Quiso sentir el desamor en toda su amplitud, con la misma intensidad con que había sentido el amor unas semanas antes. Aprehenderlo y desmenuzarlo, dejarlo entrar en su cuerpo a través de todos los poros de su piel, hacerlo evaporar a través del sudor de la fiebre, y por último olvidarlo para siempre, como quien se cura de una enfermedad que impone estigma, y se inmuniza para no volver a contraerla. Se dejó crecer el pelo durante meses, y se juró a sí misma que no se lo cortaría hasta que no hubiese limpiado de su mente la imagen de aquel hombre.
Recordó a aquellas mujeres que perdían la cabeza por el desdén de un hombre, conjuró a aquellas otras enganchadas sin remedio al que las maltrataba, o al que las engañaba reincidentemente y las trataba con desprecio por saber que estaban intoxicadas con aquel mal bicho que era el amor incondicional. Invocó a todas aquellas mujeres que en la batallas por un hombre compartido se había llegado a dejar hasta el propio orgullo, a las que habían resuelto encerrarse en su propia tristeza y no volver a sonreír durante el resto de su vida.
Y por último recordó a su madre. Y comprendió su sabia decisión de olvidar sin más, y no volver a pronunciar nunca un nombre que no merecía siquiera el ser pronunciado. Justo entonces, después de haberse purgado por dentro, decidió arreglarse por fuera y retomar su vida como si nada hubiese ocurrido.

Se cortó las trenzas que había dejado crecer durante el tiempo del purgatorio. Eran tan largas y tan pesadas que había tenido que sujetárselas en la cintura con una correa de esparto, para evitar así dolores en el cuello o desviaciones en la columna. Nunca le había crecido el pelo tan deprisa como en aquel tiempo. Y nunca volvió a llevar el pelo largo, como un símbolo más de que aquella etapa había muerto para siempre. Vendió el pelo al peso a unos gitanos en el mercado de los martes, y con el dinero que le dieron se compró dos sortijas de plata y una pulsera de abalorios. Fueron los únicos adornos que vistieron sus manos durante el resto de sus días.

miércoles, marzo 04, 2015

Mujeres que cambiaron la historia

El próximo domingo es 8 de marzo, día de la mujer.

Y para celebrarlo como se merece, el Club de Escritura La Biblioteca y el Bar-Librería La Luna, han (hemos) organizado un certamen de relatos muy especial.

Nos hemos inspirado en grandes mujeres, que a pesar de todos los obstáculos que pudieron encontrar en su camino, dejaron huella de su paso por este mundo y cambiaron la historia.




Si este domingo estás en Albacete y te apetece venir a escucharnos, no dejes de pasarte por La Luna, en la Calle Concepción, 30 y podrás descubrir a estas mujeres extraordinarias.

Y si tienes curiosidad por conocer quienes son esas mujeres, en  el blog del Club de Escritura La Biblioteca, están todos los detalles.

viernes, enero 16, 2015

Mis mujeres poetas: Safo

Desde hace tiempo ando dandole vueltas a una idea que por falta de tiempo, que no de ganas, no acabo de concretar.
Se trata de hacer un blog dedicado a todas esas mujeres que a lo largo de la historia han escrito versos, con mayor o menos reconocimiento.
Tengo en mente un buen puñado de nombres, pero como siempre, me falta la disciplina para comenzar a escribir sobre ellas con regularidad.
Por eso, para evitar que la idea, que me atrae poderosamente, acabe quedandose en el cesto de los eternos pendientes, voy a comenzar a escribir sobre ellas en este mismo blog, y si con el tiempo veo que consigo darle una continuidad al tema, ya exportaré las entradas a un espacio más específico.



Y para empezar, tengo clarísimo que mi primera mujer poeta en homenajear tiene que ser Safo de Lesbos.
De Safo decía Platón que era la décima musa. Nació en la isla de Lesbos hacia entre los años 650 y 610 A.C. en una familia perteneciente a la aristocracia.
Su obra nos ha llegado fragmentada y a través de referencias de otros autores. Se calcula que pudo escribir alrededor de 14.000 versos de los que apenas se conservan unos 600 Gran parte de su obra quedó destruida en el incendio de la Biblioteca de Alejandría, por considerarse impúdicos.
A ella le debemos la estrofa sáfica, que consigue el ritmo a través del juego con los acentos y la alternancia de vocales breves y largas en el verso. Así consigue versos de una gran musicalidad.
La poesía de Safo es intimista, y el amor, en todas sus manifestaciones, es una constante en sus versos.
Fundó la Casa de las Servidoras de las Musas, donde al parecer enseñaba a sus alumnas literatura, música, y otras artes. De sus poemas se concluye que Safo llegó a enamorarse de algunas de sus alumnas, lo que le ha llevado a convertirse en un símbolo del amor entre mujeres.
El poema más completo que se conserva de Safo es el Himno en Honor de Afrodita, diosa por la que Safo siente especial predilección.

Este es un fragmento de uno de sus poemas amorosos donde se aprecia la pasión e incluso el erotismo que imprimía a sus versos.

Igual parece a los eternos dioses
Quien logra verse frente a ti sentado:
¡Feliz si goza tu palabra suave,
Suave tu risa!
A mí en el pecho el corazón se oprime
Sólo en mirarte: ni la voz acierta
De mi garganta a prorrumpir; y rota
Calla la lengua
Fuego sutil dentro mi cuerpo todo
Presto discurre: los inciertos ojos
Vagan sin rumbo, los oídos hacen
Ronco zumbido.
Cúbrome toda de sudor helado:
Pálida quedo cual marchita hierba
Y ya sin fuerzas, sin aliento, inerte
Parezco muerta

jueves, enero 01, 2015

10 cosas chulas del 2014 que me traigo al 2015

2014 ha sido un año importante para mí, y no solamente por haber cruzado el umbral de los cuarenta años, sino por haber sido el año en que la vida me ha demostrado que, a menudo menos es muchísimo más.
El año comenzó con un cambio laboral que, aunque en un principio no fue plato de gusto, ya que a nadie le agrada que le retiren la confianza, a la larga supuso una enorme liberación tanto de energía como de tiempo libre para dedicarlo a lo que de verdad importa.
Estas son las diez cosas del 2014 que quiero mantener en el año que hoy empieza. Muchas de ellas ya las arrastraba de años anteriores, otras las he descubierto recientemente, pero todas se han convertido en importantes:

1. El yoga.
Descubrí los vídeos de Anna Silvetti por recomendación de mi hermana mayor. Llevaba tiempo queriendo empezar a hacer yoga pero mi estado físico no me animaba a acudir a clases porque ni siquiera tenía claro que pudiera seguir el ritmo de los demás compañeros. En aquel momento yo no tenía ni idea de lo que había detrás de la práctica del yoga, pero el bienestar que me ha acarreado y el conocimiento de mi propio cuerpo han sido y son impagables. Sigo siendo torpe hasta la extenuación y soy consciente de que mi flexibilidad no es algo que vaya a corregirse de un día para otro, pero he aprendido a aceptar mi condición de hoy tal y como es, y a seguir esforzándome por mejorar poquito a poco.



2. El tiempo en familia 
A veces uno no es consciente de lo que le falta y de lo importante que es eso que le falta cuando está metido en la vorágine del día a día. Una de las cosas que he aprendido este año es lo cierto que es ese dicho de que uno tiene que trabajar para vivir, y no al contrario. Pasar más tiempo en casa, haciendo los deberes del cole, jugando a las cartas o simplemente contándonos como nos ha ido el día han sido los efectos colaterales claramente más positivos de mi nuevo puesto de trabajo. Parafraseando a mi amiga poeta y sobreviviente Llanos Guillén, ahora sabemos de las cosas importantes.

3. La música
Una de las ventajas de haber descubierto tarde lo maravillosa que es la música clásica es que tengo todo un universo por explorar, y que puedo hacerlo azarosamente, como un niño pequeño ante el mundo. Comencé mis clases de piano en septiembre de 2013 y este curso continúo con la misma ilusión, y muy consciente de que esto es una carrera de fondo en la que se avanza a pequeños pasos. Pero la sensación que produce encadenar medianamente bien unos cuantas notas merecen sobradamente el esfuerzo.

4. Cantar
Lo que sí retomé en 2014 y que probablemente nunca debí haber dejado de hacer fue la costumbre de cantar. Ingresar en la Rondalla de El Pilar ha sido, una de esas cosas bonicas que te pasan de vez en cuando. No solo es divertido y libera endorfinas y oxitocina, sino que además puedes hacer pasar un rato agradable a otras personas.



5. Comer sano y hacer ejercicio
En esta sociedad imperativa con la imagen, se nos olvida a menudo un detalle muy importante que se resume perfectamente en aquel latinajo de mens sana in corpore sano
Para cuidar nuestro cuerpo a menudo es necesario ocuparse en primer lugar de sentirse bien a nivel emocional, y al revés, cuando uno se siente bien por dentro está más predispuesto a cuidarse también por fuera.
Termino este año con bastantes kilos menos de los que arrastaba cuando lo comencé, y lo más importante de todo, con una mayor conciencia de lo que como y una relación mucho más saludable con la comida. Además, gracias a un comentario de Superwoman en facebook, descubrí a Elena Malova, una personal trainer que nos hace mover el culo desde Chile con un desparpajo y una simpatía que casi te hace perdonarle el hecho de terminar las rutinas hecha unos zorros. Lo bueno es que las hace cortitas, pero como ella dice, a veces 15 minutos dandolo todo son más que suficientes.



6. Las cañas con las amigas
Poco más puedo añadir sobre esto. Son necesarias, muy necesarias. Y las quiero en mi rutina aunque sean una vez cada quince días.

7. Las nuevas y viejas redes sociales
También me gustan las cañas virtuales del whastapp y demás redes sociales. Que aunque en estos días acabemos un poco saturados con tanto meme y tanto vídeo, tenemos que reconocer que las nuevas formas de relacionarnos también suman, y que no es cierto aquello de que cualquier tiempo pasado siempre fue mejor. En absoluto.
Teneros a un click es una maravilla de la tecnología. Mantener el contacto con personas a las que se las habría llevado el tiempo si no existiese esa forma de comunicarnos habría sido una autentica pena. Y a algunas otras ni siquiera podría haberlas conocido.

8. La poesía, los recitales, El Club de Escritura
En 2014 la poesía me llevó de nuevo a Segovia, donde me volví a encontrar con poetas ya conocidos y conocí a otros nuevos. También me llevó a Sevilla, para recoger un premio y conocer a los incansables poetas de las Noches del Baratillo.
En octubre descubrí al poeta José Luis Parra gracias al homenaje que se hizo en su honor en la Biblioteca Pública de Albacete.
Con el Club de Escritura La Biblioteca hicimos nuestro recital "a la luz de la luna" en el mes de mayo y en verano volvimos a organizar el certamen de microrrelatos "Sucedió en La Feria" que quedará consolidado como uno de nuestros must literarios de aquí en adelante.
Además, tenemos un proyecto muy ilusionante para este nuevo año que esperamos poder compartir con todo el mundo muy pronto.
Que sí, que esto también me lo llevo y lo guardo en el cajón del oxígeno y las endorfinas.



9. La protesta
Aunque en este blog, por decisión personal que tomé desde el principio, no hablo casi nunca de política, quienes me conocen personalmente o por otras redes sociales saben que soy especialmente guerrillera. Que nadie piense que voy a dejar de protestar por aquello que considere injusto. Dejaría de ser yo, y por el momento no estoy por la labor.
Si algo he aprendido últimamente es que las personas que protestan son incómodas para el poder, pero no está en mi ADN ser complaciente por miedo. A veces te llevas alguna que otra bofetada, pero el placer de ser fiel a uno mismo es de lo que más relaja en esta vida. Y una ya no está para seguir acumulando estrés a lo tonto.

10. Los libros
A veces serán esos libros que casi nadie conoce y otras veces sucumbiré a los bestseller. De la biblioteca o de la librería. Relecturas. Descubrimientos de esos apolillados que acumulan polvo en alguna estantería y que ni siquiera sé como llegaron allí. Online o en papel. De autores consagrados o de mis amigos. No importa, lo importante es seguir abriendo universos y viviendo vidas.

Este es mi equipaje para empezar el nuevo año, aunque estoy segura de que a lo largo de estos doce meses habrá sorpresas, descubrimientos y muchas experiencias. Y así es como debe ser.


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